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Enfermedades y muerte de Charles Darwin

Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Inglaterra. Tuvo excelente salud, hasta su regreso, en 1836, del viaje alrededor del mundo con el Beagle. A partir de ese momento comenzó a manifestar cefaleas, palpitaciones, temblores, caries y paradentosis, catarros respiratorios, artritis, forúnculos, puntos negros en la visión, mareos, dolores abdominales, náuseas, vómitos, flatulencias, insomnio, accesos de furia, depresión y períodos de extremo agotamiento. Más allá de mejorías temporarias, estos síntomas se manifestaron durante los últimos 45 años de su vida, a pesar de lo cual pudo encontrar la entereza suficiente como para publicar 14 libros, entre ellos el genial El origen de las especies. Los diagnósticos más probables puestos a consideración por los distintos investigadores fueron un trastorno bipolar y la enfermedad de Chagas, que este ilustre personaje pudo haber contraído en Sudamérica. Finalmente, el 19 de abril de 1882, Darwin falleció muy probablemente a consecuencia de una patología vascular coronaria y cerebral. Sus restos se encuentran en la abadía de Westminster, junto a los de Isaac Newton y demás luminarias de las ciencias y el arte británico.

Antecedentes familiares

Charles Robert Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, antiguo asentamiento galés, situado en Inglaterra a unos 200 kilómetros al norte y al oeste de Londres, sobre el río Severn, y a poco más de 16 horas de recorrido en coche de caballos.

Su padre, Robert Waring Darwin, era un gigante de 150 kilos, médico prestigioso y con una gran clientela en su área de residencia.

Era una familia de médicos. Erasmus Darwin (1731-1802), abuelo de Charles, además de médico era poeta, filósofo e inventor, y asimismo Charles, su tío, era también médico.

Su madre se llamaba Sussanah Wedgwood y era hija del famoso Josiah Wedgwood, fabricante de las apreciadas porcelanas inglesas de colores azul y blanco. Sussanah era menuda, de salud delicada, y falleció a los 52 años, cuando Charles tenía solo 8. Este quedó entonces bajo el cuidado de su hermana Caroline, de 13 años, que pasó a administrar la casa. Otro hermano de Charles, Erasmus, era cinco años mayor y fue quien lo acompañaría años después a estudiar medicina en Edimburgo. Dos de sus otras hermanas se casaron con médicos.

Josiah Wedgwood, su tío materno, fue, más allá de los ya nombrados, el familiar más importante en la vida de Charles. Fue él su compañero en los viajes a Escocia, Irlanda, París y Ginebra en sus únicas salidas fuera de Inglaterra antes de la vuelta al mundo.

Después de retornar con el Beagle, Charles Darwin no salió nunca más de Inglaterra, muy probablemente debido a sus enfermedades.

Una investigación acerca de la familia Darwin arroja resultados sugestivos: el abuelo Erasmus y el tío Charles eran tartamudos, al igual que su abuelo materno y su querido tío, ambos llamados Josiah. Asimismo, los Wedgwood tenían cargados antecedentes de depresiones neuróticas y suicidio.

Robert Darwin, el padre, era una figura imponente: “El hombre más grande que jamás haya visto”, escribió Charles. Era paternal, autoritario y cariñoso, y aparentemente no permitió que se procesase adecuadamente el duelo por la muerte de su esposa. “Es un ángel que se ha ido al cielo, estará siempre con nosotros y no se hable más de ella”. Sussanah, su madre, y el hermano Erasmus tenían una salud delicada. La primera había quedado prácticamente inválida después de los sucesivos partos y su hermano mayor vivió muchísimos años permanentemente enfermo.

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Sus días finales

Charles Darwin tuvo su primer ataque cardíaco en 1873, poco después de ser publicada la sexta edición de El origen de las especies.

Se caracterizó por un cuadro agudo, rápido, y alarmante de disnea, con opresión precordial, sudoración, palpitaciones y lipotimia. En la ocasión fue asistido por el Dr. Clark, al igual que en un episodio similar, aunque más grave, acontecido ocho años después, en 1881. Este último comenzó con palpitaciones, dolor torácico importante y pérdida de conocimiento. Fue tratado con nitrito de amilo.

Los autores concuerdan en que este cuadro puede haber sido un infarto de miocardio. Ante el pesimismo de Clark respecto al pronóstico, el paciente fue trasladado a Londres para una mejor atención. Mejoró, pero pocos meses después sufrió angor pectoris, donde cada esfuerzo era seguido de dolor torácico. “Se acerca el final de mi camino”, le expresó a un amigo. Aun en esa condición tuvo fuerzas para publicar su libro sobre las lombrices y el manto vegetal en octubre de 1881. En ese período fue atendido por el Dr. Allfrie, un cirujano consultante, y por el Dr. Moxon, del Guy’s Hospital, los mismos médicos que lo asistieron en su lecho de muerte.

Finalmente, el 15 de abril de 1882 comenzó con una arritmia severa, mareos y pérdida de conocimiento. Fue tratado con opio y tres cucharaditas de whisky. La muerte se produjo serenamente a las tres y media de la tarde del 19 de abril de 1882. “No temo morir” fueron sus últimas palabras. Sir Arthur Keith, curador de Down House, expresó que en su opinión se trató de una trombosis coronaria.

El cuerpo fue transportado desde su residencia hasta la abadía de Westminster en un carro fúnebre tirado por cuatro caballos. En un ataúd hecho de roble sin pulir fue enterrado el 26 de abril a las 11 de la mañana, rodeado de sus familiares y amigos íntimos, en una solemne ceremonia a la cual asistieron el speaker del Parlamento, el alcalde de Londres, el canciller de la Universidad de Oxford, los presidentes de la Royal Society, la Geographical Society, la Geological Society y el College of Surgeons, el decano de Christ’s Church, el director del Colegio Shrewsbury y representantes diplomáticos de Francia, España, Italia y Estados Unidos.

