Personajes1810 | 25 de mayo | Buenos Aires | Cabildo | Cisneros | España | Liniers | Río de la Plata

El último Virrey

Baltasar Hidalgo de Cisneros era un héroe español, un marino de fuste, un peleador nato, al que le tocó la poco feliz tarea de ser el último Virrey del Río de la Plata. Esta es la historia de un hombre que supo de victorias y derrotas, pero siempre fue leal a la Corona de España.

Baltasar Hidalgo de Cisneros nació en Cartagena (España), el 5 de enero de 1756. Era hijo de don Francisco Hidalgo de Cisneros y Seijas, teniente general de la Real Armada y Caballero de la Orden de Carlos III.

En 1770 ingresó a la Real Compañía de Guardias Marinas, y su primer embarque fue en el navío “San Rafael”, destinado a la costa de África.

En 1778, con el bergantín “Activa”, capturó en las costas de Cantabria, al corsario inglés “Rodney” armado con 14 cañones. Con esta hazaña ganó el grado de teniente de navío.

En 1790, con la “Santa Florentina” bajo su dirección, alcanzó el grado de capitán de navío después de haber apresado tres barcos británicos. El 1ero. de abril de 1791, como comandante de escuadrilla, participó en las operaciones de bloqueo de varios puertos de la costa de Francia hasta fin de julio de 1792.

Con el navío “Santísima Trinidad”, formó parte de la flota aliada, compuesta por 33 navíos, cinco fragatas y dos bergantines, comandadas por el almirante francés Villeneuve y el español Federico Gravina.

Por pedido de Villeneuve y con la mayor parte de la oficialidad en contra de su decisión, que consideraban imprudente, el 19 de octubre la escuadra aliada fue en busca de la flota de Nelson. El 21 se trenzaron en violento combate a la altura del cabo Trafalgar. El “Santísima Trinidad”, se batió heroicamente con la nave insignia “Victory”. El continuo cañoneo derribó el palo mayor y el de mesana de la nave española. Cuando la “Santísima Trinidad” intentó alejarse del fuego, recibió certeros impactos que le quitaron el último palo, inutilizando el timón. En esa batalla de Trafalgar, Cisneros demostró su heroísmo, pero resultó gravemente herido en la cabeza, y quedó sordo de un oído. Los ingleses lo rescataron de una muerte segura, ya que como capitán quería hundirse con su nave.

Llevado prisionero a Gibraltar, los británicos lo honraron con una guardia especial frente a la casa donde era atendido. Una vez recuperado, fue puesto en libertad, y el 9 de noviembre de 1805, ascendió a teniente general de la flota española.

Restituido al departamento de Cartagena permaneció sin destino hasta mayo de 1808, cuando llegó la noticia de la abdicación de Fernando VII. Don Baltazar fue elegido vicepresidente de la Junta de Gobierno cartagenera hasta el 11 de febrero de 1809, cuando la Junta Central de Sevilla lo nombró Virrey del Río de la Plata.

Embarcado en la fragata “Proserpina”, el nuevo Virrey llegó a Montevideo el 30 de junio. De allí se trasladó a la Colonia del Sacramento para prestar juramento, tomando posesión de su cargo el 14 de julio de 1809.

La expectativa provocada por la inicial reticencia de Liniers y de los comandantes criollos para entregar el mando, hizo presumir un desacato, aunque al final fue recibido amablemente por los ciudadanos de Buenos Aires. El Cabildo, a cargo de quien corrieron todos los festejos, preparó “tres días de convite suntuosos para desimpresionar al pueblo de las perniciosas ideas a que ha podido sujetarlo el complot de los malos servidores y peores vasallos”.

Cisneros tenía intenciones de desarmar a los cuerpos nativos y enviar a Liniers a España, pero después de una conversación con el ex Virrey no tomó tales medidas y permitió que éste se retirara a Córdoba.

En Chuquisaca y La Paz estallaron sublevaciones, que fueron sofocadas sangrientamente por las tropas al mando de Nieto (enviado desde Buenos Aires), y por Goyeneche y su ejército que dependían del Virrey Abascal.

A fin de hacer frente a los apuros del erario, Cisneros otorgó permiso de libre comercio, que fue aprovechado por los mercados ingleses, previa consulta con el Cabildo y el Consulado, quienes “a pluralidad de votos” lo aprobaron.

Seis meses después, el 13 de mayo de 1810, las autoridades de Buenos Aires tuvieron noticias de la situación creada en la Península, por la disolución de la Junta, y la proclamación de un Consejo de Regencia. Cisneros intentó mantener la situación en secreto, pero al hacerse públicas, el 18 de mayo entregó una proclama “A los leales y generosos pueblos de su Virreynato”, en la que expuso la gravísima situación de la Península, al tiempo que recomendaba a los vasallos orden y fidelidad.

Los sucesos se precipitaron y finalmente Cisneros fue depuesto por el Cabildo Abierto del 25 de mayo. El Virrey intentó rehacer su autoridad en Montevideo, pero el pueblo vecino en otro Cabildo similar, se opuso a que su plan prosperara.

Hidalgo de Cisneros permaneció en su casa hasta el 22 de junio, fecha en la que fue citado a la Fortaleza por los miembros de la Junta, con el pretexto de conferenciar sobre graves asuntos de gobierno, y con el mismo engaño fueron llevados los oidores. A las nueve de la noche se los embarcó a todos en el balandro “Dract”, con destino a España. Cisneros salvó su vida gracias a que Saavedra lo defendió vehementemente.

El 4 de septiembre, después de 74 días de penosa navegación, llegaron a las islas Canarias, donde permaneció 9 meses. Desde entonces y hasta 1813 ocupó el cargo de vocal de la Junta de la Dirección General y de Propuestas, en que se le nombró comandante general del Departamento de Cádiz.

Si bien el Virreinato del Río de la Plata había dejado de existir con la caída de Montevideo en 1814, técnicamente lo siguieron integrando por varias décadas a las islas de Fernando Poo y Annabon de la Guinea española. Por otro lado, los hermanos Pincheira era un grupo de españoles que continuaron leales a la Corona, hostigando a los gobiernos patrios hasta su derrota definitiva en 1832.

Cisneros estuvo a cargo de la preparación de una expedición punitiva para sofocar la revolución rioplatense, compuesta de 14 mil hombres al mando del Conde de La Bisbal, pero el 1ero. de enero de 1820, ocurrió el levantamiento llamado “de los constitucionales” capitaneados por Rafael Riego, siendo Cisneros detenido y encarcelado por su lealtad al Rey. Permaneció en esa situación hasta el 10 de marzo en que Fernando VII juró la Constitución y así sus seguidores (entre los que se contaba Cisneros), obtuvo la libertad.

Cisneros regresó a Cádiz, y de allí a Cartagena el 27 de febrero de 1821, alejado de toda actividad política.

En 1823, aquietados los ánimos después de que Fernando VII logró deponer a los liberales, Cisneros regresó a Cartagena, asumiendo el mando del Departamento Naval, fue ascendido a capitán general y condecorado con la Orden de Malta de San Hermenegildo.

Don Baltasar Hidalgo de Cisneros falleció en Cartagena, el 9 de junio de 1829, a los 73 años y fue enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de Cádiz, donde por una de esas coincidencias póstumas, también fue enterrado su predecesor, Santiago Liniers, conde de Buenos Aires, porque sus hijos se opusieron a que su padre reposase en tierras que le habían sido tan ingratas.

Dejá tu comentario