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El héroe del cine americano

Durante el transcurso de sus cuarenta años de carrera, Frank Capra dirigió algunas de las películas estadounidenses más icónicas de todos los tiempos, entre ellas, ¡Qué bello es vivir!, Lo que sucedió aquella noche y Mr. Smith Goes To Washington (aquí traducida como Caballero sin espada). Podría sonar sorpresivo que Capra, conocido por realizar las películas "americanas" más clásicas de todos los tiempos, haya nacido en Palermo, Sicilia. Y además de producir sentidas películas sobre el sueño americano, también fue un devoto director de propaganda de guerra para el Departamento de Guerra de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Frank Capra nació el 18 de mayo de 1897 en Palermo, Sicilia, en una familia de padres analfabetos. Cuando tenía seis años, viajó con ellos a los Estados Unidos. Se establecieron en Los Ángeles. Como tantos otros inmigrantes sicilianos en 1903, los Capra viajaron en el depósito de la embarcación, el ticket más barato posible. Una vez en América, el pequeño Frank se dedicó, más que simplemente sobrevivir, a tratar de abandonar la pobreza lo antes posible. Trabajó desde la escuela primaria en adelante, comenzando como repartidor de diarios. Según se cuenta, era competitivo y disputó con los otros repartidores los mejores lugares para vender. Más adelante, llevando a cabo un gran esfuerzo, Capra ganó una beca en el Instituto de Tecnología de California al mismo tiempo que sostenía varios empleos. Después de graduarse en 1918, se alistó en el Ejército de los EE. UU.

Después de dejar el ejército, Capra estuvo sin rumbo durante un tiempo hasta que convenció a alguien en San Francisco que tenía experiencia como director de cine. En realidad no tenía ninguna. Sin embargo, iría encontrando su lugar en la industria cinematográfica. Cuidadosamente fue abriéndose camino en producción, empezando desde abajo primero como ayudante, cortador de películas, asistente de dirección, escritor de fotogramas de títulos y luego escritor de bromas. Pasó por todos los oficios de la industria. Finalmente, Capra comenzó a trabajar para Columbia Pictures, que en ese momento era un estudio menor. Gracias a la serie de éxitos de Capra, en gran parte, Columbia pronto se convirtió en un estudio líder.

Una de las cosas que hizo que las películas de Capra sean un éxito fue su descripción de los Estados Unidos. Sus protagonistas fueron norteamericanos optimistas e idealistas casi en su totalidad. Los individuos fuertes generalmente usaban su poder en beneficio de personas menos afortunadas. Algunas de sus películas, como Mr. Smith Goes to Washington (de 1939 protagonizada por Jean Arthur, James Stewart y Claude Rains), al mismo tiempo que se burlan y critican la corrupción en la política de los Estados Unidos, desafían a los estadounidenses a mejorar su sistema democrático.

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Mr. Smith Goes to Washington (1939).

Cuando Capra vio por primera vez la película de propaganda nazi, El triunfo de la voluntad de Leni Rienfenstahl, en el Museo de Arte Moderno en la primavera de 1942, se horrorizó. La película fue tan poderosa y capturó el mito del nazismo alemán que Capra recuerda haber pensado: "Estamos muertos. Estamos perdidos. No podemos ganar esta guerra ".

De todas maneras, Capra se dedicó a luchar de la única manera que sabía. Se unió al Departamento de Guerra y en colaboración con varios directores prominentes, entre ellos John Huston y John Ford, comenzó a dirigir y desarrollar propaganda de Guerra. El resultado fue el documental armado en serie de siete partes, Why we Fight (Por qué luchamos), estrenado el primer episodio en 1942 y el último en 1945.

La historia de Capra no es única. Muchas familias provenientes de Europa transitaron una historia de trabajo y sacrificio. Pero el de Capra es un ejemplo muy visible de cómo un extranjero puede convertirse en devoto del país y la cultura que su familia tomó en adopción.

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Frank Capra (izquierda) y Cary Grant (atado) durante el rodaje de <i>Arsénico por compasión</i> (<i>Arsenic and Old Lace</i>, 1944).
Frank Capra (izquierda) y Cary Grant (atado) durante el rodaje de Arsénico por compasión (Arsenic and Old Lace, 1944).

El ideal y el optimismo en las películas de Capra no siempre coincidieron con la realidad de la vida estadounidense. A medida en que la Gran Depresión se fue convirtiendo en la Segunda Guerra Mundial y los estadounidenses dejaron de conmoverse por los perpetuos finales felices de Capra, él se mantuvo impasible. No fue una jugada de marketing, realmente creía en el poder del sueño americano, ¿y por qué no iba a hacerlo? Para Capra fue un sueño hecho realidad.

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