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El pintor Walter Sickert, ¿fue Jack el Destripador?

Walter Sickert y la teoría que lo acusa de ser el gran ssesino de Whitechapel.

Según la exitosa escritora Patricia Cornwell, en su ensayo del año 2001 "Retrato de un asesino. Jack el Destripador. Caso Cerrado" el horrendo verdugo de prostitutas de los tiempos de la Reina Victoria no sería otro sino Walter Richard Sickert, un aclamado pintor de la escuela impresionista, fundador en 1886 de la denominada “Nueva Sociedad Artística Inglesa” y al cual con el paso de los años se lo llegaría a reputar como el más connotado de los pintores impresionistas británicos vivientes en su época.

Esta autora, tras comentar que comenzó a sospechar de este hombre mientras hojeaba un catálogo de su obra y percibió que algunos de sus cuadros encerraban alarmantes semejanzas con las tétricas fotografías sacadas a los cadáveres de las víctimas, admitirá que no era la primera vez que alguien relacionaba al pintor Walter Sickert con los homicidios del Destripador, aunque destacaba que: “...para la mayoría de la gente esta idea era ridícula...”.

Dentro de quienes se suscribían a la imposibilidad de que el artista fuera el matador de prostitutas de la era victoriana es válido hacer mención a los especialistas Colin Wilson y Robin Odell quienes, luego de reseñar algunas opiniones en las cuales o bien se incluía a éste personaje como partícipe en un complot para dar muerte a las mujeres o, lisa y llanamente, se lo sindicaba como el concreto perpetrador de los crímenes, concluyen: “...Si Sickert estaba obsesionado con los asesinatos. Y se sabía que lo estaba... ¿Acaso esto significa que Sickert fuese Jack el Destripador? Casi seguramente no. Los artistas y los escritores pueden adquirir una morbosa obsesión por los asesinatos, pero... nunca se ha sabido que un artista cometiera un asesinato premeditado... no existe ningún indicio de que fuese siquiera capaz de matar una mosca...”.

El insigne pintor y artista plástico impresionista Walter Richard Sickert nacido el 31 de mayo de 1860 en Munich y criado desde niño en Inglaterra y que, por consiguiente, contaba con veintiocho años cuando acaecieron los homicidios de Whitechapel resultó, de atenderse a algunas versiones, vinculado de un modo u otro con estos sucesos, tal como hemos anticipado, mucho tiempo antes de que viera su publicación el libro debido a la pluma – o, mejor sería decir, a la computadora- de Patricia Cornwell al cual venimos aludiendo.

De conformidad podemos leer en el segundo apéndice del brillante comic guionado por Alan Moore: “...En el West End de la década de 1890, Sickert cenaba gracias a los crímenes del destripador. Contaba la historia, al estilo de una leyenda urbana, tal como supuestamente se la habían contado los dueños de una casa de Londres donde había vivido el artista. Estaba relacionada con el anterior inquilino un pálido estudiante de veterinaria –que–... cuando sus padres se lo llevaron de vuelta a Bournemouth, la pareja de ancianos se dio cuenta de que su inquilino era Jack el Destripador...”.

El cuento hacía referencia a una pareja de ancianos caseros que le alquilaron una habitación a un aparentemente inofensivo estudiante quienes terminaron comprendiendo que habían albergado sin saberlo al terrorífico delincuente conocido como Jack el Destripador.

Esta historia contada por el esteta en reuniones sociales a sus allegados, o a quien quisiera oírlo, llamativamente cobraría una muy fuerte repercusión.

En primer término, daría lugar a que una de sus oyentes Mrs. María Belloc Lowndes, muy impresionada por el atractivo del relato, tomara la base del mismo como inspiración para elaborar su libro “The Lodger” –“El Inquilino”–.

Este texto publicado en 1911 configuraría la inicial obra de ficción que tuvo por tema las andanzas del Destripador de Londres siendo su trama trasladada al cine en la película muda “El enemigo de las rubias” rodada en el año 1926 bajo la dirección de Alfred Hicchock.

