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El primer vuelo sobre el Canal de la Mancha

En la mañana del 25 de julio de 1909, el francés Louis Blériot se convierte en el primer piloto en cruzar el Canal de la Mancha con una máquina más pesada que el aire. A bordo del Blériot XI, diseñado por él, tardó 37 minutos en recorrer 48 kilómetros entre Francia e Inglaterra, la mayor parte sobre el mar. Ingeniero destacado, su modelo XI será uno de los principales aviones fabricados antes de la Primera Guerra Mundial.

Más de la hazaña de Bleriot

Esta mañana en Calais, aprovechando el estado tranquilo del mar, agitado solamente por una leve brisa, M. Bleriot, el audaz aviador, ha decidido atravesar el canal de la Mancha en su aeroplano.

Tras breves preparativos y un rápido examen del aparato cuyo motor estaba dispuesto para la marcha, lanzóse al aire el monoplano dando algunas graciosas vueltas y luego, enfilando derecho como una flecha, tomó la dirección de Douvres, de donde el telégrafo sin hilos comunica la feliz llegada del arriesgado aviador.

La hazaña ha producido entusiasmo indescriptible.

El vuelo sobre el Canal

París 25, 6’30 tarde.

El aviador Bleriot ha empleado 38 minutos en atravesar volando el canal de la Mancha.

Un periodista que á bordo de un contratorpedero acompañaba á Mme. Bleriot, hace el siguiente relato:

Avisado á media noche de que M. Bleriot se proponía realizar su arriesgada empresa, trasládeme á las tres de la madrugada á bordo del Escopette, acompañando á Mme. Bleriot y á M. Fournier, representante del Aéreo-club de Francia y otros periodistas.

El comandante del Escopette nos comunica su convicción de que el buen tiempo habrá de favorecer la tentativa.

A las 3’45, cuando zarpamos del puerto una ligera brisa acaricia el mar.

A las 4’13 experimentamos la primera emoción al ver el monoplano haciendo ensayos. En aquel momento sale el sol. Mme. Bleriot, de pronto exclama:

—¡Voilá le grand oiseau!

El monoplano Bleriot, en efecto, se eleva majestuosamente hasta unos 50 metros y flanquea la costa hasta cabo Blanc y Metz, lánzase sobre alta mar y ápesar de que el Escopette marcha á 25 nudos, déjanos atrás hasta convertirse en un puntito apenas perceptible y al poco rato siendo del todo invisible.

A las 4’55 ya no le divisamos.

El éxito parece ya seguro y nuestra emoción crece de punto porque estamos cerca de una hora sin noticias.

Cuando llegamos á Douvres encontramos el puerto desierto, haciéndose imposible adivinar si el audaz viajero ha llegado ó no.

Mme. Bleriot, á pesar de que se esfuerza en disimular, está emocionadísima. Mandamos un bote á tierra para adelantarnos la noticia y á poco regresa anunciándonos que M. Bleriot hace un cuarto de hora que ha llegado sano y salvo.

Cuando desembarcamos, ya en el muelle nos aguarda Bleriot: los esposos se besan emocionados; Bleriot nos abraza á todos.

M. Rene Fontaine que es la única persona que presenció el descenso del aeronauta, nos dice que eran las cinco catorce minutos. Poco después y sentados todos á una mesa del hotel Warden, el propio Bleriot relata así su viaje:

Habla el protagonista

Después de un ensayo de seis minutos, volví á tierra y entonces á una señal de Alfredo Leblanc emprendí enseguida vuelo, definitivo, puesto que subí hasta cincuenta, metros y ya una vez comprobada, la perfecta estabilidad de que podía usar, lánceme sobre alta mar. Experimentó la emoción ante la inmensidad de que estaba en inmovilidad completa.

La media hora que tardé en divisar, ó en adivinar, mejor, las costas de Inglaterra, parecióme una eternidad.

Al fin brujulée las tierras inglesas, pero no veía Douvres donde forzosamente debía apearme para cumplir las condiciones del premio. En aquellos momentos sufrí violento sobresalto; levantóse un viento algo recio y yo seguí orillando la costa inglesa en una extensión de seis kilómetros.

Finalmente, adiviné Douvres, lo vi luego distintamente; vi su puerto y su escuadra; acerquéme y descubrí su pequeña cúpula. Crucé, pues, por sobre de la población y acercándome, percibí á mi amigo Rene Fontaine, que agitaba una bandera francesa.

Entonces descendí bruscamente y al tocar tierra noté que la hélice se deformaba sin duda por lo rápido del descenso.

Poco importa esa ligera avería; ya puedo exclamar: ¡He atravesado el Canal!

