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El nacimiento de la sexología y la muerte de von Krafft-Ebing

Solemos creer que fue Sigmund Freud el primero en hablar de la sexualidad pero no fue así. La publicación de "Psychopathia Sexualis" marcó un antes y un después en el estudio de las perversiones. Hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte de este profesional acaecida en 1902.

La familia paterna era católica pertenecientea la aristocracia austriaca,y a nuestro personaje le otorgaron el título de “barón” al nacer. Su padre había estudiado Derecho en Heildelberg y su abuelo materno era un famoso abogado y profesor de esta insigne universidad, con lo que no resulta raro que Krafft-Ebing iniciara, en octubre de 1858, los estudios de Medicina en dicha ciudad, a la edad de 18 años, permaneciendo en la facultad hasta su licenciatura en 1863 y posterior doctorado en el mismo año -en aquella época el doctorado consistía en un examen escrito y oral en la misma universidad -, con un estudio sobre el delirio sensitivo.

En los meses transcurridos entre la licenciatura y el doctorado acudió a escuchar las clases magistrales de Wilhelm Griesinger, en su cátedra de Zurich, y parece que las mismasfueronuna influencia decisiva en su deseo de dedicarse a la psiquiatría. Con esta idea se marchó como asistente voluntario al asilo psiquiátrico de Illenau, en el sur de Alemania, donde posteriormente fue contratado como médico entre 1864-1869.

Tras esta etapa se traslada a Baden-Baden en 1869, pero la guerra franco-prusiana (1870-1871), le obliga a alistarse durante esosaños en el ejército prusiano.

Tras la guerra es contratado, en 1872, como profesor de Psiquiatría en la reciente creada Universidad de Estrasburgo (Alsacia), ciudad ganada a los franceses en la guerra. En esta época parece que se empieza a interesar másespecialmente en losaspectos psiquiátricos legalespero en 1873 se traslada, tras obtener un nuevo contrato como profesor de Psiquiatría y Neurología,ala Universidad de Graz, en la cual va a permanecer los siguientes dieciséis años, con una gran y polifacética actividad. En aquella época se casa (1874) con Marie Luise Kissling Runz con las que tuvo tres hijos: Federico José, Juan y Margarita.

Desde 1873 hasta 1880 dirige también un nuevo hospital psiquiátrico, el de Feldhof, con 300 camas y en 1874 le adjuntan 24 camas psiquiátricas en el hospital general de la ciudad. Asimismo, en 1886 abre una clínica privada psiquiátrica, llamada “Mariagrün”.Sin embargo, 3 años más tarde se traslada a Viena.

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El autor con su esposa Marie Luise.
El autor con su esposa Marie Luise.

A finales del siglo XIX en Viena existían dos cátedras de Psiquiatría. La denominada I tenía a su cargo 150 pacientes crónicos de tipo asilar, mientras que la II tenía adscritos entre 40-70 pacientes, agudos, dentro del hospitalgeneral. Krafft-Ebing obtuvo laCatedra I en otoño de 1889, tras el fallecimiento de Max Leidesdorf yen 1892, tras la muerte de Theodor Meynert, accedió a la Cátedra II.En dicha institución se jubilóel 11 de marzo de 1902, sin haber cumplido los 62 años, al parecer por problemas de salud. Fue sucedido -al igual que había pasadoen Graz -,por el famoso Julius von Wagner-Jauregg, el primer psiquiatra que obtuvo un premio Nobel.

Su obra más famosa se titula “Psychopathia Sexualis”. Su libro no fue el primero en abordar la patología sexual, pero ha pasado a la historia por ser el más famoso de los textos psiquiátricos que muestra una clasificación y comprensión médica de diversos trastornos sexuales en una época en la que dichos trastornos estaban prácticamente ignorados por la Medicina oficial.

Por ello, a su autor se le suele considerar el iniciador de la sexología médica, si bien algunos autores consideran que Krafft-Ebing se excedió en su clasificación, con una nada desdeñable hipertrofia diagnóstica, aunque también es evidente que, en la época en que fue escrito el texto, la cultura sobre la sexualidad y el concepto depatología mental eran diferentes a los actuales.