En segundo orden, el relato propalado por Sickert habría incluso llegado a los oídos de prominentes jerarcas policiales, como el caso del Inspector Sir Melville Leslie Macnaghten, y algunos puntos de la historia se habrían tomado en especial consideración.

Concretamente, en la narración se señalaba que el estudiante de veterinaria sospechoso de ser el Destripador había extraviado en forma definitiva su razón una vez que cometiera el asesinato de Mary Jane Kelly y que sus padres vinieron a Londres a buscarlo y lo trasladaron a la ciudad de Bournemouth, de la cual eran oriundos, donde terminó recluido en un hospital psiquiátrico.

En el memorandum escrito años después de su retiro por este alto cargo de Scotland Yard se haría alusión -aparentemente gracias al relato de Walter Sickert- a que el infructuosamente buscado criminal procedía de Bournemouth que, por llamativa casualidad, constituía la localidad de origen de quien se reputase como uno de los máximos sospechosos de haber sido el asesino: Montague John Druitt.

El mencionado era un abogado de treinta y un años que se suicidó arrojándose al río Támesis al poco tiempo de acaecido el último crimen imputable al matador de Withechapel.

Sir Melville Macnaghten aseveró en sus notas que la tensión nerviosa sufrida por el homicida se le volvió insoportable una vez perpetrado el espantoso asesinato de Mary Jane Kelly y tras perder por completo el dominio de sus ya menguadas facultades mentales cometería suicidio.

De aquí que, según se observa, el propio artista se introdujo en la historia, aunque es de creer que lo hiciera en forma involuntaria.

Con el correr de los años, de ser un aficionado o estudioso de los homicidios perpetrados por el Destripador Walter Sickert pasaría a ser sindicado por algunos como el concreto causante de los mismos.

Ya antes de ello se lo involucraba en los crímenes -merced a planteos harto dudosos- aunque en condición de mero participante.

En unas ocasiones se postularía que su participación devino involuntaria porque en realidad él hubiera querido evitar los asesinatos pero aterrado frente a poderosas fuerzas que lo superaban optó por callar y no alertó a las futuras víctimas pese a saber del fatal destino que se cernía sobre éstas.

Pero, de acuerdo con otros planteamientos, el artista resultó un activo y entusiasta participante en un complot de alto nivel destinado a silenciar a unas mujeres que habían sido testigos de peligrosos secretos cuya divulgación afectaría la estabilidad de la Corona británica.

En esta última hipótesis, la función que se le asigna es la de colaborar con el asesino o grupo de asesinos que concretan los crímenes reservándosele aquí, por consiguiente, el rol de cómplice.

Probablemente la figura de Walter Richard Sickert hubiera dejado de quedar asociada con los crímenes de Jack the Ripper si no fuese por la aparición de un extraño personaje ansioso de involucrarlo en ellos.

Esta persona se presentó ante los medios de comunicación aduciendo ser hijo del natural del pintor y de Alice Margaret Crook la cual, de conformidad con la versión brindada por aquel hombre sería, a su vez, la hija producto de la unión matrimonial entre el Príncipe Albert Víctor con la plebeya católica Annie Elizabeth Crook.

El nombre del informante de tal especie era Joseph Gorman Crook, ya que su padre oficialmente era un peón de la construcción apellidado Gorman casado con Alice Margaret.

Pero él se adjudicó ante la prensa el apellido Sickert atribuyéndole, de hecho, la paternidad suya al afamado artista victoriano.

Joseph Gorman -alias Joseph Sickert-, quien también se haría conocer por el seudónimo que se había puesto a sí mismo: “Hobo” -“Vagabundo”- haría su estreno ante el público en el decurso de un programa televisivo de la cadena británica BBC emitido entre julio y agosto del año 1973 bajo el título de “The Ripper File” -El Historial del Destripador- que constaba de seis capítulos dedicados a narrar los hechos que más se conocían sobre la figura de Jack.

