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El innovador de un estilo clásico

El 11 de diciembre fue declarado Día del Tango. En esa fecha, aunque de diferentes años, nacieron Carlos Gardel y Julio De Caro. La escuela decareana en el plano instrumental y la escuela gardeliana en el vocal, son modelos de interpretación de la música porteña por excelencia, hasta nuestros días.

Julio de Caro nació en Buenos Aires, en una casona de la calle Piedad (actual Bartolomé Mitre), en el barrio de Balvanera. Fue el segundo de doce hermanos, en una familia de origen italiano. Su padre, José De Caro De Sica (pariente del cineasta Vittorio De Sica), supo ser director del conservatorio de Milán. José había decidido que Julio estudiara piano y su hermano Francisco violín. Los niños trocaron los instrumentos y, mayor desafío aún a la temida autoridad paterna, se consagraron al tango, provocando una ruptura familiar. Eduardo Arolas, El Tigre del Bandoneón, apadrinó a Julio y lo incorporó a su orquesta. Más adelante, se unió con el bandoneonista Ricardo Luis Brignolo, el pianista José María Rizzuti, el bandoneonista Osvaldo Fresedo, el pianista Enrique Delfino y el bandoneonista uruguayo Minotto Di Cicco, hasta incorporarse en 1923 al sexteto del pianista Juan Carlos Cobián. Cuando Cobián, a fines de aquel año, viajó a Estados Unidos, De Caro constituyó su primer sexteto en base al abandonado por Cobián, que incluía al bandoneonista Pedro Maffia. Al fundar su sexteto en 1924 configuró un estilo propio, de una manera tan contundente, que la escuela decareana en el plano instrumental y la escuela gardeliana en el vocal, son modelos de interpretación de la música porteña por excelencia, hasta nuestros días. Gracias a su formación académica logró dotar sus interpretaciones de un atractivo indiscutible. Las versiones de su sexteto suenan como acuarelas de un Buenos Aires de casas bajas, fachadas grises, calles arboladas, jardines floridos, adoquines y antiguos tranvías. El aporte de su hermano Francisco, pianista del sexteto y artífice de algunos de los tangos de línea romántica más admirados de todos los tiempos, como “Flores negras” o “Loca bohemia”, es esencial. Demostrando una gran versatilidad, el conjunto iba y venía de la pasión de los tangos de Francisco a los paisajes y personajes urbanos de los de Julio. El bandoneonista del sexteto, Pedro Laurenz, aportó piezas inmortales como “Risa loca” o “Mal de amores”. Pero en su inmenso repertorio, De Caro no olvidó nunca a los grandes compositores ajenos a su grupo, cuyos tangos reinterpretó bajo los nuevos códigos. En 1924 grabó sus primeros discos para el sello Víctor, registrando dos tangos suyos: “Todo corazón” y “Pobre Margot”. A lo largo de 30 años grabó 420 obras, aunque algunos coleccionistas consignan haber hallado dos decenas más. El grueso de su discografía se concentra en el período 1924-1932, que se subdivide en dos grandes series: la del sello Víctor, hasta 1928, y la de Brunswick, desde 1929. En 1933, comienza a experimentar con orquestas ampliadas y nuevos timbres (vientos, percusión), pero parte de la crítica lo acusa de ¨desdibujar su mensaje¨. Julio De Caro, él mismo que se había valido en los años 20 de un curioso violín-corneta. Es sintomático que, en la década del 40 de enorme auge del tango, De Caro estuviese cinco años sin grabar. Había quedado algo marginado de la evolución del tango, tanto por su estricto apego al decarismo histórico en lo instrumental como por su dificultosa asimilación del papel central del cantor en las orquestas desde esa época. Entre 1949 y 1953, grabó 38 piezas para el sello Odeón. Esa serie constituye un valiosísimo testamento sonoro, en el que vuelve sobre grandes obras que ya había grabado con medios técnicos más precarios, e incluye algunas novedades. Notablemente, “Aníbal Troilo”, conmovedor homenaje en tango al gran bandoneonista, director y compositor. También escribió el tango “Osvaldo Pugliese”, para quien fue su máximo epígono, pero jamás llegó a grabarse, al igual que “Piazzolla”, el otro gran revolucionario del tango, a quien un visionario De Caro rindió tributo. Mas tarde, Piazzolla retribuyó con su pieza “Decarísimo”. De su extensísima obra de compositor pueden destacarse varios tangos fundamentales. Sobresalen “Colombina” (con Francisco De Caro), “Copacabana”, “Chiclana”, “El arranque”, “El bajel” (con Francisco), “El monito”, “Guardia vieja”, “La rayuela”, “Loca ilusión”, “Mala junta” (con Laurenz), “Mala pinta” y “Mi queja” (ambos con Francisco), “Moulin rouge”, “Orgullo criollo” (con Laurenz), “Tierra querida”, “Tiny” (con Maffia) y “Todo corazón”.

Julio de Caro

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