En dicha obra se establecen, entre otros, los conceptos de “sadismo” y “masoquismo”, que tanto auge tuvieron luegoen las escuelas psicoanalíticas. En este sentido y haciendo un inciso, merece la pena señalar que Krafft-Ebing no solo se relacionó personalmente con Freud, sino que, además, atendieron -en diferentes años-a una paciente común, junto a Joseph Breuer: la famosa Berta Papenhein, que pasaría a los anales del Psicoanálisis como la famosa “Anna O”.

Cuando el estado de Berta se agravó tras la muerte de su padre el 5 de abril de 1881, dejó de alimentarse, de todas las personas de su entorno solo veía y reconocía al mismo Breuer, al que ya no relataba sino tragedias terroríficas. El 15 del mismo mes, Breuer le solicita ayuda a nuestro autor y colega suyo, quién visiblemente poco convencido de la autenticidad de los síntomas de Berta (ésta pretendía durante la consulta ignorar que estaba en la sala), quema un papel y le sopla el humo directamente al rostro de la paciente, quién furiosa la emprende violentamente con Breuer.

“Psychopathia Sexualis” fue publicada originalmente en 1886, alcanzando numerosas edicionesposteriores. Solo en Alemania se editaron diez de ellas en los catorce años que restaban para acabar el siglo XIX. El autor escribió la obra con la idea de servir de referencia forense a jueces y médicos y quería evitar que fuese difundida entre el público lego, titulándola para ello con un tecnicismo latino e incluyendo varios términos del texto en la misma lengua y con el mismo fin.

Gracias a la labor del profesor Alberto Bustos, autor de un blog titulado: “Psychopathia Sexualis. Richard von Krafft-Ebing”-citado en la bibliografía -, podemos acceder a la traducción en castellano de muchos de los casos descritos por nuestro protagonista. También parece existir una publicación -aunque asimismo la citamos en la bibliografía, no hemos podido acceder a ella -de una traducción realizada por Manuel Talensy que tiene la peculiaridad de estar prologada por Luis García Berlanga.

Otra obra importante, si bien menos famosa que la anterior, fue un texto sobre Psiquiatría general (1879) Asimismo, fue un prolífico autor de numerosos artículos sobre temas legales y forenses, aspectos donde fue más conocido y respecto a los cuales se le han censado 120 trabajos en diferentes revistas, al margen de tres monografías sobre Medicina forense, editadas en 1872, 1873 y 1875 y la principal obra, anteriormente citada. De hecho, y como se haseñalado, el objetivo principal de “Psychopathia Sexualis” era que sirviera para el análisis forensey legal de las alteraciones sexuales. Mientras vivió, pudo ver traducida parte de su obra al francés, italiano, inglés, ruso, húngaro, sueco y español, lo cual no está nada mal para las dificultades de la época. Con 45 casos clínicos en 110 páginas en su primera edición, el tratado aumentó considerablemente su volumen con las sucesivas reediciones. La séptima en 1892 contaba 192, y la duodécima en 1903, 237. Los relatos autobiográficos contados a Krafft-Ebing por parte de delincuentes que valoró él mismo personalmente forman el grueso de los casos. Perotambién incluyó casos citados por otros colegas contemporáneos tales como Ambroise Tardieu, Moreau de Tours, Charcot, Alzheimer, Moll o Lombroso.

El 22 de diciembre de 1902, pocos meses después de su jubilación, falleció en Graz,tras sufrir varios accidentes cerebrovasculares.

Apuntes sobre “la Psychopathia Sexualis”

Adentrándonos modestamente en la “Psychopathia Sexualis” (PS), encontramos tres conceptos mayores que permiten enmarcar la esfera sexual: la libido o Libido sexualis, el Neigung, y laPotentia. Estos tres ejes constituyen principios para fines tanto clasificatorios como meramente comprensivos al hilo de las sucesivas reorganizaciones conceptuales del tratado, y atraviesan cada uno la sexualidad de manera diferente, impregnando problemáticas a su vez diferentes.