Cuando en esa tira televisiva se trató el tema de la extraña pintada realizada en el muro de la calle Goulston resultaría Joseph Gorman quien, oficiando de secreto consultor del programa, suministraría información culpando a los francmasones, en tanto intervino en forma directa en el último capítulo de aquella serial difundiendo por primera vez su original interpretación de la historia.

Aunque “Hobo” no configuró la única fuente a través de la cual se iría a originar la hipótesis de la invocada conspiración monárquica – masónica en los crímenes de Jack el Destripador sí demostraría ser uno de sus más entusiastas e imaginativos cultores.

Esta teoría tuvo su expresión más exhaustiva a partir de la publicación en el año 1976 de la obra “Jack the Ripper. The final solution” elaborada por un reportero del matutino East London Adventiser llamado Stephen Knight.

A este último, su periódico le había encargado entrevistar al misterioso informante o consultor que tuviera la cadena televisiva BBC para su serie de 1973 acerca de los crímenes del Destripador, y la historia que Joseph “Hobo” Gorman – Sickert le contaría le serviría de base para iniciar una investigación que, tres años más tarde, desembocaría en la impactante publicación antes mencionada.

De acuerdo con ese libro, el Príncipe Albert Víctor conocido popularmente como “Eddie” o “Edward”, a la sazón Duque de Clarence y Avondale y por el año 1888 futuro, aunque malogrado, Rey de Inglaterra -en tanto fallecería en 1892 a consecuencia presuntamente de haber llegado al estadio final de la sífilis que desde tiempo atrás padecía- se enamoraría perdidamente de una dependienta de confitería pobre y, para peor -en un imperio de religión protestante- católica.

Ambos se convertirían en amantes desde 1884 y al siguiente año la chica concebiría una hija del futuro monarca a quien darían el nombre de Alice Margaret y la cual andando el tiempo sería la madre de Joseph Gorman.

Walter Sickert interviene en el primer plano de esta trama ya que -a estar a la misma- a él se le había encomendado por cuenta de su amiga la Princesa Alexandra, madre de Albert Víctor, una suerte de educción social del joven de sangre real.

La tarea del artista, pues, consistía en hacer conocer al inexperto Príncipe la vida mundana de los cabaret, las fiestas y una amplia gama de entretenimientos que abarcaban incursiones por el bajo East End, incluido el sórdido aunque excitante distrito de Withechapel.

Sería el pintor quien -siempre atendiendo a esta proposición- le presentaría a Eddie una antigua modelo que había posado para sus cuadros, a saber: la referida Annie Elizabeth Crook de cuyo atractivo éste quedaría prendado.

La pareja se casaría casi en secreto en una iglesia católica cuya ceremonia tuvo por padrino del novio a nuestro familiar Walter Richard Sickert siendo la madrina de la novia su mejor amiga Mary Jane Kelly.

Enterada la familia real británica del desquicio en que había incurrido el nieto de la Reina Victoria se le ordenó a la Policía Secreta detener al matrimonio y separarlos a la fuerza.

El joven Edward sería amonestado por su estricta abuela y apartado de su anterior vida.

Aunque a esta altura cabría intercalar en este relato que la reprimenda -si de verdad existió- no lo asustó demasiado porque es un hecho objetivamente registrado por la prensa que el muchacho volvió a las andadas en el año 1889 cuando sería indagado junto con otros miembros de la clase aristocrática a causa del que dio en llamarse “el escándalo de la calle Cleveland” donde las autoridades policiales allanaron un burdel masculino.

Lo que si quedaría muy claro es que mucho peor que a éste le fue a la pobre Annie Crook quien terminó encerrada en un manicomio bajo el pretexto de que se trataba de una enferma psiquiátrica violenta y se la sometería, según una versión, a una lobotomía y, de acuerdo con otro planteo, a una manipulación de su glándula tiroides.

En cualquiera de ambas hipótesis el resultado habría sido su pérdida total de conciencia y su imposibilidad de constituir un peligro para la monarquía inglesa.