Mi motor Auzani, de 25 caballos —continuó Bleriot— se ha portado admirablemente.

Después de la victoria

Bleriot permanecerá hoy en Douvres y mañana irá á Londres, donde será recibido con entusiasmo en el Daily-Mail y allí se le entregará el premio de 25.000 francos y se le obsequiará con un banquete.

Bleriot tiene el propósito de concurrir al premio de 250.000 francos instituido también por el Daily-Mail por el aviador que haga el viaje de Londres á Manchester en línea recta.

El Aereo-Club de Inglaterra ha decidido levantar un monumento en el sitio donde descendió Bleriot.

Como ahora no se habla más que del audaz hombre-pájaro no estará demás el apuntar algunos datos biográficos.

Bleriot tiene 37 años, nació en Cambrai, es ingeniero civil, habiendo debutado en el automovilismo, que dejó pronto para consagrarse en cuerpo y alma á la aviación, empleando toda su fortuna en los primeros ensayos, que, por cierto, fueron poco felices, pues costárosle muchas caídas, muchos aparatos rotos y mucho dinero.

Bleriot, partidario fanático del sistema Monoplano, comenzó su serie de éxitos recientemente en el recorrido de Etamos á Orleáns, 40 kilómetros que hizo en 48 minutos, ganando el premio de 15.000 francos y la Academia de Ciencias le otorgó el premio Osiris de 50.000 francos.

Precisamente hoy, como hemos anticipado, Le Journal Oficial publica el decreto nombrándole caballero de la Legión de Honor.—

Confirmación inglesa

Londres 25, 9’30 noche.

Hoy se ha realizado el hecho histórico de haber atravesado á vuelo el canal de la Mancha.

Bleriot, á bordo de su monoplano ha volado desde Calais hasta Douvres en menos de una hora.

A poco de haber descendido (no repetimos la descripción por haberla dado detallada nuestro corresponsal en París) salieron á saludar al arrojado aeronauta los funcionarios de la población, corresponsales de periódicos y otras muchas personas que le tributaron una ovación.

Los periódicos de Londres publican ediciones especiales describiendo la hazaña en términos muy encomiásticos.

Más del triunfo de Bleriot

Londres 26, 3’15 madrugada.

Berliot en una entrevista que ha concedido á los periodistas ha manifestado que se levantó á las tres de la madrugada, fue al hangar y principió la tentativa de viaje á las cuatro.

Hallándolo todo en orden decidió emprender el vuelo y haciendo al torpedero francés la señal convenida, el buque se hizo á la mar á una distancia de tres kilómetros y medio.

Bleriot no sabe la hora exacta en que se alzó el aparato; cree que eran las cuatro y media cuando se dirigió hacia el torpedero, á una altitud de cincuenta á ochenta metros y á una velocidad de cuarenta kilómetros por hora.

Bleriot ha añadido lo siguiente:

—En diez minutos perdí de vista las costas de Francia; durante otros diez minutos no vi tierra alguna y luego comencé á divisar las manchas blancas de las casas de Douvres. Me dirigí sobre el castillo y me halló sobre el puerto y los navíos de la flota del Atlántico, pasando por sobre el buque almirante Prince of Wals. Hacia el Este divisé un valle v un prado inmenso, en el cual decidí descender, haciendo un bonito descenso hasta tocar tierra, lo que hice con una velocidad como nunca hasta hoy.

Cuando la noticia de la llegada de Bleriot circuló por Douvres, la población en masa manifestó su entusiasmo por medio de las sirenas y valiéndose de toda clase de recursos para llamar al vecindario, el cual acudió al prado donde se había posado el aparato, con objeto de examinarlo de cerca.

Los fotógrafos hicieron cuanto pudieron por sacar partido de la escena, aunque su deseo habría sido poder sorprender el vuelo.

Algunos curiosos arrancaron pequeñas astillas de la madera del monoplano y otros dejaron escritos autógrafos en las alas.

Al rayar el alba soplaba un fresco viento del Oeste, que cruzó en la dirección del vuelo súbitamente.

El espectáculo fue emocionante fuera del puerto, desde donde se vio el monoplano volando como un pájaro gigantesco y luego descender describiendo dos vueltas antes de tocar tierra.

En el momento de apearse, pues el golpe fue algo rudo, saltaron algunas astillas de madera.

Bleriot cojeaba.

Latham, el colega de Bleriot, se disponía á partir también, pero las condiciones no eran favorables, pues el viento había arreciado.

Mme. Bleriot y algunos amigos llegaron á Douvres á bordo del torpedero francés.

Textos extraídos de la cobertura del diario La Vanguardia de Barcelona, del 26 de julio de 1909.

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