La Libidodesigna la fuerza o potencia del deseo, o sencillamente el deseo de satisfacción sexual; el Neigunges la fuerza de inclinación hacia el sexo opuesto (en el caso de Krafft-Ebing es hacia la heterosexualidad del deseo), y en su defecto la fuerza de las inclinaciones perversas; finalmente la Potentiadesigna la misma potencia sexual refiriéndose al buen funcionamiento de los aparatos sexuales orgánicos. Hay distinción entonces entre el deseo, la tendencia del mismo y la potencia sexual. Esta distinción tripartita supone cierta independencia entre los tres ejes y permite un juego del que depende en gran parte la fecundidad de los análisis de Krafft-Ebing.

En efecto, la distinción entre Libidoy Neigungposibilita la irreductibilidad del deseo sexual al objeto del deseo, entre la Libidoy la Potentiamarca la independencia del deseo sexual respecto a la excitación de los órganos genitales; y finalmente entre Neigungy Potentiaimplica que la excitación sexual pueda nacer de representaciones perversas.

La fuerza de este sistema conceptual, así como su carácter operativo, proviene del hecho de que la distinción de estos tres elementos deja concebir el instinto sexual bajo una modalidad dinámica: la potencia del deseo, la potencia de su tendencia y la potencia sexual orgánica seescalonan a lo largo de un eje de intensidades, cuyas diferentes combinaciones darán lugar a un conjunto de tipos clínicos.

En ese sentido, encontramos en la clasificación de Krafft-Ebing uno de los principales principios clasificatorios de las patologías sexuales, ya que en las dos extremidades de la escala de intensidad de la libido hallamos dos de las cuatro psicopatías sexuales identificadaspor nuestro autor: en el extremo defectual está la anestesia sexual, mientras que al exceso le corresponden ninfomanía y satiriasis.

Por otro lado, el Neigung, en tanto que tendencia heterosexual normal puede sufrir modificaciones cuantitativas: desde sus primeros escritos sobre el tema, Krafft-Ebing separará las perversiones heterosexuales en las cuales la inclinación por el sexo opuesto queda conservada, de las inversiones sexuales que marcan la debilidad o ausencia de dicha inclinación. La inversión sexual la definirá como una situación patológica en la cual la inclinaciónsexual,que normalmente está orientada hacia el sexo opuesto, se encuentra atrofiada, privada de energía y “reemplazada por una inclinación para el mismo sexo”. Cuando en cambio es la Potentiala que sufre de atrofia hablaremos de impotencia sexual, en contraposición al priapismo que irá a denominar el polo opuesto de exceso

Encuanto a las perversiones, loscuestionamientos de nuestro autor giran fundamentalmente en torno a tres: el primero se centra en el grado de Neigung perverso, es decir el grado de impacto de las perversiones sobre la esfera psíquica del individuo: ¿la perversión coexiste simultáneamente con una vida sexual normal, o domina por sí sola enteramente el sujeto? La gravedad de la enfermedad dependería de la fuerza de invasión de las representaciones perversas, y ello tiene que ver obviamente con su número, pero también con el poder de excitación del que subjetivamente están provistas. La posibilidad de una terapéutica reside entonces en la permanencia de tendencias sexuales normales a las que habrá que estimular para reequilibrar el sentido hacia la excitación sexual normal, que para Krafft-Ebing es, insistamos, únicamente heterosexual. Para él, cuanto más se aleja la imaginación de tales representaciones normales, menos tienden los humanos a la realización del coito, extremo que cataloga de impotencia sexual.

El segundo cuestionamiento se focaliza en la intencionalidad del perverso: ¿en qué medida busca éste realizar sus fantasías? Todo depende de la potencia de su libido: es la estructura dinámica del instinto sexual la que empuja los perversos a buscar la satisfacción de sus deseos. Una libido particularmente viva empuja paraKrafft-Ebing hacia la masturbación, ya que es muy a menudo más sencillo para los perversos recurrir a sus fantasías antes de hacerlas realidad, masturbación que acabaría debilitando la Potentiasexual.