La niña, por su parte, sería salvada gracias a la oportuna intervención de Mary Jane Kelly quien la entregó al cuidado de los padres de su infortunada amiga.

La joven Mary emigraría a su Irlanda natal, pero las hambrunas que afectaron a ese País por aquellos años la forzarían a retornar al poco tiempo.

La necesidad la llevaría a habitar en Whitechapel y a prostituirse. Allí se haría de un grupo de amigas las cuales se convertirían con el correr del tiempo, al igual que ella, en víctimas de Jack el Destripador.

Atemorizadas por una banda de rufianes –“The Old Nichols”– que les exigían dinero bajo amenaza de muerte, Kelly les contaría a sus compañeras de oficio la historia del Príncipe, de su desventurada amiga Annie y de la bebé real, tras lo cual les sugeriría la infeliz idea de chantajear a la familia imperial con poner al descubierto la escandalosa conducta del futuro monarca.

Según una versión, la tentativa de extorsión la harían por conducto de Walter Sickert quien abrumado se lo comentaría a la Princesa Alexandra la cual, por su parte, informaría del problema a la Reina Victoria.

A partir de allí, ya sea por mediación directa de la monarca o de personajes de gran jerarquía dentro del gobierno de la época, como el Primer Ministro Lord Robert Salisbury, se recabarían los servicios del médico de la Corona Sir William Withey Gull a quien se le encomendaría terminar con el peligro representado por las chantajistas.

Este médico, a su vez, era un prominente masón y se creyó llamado a cumplir con el deber de ajusticiar a las prostitutas traidoras a la monarquía británica de forma similar a como, según el folklore masónico, se diera muerte a los traicioneros discípulos que asesinaran al fundador de aquella hermandad.

Tal vez excediéndose en su celo el renombrado galeno, quien poco antes había sufrido un ataque cerebral que perturbó sus facultades, perpetraría los odiosos crímenes haciendo gala de su sapiencia para diseccionar y se convertiría, secundado por el cochero John Netley, en el monstruo que la posteridad recordaría como el Jack el Destripador.

Como puede apreciarse, pues, la fantasía de Joseph Gorman demostraría ser en extremo fecunda.

Y también la conducta que observó luego de adquirir renombre por sus declaraciones resultó sumamente llamativa.

De tales peculiaridades da cuenta el siguiente reporte: “...una vez que fue entrevistado por el entonces joven periodista Stephen Knight, Joseph declara ser el resultado de una aventura entre Walter Sickert y Alice Margaret Crook, ya crecida, y que por aquel entonces estaba casada con un peón llamado Gorman. Joseph cuenta a Knight la historia tal como su padre se la había contado a él: Annie Crook, Cleveland Street. El bebé. Chantaje. Masones. Asesinato. Si es una invención lo cierto es que la historia de “hobo” Sickert es un trabajo de relojería suiza, y resulta ingeniosa por su incorporación de las teorías de Lees y Stowell. A Knight le encanta y al resto del mundo también. Richard Whittingon Egan escribe un prólogo completamente sorprendido. Colin Wilson declara que el libro de Knight atrajo su atención en todo momento. Y entonces algo ocurre. En un libro posterior Wilson denuncia la historia de Knight. Whittington Egan explica que su introducción era una ironía. Se da vuelta la tortilla... Mientras tanto Joseph Sickert explica a The Sunday Times que se inventó la historia... a excepción de que era descendiente tanto de la realeza como de Walter Sickert... Tras la muerte de Knight, Joseph Sickert encuentra documentos que demuestran su derecho a percibir una parte de los royalties generados por Final Solution. Se retracta de su anterior retractación... como si quisiera subrayar el tema Joseph Sickert vuelve a salir a luz en 1991, ahora en compañía del escritor Melvin Fairclough. Esta vez jura que contará toda la oscura historia que ocultó a Stephen Knight. Por lo que se ve, Netley y Gull tan sólo son la punta del iceberg. Aparentemente el Destripador era una sociedad que incluía a J. K. Stephen, Gull, lord Salisburi, Netley y Sir Randolf Churchil. El asesinato en serie se convierte en un juego de equipo. Los relatos de Joe, que son claramente ridículos, comienzan a poner a prueba incluso la credulidad de los aficionados a Withechapel...”.

