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"El único idioma internacional es el llanto de un niño", Eglantyne Jebb

El Día del Niño que se celebra en distintas fechas a lo largo y ancho del mundo, fue un homenaje a los millones huérfanos víctimas por la muerte de sus padres durante la Primera Guerra Mundial. Para asistir a estos jóvenes sin familia, la activista británica Eglantyne Jebb y su hermana Dorothy fundaron la asociación Save the children, cuya tarea culminó con la declaración de los Derechos del Niño por las Naciones Unidas.

Hija de una familia acomodada, Eglantyne Jebb (1876 – 1928) fue una joven inteligente, activa y dominante. Estudió en Oxford pero finalmente se dedicó a la docencia. Mientras trabajaba en instituciones de beneficencia escribió su primer libro, un estudio social sobre la pobreza en Cambridge. Durante un extenso viaje que realizó por Europa junto a su madre escribió una novela, La valla del círculo, donde critica la indiferencia de las clases gobernantes británicas ante la problemática social.

En 1913 dejó su trabajo de docente y viajó a los Balcanes para organizar tareas filantrópicas entre los refugiados albaneses (en su mayoría musulmanes).

Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Eglantyne se convirtió en una ferviente pacifista cuyas ideas difundió a través de la revista llamada “The Plough” (“El arado”) y el “Cambridge Magazine” . Personalidades como Maynard Keynes seguían de cerca sus artículos.

Junto a su hermana Dorothy crearon Save the Children Fund, cuya tarea era asistir a los niños cualquiera fuera su origen. Esta actitud les acareó una serie de problemas porque el público británico llegó a acusarlas de traidoras por recaudar fondos para alimentar niños de países enemigos. De hecho, Eglantyne fue detenida por autoridades británicas cuando repartió alimentos entre los niños hambrientos de Viena.

Gracias a su vehemencia y sólidas convicciones, la señorita Jebb logró no solo su absolución sino que también el mismo fiscal de la causa donara fondos para su fundación.

Hacia finales de 1921 existían 300 filiales de Save the Children en Europa. Gran parte del éxito de esta fundación se debió a que contrató a publicistas profesionales para difundir su campaña. Debemos tener “ideas claras… y manejarnos con la misma inteligencia que las mejores empresas industriales” era su lema.

En poco tiempo Save the Children recaudaba 400.000 libras anuales (un equivalente de 10.000.000 dólares).

Fue entonces que creó la frase que fue el slogan de la fundación. “Todas las guerras son guerras contra los niños”. En su fundación no existía distinción de política, raza o religación. “Un niño es un niño sea rojo, blanco o negro”.

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        Eglantyne Jebb.
Eglantyne Jebb.

En 1919, Eglantyne mantuvo una audiencia con Benedicto XV, quien quedó impresionado con la tarea de esta mujer a punto de consagrar el 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes, para recaudar fondos para Save the Children a través de la Iglesia. Si bien el Papa escribió dos encíclicas sobre la niñez inspiradas en el ejemplo de la señorita Jebb, la fundación también recibió apoyo de otros grupos religiosos, porque para ella “El único idioma internacional es el llanto de un niño”.

Su obra, como dijimos, no conoció fronteras y durante la hambruna que azotó Rusia entre 1921 y 1923 pudo dar de comer a más de 300.000 niños.

Gracias a este accionar logró que en 1924 la Sociedad de las Naciones aprobara la Declaración Internacional de los Niños donde garantiza la educación, la alimentación y el cuidado de los infantes y desvalidos.

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Sus esfuerzos fueron reconocidos a lo largo del mundo, como “el vaso de leche”, instituido como obligatorio en el Reino Unido a partir de 1944.

Eglantyne Jebb murió en Ginebra en 1928, año en el que debió someterse a tres cirugías consecutivas. Los poemas que nos ha dejado fueron dictados durante su convalecencia.

En 1959 la ONU decidió que debía declararse un Día Universal del Niño para conmemorar la Declaración de los Derechos del Niño, promovida originalmente por la señorita Jebb.

La fecha cambia de país en país y en el nuestro cae el tercer domingo del mes de agosto, una excelente oportunidad para recordar el esfuerzo y la perseverancia de Eglantyne Jebb y las muchas mujeres que compartieron su lucha, que no solo pretendieron regalarles un juguete a esos niños sino construir para ellos un futuro mejor.

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