Ello nos conduce al tercer cuestionamiento: ¿la condición perversa puede acabar con la potencia sexual orgánica? En las primeras ediciones de la PS, el autor convierte la Potentiaen un principio clasificatorio, que le permitiría distinguir las perversiones en las cuales los sujetos conservan su potencia sexual de las perversiones caracterizadas por una impotencia sexual. Más tarde, este principio clasificatorio desaparece, aun permaneciendo como elemento fundamental de las perversiones, porque para Krafft-Ebing, el grado de potencia sexual de los perversos determina en buena medida el tipo de actos que acabarán cometiendo.

Su clínica va por lo tanto primero a dedicarse a identificar los comportamientos típicos de los perversos respecto al coito. Asimismo, las prácticas sádicas, masoquistas y fetichistas las subdivide en varios subgrupossegún su “género”, es decir, su relación con el coito, el cual depende en gran medida de la potencia sexual de los perversos. Determinar si éstos aun lo siguen practicando, en qué condiciones, si sus actos perversos lo preparan, lo acompañan, lo reemplazan completamente, o son accesorios, todo ello depende de la potencia sexual, la cual según Krafft-Ebing acaba en un estadio final de impotencia total.

En el caso de los fetichistas sin embargo, el simple hecho de manipular el fetiche es criterio suficiente para catalogar tal estado de patológico, independientemente de la capacidad del sujeto de realizar el coito o no.

Vemos pues, que la tipología de las perversiones sigue este eje de relación que mantienen los perversos con el coito, aunque este extremo no es lo más determinante. Efectivamente, más que la relación efectiva que tejen las prácticas perversas con las designadas como normales, es la posibilidad psíquica de llevarlas a cabo lo que va a ser objeto de una investigación más intensa. Para ello, hay un segundo sistema conceptual que opone potencia sexual a potencia psíquica, sistema que le permitirá al autor considerar las prácticas sexuales en una perspectiva normativa. Cierta independencia entre ambas observa Krafft-Ebing, y que implica que se pueda discernir entre goce físico y goce moral, y la salud psicosexual estaría ligada a la coincidencia de estos dos goces en la práctica del coito.

Para Krafft-Ebing, la condición sine qua nonde un coito normal desde una perspectiva psíquica, es su capacidad de “procurar una satisfacción moral”. Para cumplir esta condición, no es suficiente que la Potentiasexual esté intacta, porque “el poder del hombre de hacer el amor no es garantía de que el acto le procure realmente un goce amoroso”. Para él, muchas relaciones sexuales no serían coitos sino relaciones onanísticas, ya que “tal ilusión puede producir una sensación voluptuosa pero ésta rudimentaria satisfacción física solo es debida a un artificio psíquico, igual que en el onanista solitario...”

Para él, solo puede obtenerse el orgasmo si hay intervención psíquica, y lo que importa no es tanto la práctica del coito como el modo en el que se practica y el valor que se le atribuye: un verdadero coito satisfactorio debe poder dar placer según él, sin estar desdoblado por un trabajo imaginativo fuera de la esfera de emancipación moral a la cual debe pertenecer. Los individuos supuestamente normales sacarían una doble satisfacción física y moral del acto sexual, y ésta manera de elogiar el coito es corriente en la época de nuestro autor, formando parte de la llamada “medicina de pareja” de la segunda mitad del siglo XIX.

Descontextualizado históricamente, el discurso del autor puede remitir a una moralidad autoritaria y desfasada, en consonancia con las tesis de la teoría de la degeneración hereditaria de Morel y la política higienista de su época, y en contraposición a la teoría asociacionista de Alfred Binet que pretendía entonces esbozar una psicología de lo sexual y una psicogénesis de las perversiones.

En este sentido, si bien Krafft-Ebing se pronunció contra la criminalización y en favor de la medicalización de la homosexualidad por ejemplo, presenta ésta como una “tara neuro-psicopatológica” o un “estigma funcional de degeneración”. La propagación de la especie y la preservación de la raza son la finalidad de aquello moral en que desemboca el coito normal, y con él a lo largo de su tratado, es difícil no confundir el crimen sexual con los actos eróticos o el erotismo con la desviación, extremos que le han valido críticas contemporáneas acertadas.

TEXTO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN www.Lmentala.net

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