Un punto que llama la atención es que aún escritores especializados en el Destripador pese a reputar a Joseph Gorman como un farsante no aclaran con el deseable énfasis que, aparte de lo fantasiosa de la versión que diera sobre la identidad de Jack, también mentía groseramente con respecto a la filiación que se atribuía.

Y es que este hombre no aportó nunca la menor prueba de que Walter Sickert fuera en verdad su padre.

En la excelente obra de Colin Wilson y Robin Odell: “Jack el Destripador. Recapitulación y Veredicto” se fustiga la fábula de Joseph Gorman.

Se destaca, entre otras cosas, que no hay evidencia alguna de la amistad entre Walter Sickert y el Príncipe Albert: “...Nos piden que creamos, ante todo, que Eddie, Duque de Clarence, se convirtió en amigo íntimo de Walter Sickert. No existen pruebas al respecto…”; pero es peculiar que parezca aceptarse sin mayores reservas la identidad que como hijo de Sickert se otorga Joseph Gorman, en tanto se limitan a referir: “...El origen de la teoría era, aparentemente, Joseph Sickert, conocido como hobo (vagabundo), hijo de Walter Sickert, el famoso pintor de la época victoriana...”, con lo cual, extrañamente, dan por sentada la filiación que se arroga tan poco fiable persona.

La circunstancia de no desenmascarar por completo a Joseph Gorman en cierta manera enreda más las cosas y perjudica a la memoria y al honor de Walter Sickert.

Podría dejar la impresión de que si un verdadero hijo suyo propalaba acusaciones tan graves algo de cierto en las mismas debería de haber.

En cambio, si se sabe que el divulgador resulta un individuo que ya desde el comienzo mintió acerca de la filiación que se adjudica poca credibilidad merecerían sus palabras.

Sin embargo, atento se indicase, en general los autores no recalcan el patente hecho de que Gorman ninguna prueba aportó de ser hijo del celebrado impresionista, sino que más bien dan por buena esta tan dudosa filiación aunque pongan en cuarentena los dichos de este personaje.

De modo que, atendiendo a estos antecedentes que se vienen glosando, si bien es cierto que Walter Richard Sickert un poco se inmiscuyó por sí mismo en la historia del Destripador, en gran medida fue enredado en la trama debido a versiones proporcionadas por terceros que, según todas las apariencias, obraron impulsados por el prosaico deseo de obtener réditos económicos aprovechando el sensacionalismo que se genera cuando se involucra a gente públicamente conocida en tan sórdidas tramas.

Sin perjuicio de todo esto, parecería un hecho comprobado fuera de dudas que el artista estaba obsesionado con las barrabasadas ocurridas en Whitechapel y que llevó al lienzo varias pinturas donde como temática cardinal se representaban a estos violentos crímenes.

Retratos que dio en titular “El dormitorio de Jack el Destripador” y “Jack en tierra” tornan manifiesto lo verídico de tal obsesión.

Están en exhibición en la actualidad -en particular en la galería de arte “Tate- algunas de sus obras pictóricas más representativas en las cuales se trasuntan sus tópicos lúgubres con mujeres desnudas yaciendo en camas de hierro y hombres vestidos en actitud acechante.

También sus biógrafos dieron cuenta de la extraña devoción que mostraba su biografiado por los hechos macabros en general y por la figura del celebérrimo asesino en serie de Londres en particular.

Empero, no le otorgarían mayor relevancia a ese dato y lo reputarían como una excentricidad y rareza atribuible a su temperamento volátil.