A su expreso pedido, en su tumba, ubicada frente a la de Isaac Newton, no hubo inscripción alguna, más allá de las fechas de nacimiento y muerte.

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<div><p>Caricatura de Darwin, publicada en la revista <i>Vanity Fair</i> en 1871.</p></div><div><div></div></div>

Caricatura de Darwin, publicada en la revista Vanity Fair en 1871.

Consideraciones diagnósticas

Como ya hemos expresado, numerosos autores se han ocupado de la enfermedad crónica que afectó a Charles Darwin a lo largo de 45 años, desde poco después del retorno del Beagle en 1836 y hasta su fallecimiento en 1882.

Son relevantes los factores psicológicos, un padre tiránico y benevolente, falta de procesamiento del duelo materno, ambiente opresivo en la casa familiar, inseguridad patológica frente a las firmes convicciones religiosas tanto de la figura paterna como de su esposa y asimismo el convencimiento personal de que padecía una predisposición hereditaria a enfermarse.

Todos estos elementos provocaron en Darwin recurrentes cuadros de ansiedad patológica; como ejemplo, el eccema y las palpitaciones antes de la salida del Beagle o el complejo cuadro sintomático que manifestó al retornar y encontrarse en la disyuntiva de clasificar los especímenes y escribir un libro o dirigir su vida hacia otros horizontes académicos y laborales.

El temor al fracaso después de sus errores de interpretación respecto a los glaciares de Glenroy y la poco explicable demora en la publicación del El origen de las especies han sido repetidamente mencionados como ejemplo de inseguridad patológica, y en opinión del autor estos hechos deben ser considerados relevantes.

Este cúmulo de circunstancias autoriza a emitir la hipótesis de que Darwin sufrió una neurosis maníaco-obsesivo-depresiva, hoy llamada trastorno bipolar, que encontró su expresión sintomática en las múltiples manifestaciones digestivas con la probable presencia de una hernia diafragmática como elemento somatizador.

El Chagas ha sido repetidamente considerado como etiológicamente posible en la enfermedad crónica de Darwin. En Luján de Cuyo, Charles fue picado por una vinchuca y dado que, a menudo, la fase aguda de esta enfermedad pasa desapercibida o no se presenta, debemos considerar solamente el período crónico como responsable de sus síntomas. Allí encontrarían explicación sus náuseas, vómitos, malestar epigástrico, alivio al permanecer sentado después de comer, etcétera (por un megaesófago) y sus palpitaciones, mareos, lipotimia, e insuficiencia cardíaca por los trastornos de conducción de la miocardiopatía chagásica. De todas formas, el megaesófago es raro sin afectación concomitante del intestino grueso y los síntomas referentes a un megacolon (tumor palpable, estreñimiento pertinaz y fecalomas) nunca fueron descritos por Darwin en sus Diarios médicos ni en su correspondencia.

La progresión sintomática de los padecimientos cardíacos del genial escritor se explica más fácilmente por las consecuencias de una patología vascular, probablemente arteroesclerótica y es así que las palpitaciones fueron la expresión clínica de extrasístoles, quizá causadas por algún trastorno de conducción y acentuadas por los factores psicológicos.

A continuación surgieron alteraciones del flujo vascular al corazón, insuficiencia coronaria, que se manifestó por dolores precordiales al esfuerzo, y angustia, entidad llamada angor pectoris. Este cuadro por sí solo y acompañado por una enfermedad arteroesclerótica: de las arterias cerebrales explica las fugaces lipotimias (pérdidas de conocimiento) y los bloqueos circunstanciales de memoria.

Una insuficiencia a nivel de las arterias coronarias estuvo casi seguramente involucrada en los episodios de infarto de miocardio de 1873, 1881 y en el último de 1882, donde en ese instante fue acompañado muy probablemente por trastornos del flujo vascular cerebral que le ocasionaron ya sea trombosis o hemorragias encefálicas y la muerte.

Es esta una muy bien conocida secuencia patológica en medicina humana, sin necesidad de involucrar a la enfermedad de Chagas. Los otros diagnósticos sugeridos, tales como intoxicación crónica arsenical, narcolepsia, hiperinsulinismo diabetogénico y encefalopatía miálgica no explican la totalidad de síntomas y pueden ser descartados.

Darwin revolucionó la ciencia y a pesar de ilustres antecedentes como los de Lamarck o de contemporáneos como Wallace, su labor debe ser evaluada como un antes y un después en la historia de la biología.

El “hombre más peligroso de Inglaterra”, como fue llamado, puede ser también considerado como el Santo Patrón de la Etología, y asimismo debe destacarse como su teoría evolutiva ha permitido la creación de una nueva y apasionante especialidad, la medicina darwiniana.

Una encuesta realizada entre universidades del Reino Unido en el año 2000, con motivo de la celebración del milenio, determinó que los tres ingleses más importantes en la historia de la cultura de ese país fueron William Shakespeare, Isaac Newton y Charles Darwin. Cuarenta y cinco años de enfermedad y catorce libros, algunos de ellos de lo más importante que se haya publicado en el siglo XIX, escritos en medio de cefaleas, insomnio, dolor, náuseas, vómitos, mareos, temblor, palpitaciones y angustia, hacen decir a sir Julian Huxley, que “al igual que con Robert Louis Stevenson y Sigmund Freud, la enfermedad lo hizo infeliz y asimismo ocasionó sufrimientos a sus familiares y amigos.

Sus restos descansan en Westminster Abbey.

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Artículo publicado en Revista Médica Uruguay en 2016.

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