Si bien Joseph “Hobo” Gorman con su historieta y con su pretensión, sin ningún apoyo probatorio cierto de ser hijo natural del prominente retratista, contribuyó mucho a que el nombre de aquél quedara asociado a la historia de Jack The Ripper, por lo menos no llegó a afirmar que su presunto progenitor hubiera sido el tan temido criminal de la era victoriana.

Incluso hay algunos planteos en los cuales se admite por sus sostenedores que se trata de libertades literarias donde se es más benévolo con la figura de Walter Sickert.

En ellos en lugar de presentarlo como un cómplice de sórdidos crímenes se describen sus presuntos errores como propios de un atolondrado bondadoso.

Su buen corazón lo llevaría a intentar alertar a las mujeres que sabía habían sido marcadas para morir.

Por ejemplo, en la ya citada novela gráfica From Hell se lo podrá observar en diversas viñetas tratando de darles infructuosamente aviso sobre el inminente peligro que corrían.

De igual modo, se lo propondrá como objeto del presunto chantaje de las mujeres quienes le mandarían una carta reclamándole dinero a cambio de callar el bochorno del casamiento de Eddie y Annie así como la existencia de la bebé que por derecho propio debería ser aspirante al trono inglés.

La consternación del artista debida a no disponer el dinero requerido como pago del soborno lo determinaría a contarle la situación a su amiga la Princesa Alexandra quien- como quedó dicho- se sentiría obligada a comunicarle lo sucedido a la Reina Victoria y a partir de allí se desencadenaría el drama que haría aparecer en escena al Destripador.

También está el asunto -este sí comprobado- del lienzo ejecutado por el pintor al cual tituló “Chantaje” o “Mrs. Barrett”.

Este nombre, tan raro para una pintura cuyo contenido no es otro más que el retrato de una interesante joven luciendo un elegante sombrero de época, dio pié a especulaciones.

Se dirá que la pintura recrea el chantaje que Mary Jane Kelly y sus compañeras intentarían hacer a la Corona inglesa y dirigieran por vía de Sickert al resultar éste la única persona conocida por ellas a la cual consideraban vinculada a las altas esferas del gobierno.

Constituye un hecho verificado que Mary Kelly, quien conforme a esa historia había sido modelo y amiga del artista plástico, convivió meses previos a su asesinato con un hombre llamado Joseph Barnett.

La similitud fonética del posible apellido de la mujer retratada: “Mrs. Barrett” en vez de “Mrs. Barnett”, se llegó a considerar como una críptica alusión a Mary Kelly y al supuesto chantaje que ésta lideraría.

Pese a ello, según esta versión favorable a la persona de Sickert, éste intentaría en vano dar aviso a las mujeres dejándoles dicho a compañeras de oficio de éstas, a las cuales localizaba en bares de Withechapel, que por favor les advirtieran de la necesidad de huir del distrito en forma urgente pues enfrentaban un grave peligro.

Pero otros escritores no serían tan benignos con el impresionista.

Así, el ya citado Stephen Knight en su Jack the Ripper. The final solution, afirmará que el propio Sickert fue asimismo Jack el Destripador, en tanto las muertes no fueron provocadas solamente por uno sino por dos o más mutiladores.

A quien ofició como asesino principal de acuerdo con esa proposición; es decir, el médico imperial Dr. William Gull, cabría sumarle la colaboración letal de otros personajes como el cochero John Netley y de... ¡Walter Richard Sickert!

En el epílogo del mentado ensayo comparece Joseph Gorman quien con fingida reticencia terminará reconociendo que el pintor podría en verdad haber participado y constituir, pues, uno de los varios destripadores conjurados.

Pero en descargo de su supuesto padre aduce que es muy probable que lo hubieran obligado bajo amenaza de muerte a participar en los crímenes puesto que le achacaban que algo de responsabilidad le correspondía por no haber sabido “cuidar” apropiadamente del Príncipe Eddie.

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Texto extraído del sitio: http://pomboypombo.blogspot.com/2020/01/el-pintor-walter-sickert-fue-jack-el.html?m=1

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