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El gaucho Molina, héroe de la batalla de Carmen de Patagones

Hombre de pasado incierto, algunos sostienen que José Luis Molina había pertenecido al Regimiento de Granaderos y otros, que estuvo en Mendoza y participó en el Cruce de los Andes. Quién sabe. Quizás sean mitos para agregar épica a su historia.

La primera noticia cierta que se tiene del gaucho José Luis Molina llegó hacia 1820, cuando se desempeñaba como capataz de la estancia Miraflores de don Francisco Ramos Mejía, tierra que éste le había comprado a los Pampas. Setenta leguas tenía esta estancia de don Pancho, ubicada al sur del Salado, por las que había pagado un precio justo.

Hombre adelantado a su tiempo, don Pancho no le hacía la guerra a los pobladores sino que los ganaba compartiendo trabajo y comida. Les enseñó a sembrar, a trabajar la hacienda y respetar sus normas, que eran conocidas como “la Ley de Ramos”.

Ramos Mejía y sus creencias

Manuel Belgrano le había regalado el libro del milenarista jesuita Manuel Lacunza, inspirando en don Pancho la idea de una próxima venida de Cristo. Ramos Mejía hacía su propia interpretación de los textos bíblicos como le había enseñado su abuela escocesa. Era su costumbre consagrar matrimonios y repartir el pan con sus manos en las fiestas. Pronto se dijo que don Pancho incurría en herejías.

El gobernador Martín Rodríguez, por entonces en guerra con la población originaria del lugar, desconfiaba de los hábitos pacifistas de don Pancho. Dejándose llevar por los rumores, el gobernador le ordenó que se presentase en Buenos Aires y apresó a los pampas que trabajaban en Miraflores.

Molina se puso a salvo pero fue testigo de la matanza. Los hombres de Martín Rodríguez degollaron a los ochenta pampas que habían apresado, a la vez que llevaban a su patrón esposado a la Capital, acusado de hereje y de “incitar a los salvajes”.

La venganza pampa

La frontera se incendió. Mil quinientos pobladores, encabezados por Molina, atacaron Dolores y la redujeron a cenizas. De regreso a las tolderías se alzaron con 140.000 cabezas de ganado. Al poco tiempo, atacaron Pergamino y se llevaron a las mujeres del pueblo que se escondieron en la Iglesia. Toda la tierra al Sur del Salado fue arrasada por malones en retaliación por los asesinatos de Miraflores.

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Obra
Obra "Cabeza de Indio" de Atilio Terragni (Museo Nacional de Bellas Artes)

Después de la muerte del cacique Ancafilú en el Combate de Arazá, los pampas empezaron a desconfiar de Molina; al igual que había traicionado a los cristianos, ahora él les era desleal. Molina se vio obligado a huir y sin tener donde esconderse se entregó al comandante Juan Cornell, un testigo privilegiado de las guerras, cuyos recuerdos volcaría años más tarde en sus memorias.

En el fuerte “Independencia”, Molina estuvo preso hasta que el presidente Rivadavia lo indultó. No solo le concedió la libertad sino que lo nombró baqueano en la división del coronel Rauch. Pocos como Molina conocían el desierto y las tolderías. Gracias a sus servicios, se rescataron 300 cautivas, muchas de ellas capturadas durante sus correrías con los pampas. Cuando la flota brasileña atacó Carmen de Patagones, Molina había sido destinado al lugar. Sin dudarlo, se convirtió en el núcleo de la resistencia. Frente a un puñado de hombres, incendió los pastizales que rodeaban al Fuerte, bloqueando el paso de los invasores. Abatidos por el fuego y las balas los imperiales debieron retroceder y huir en sus naves. Corría marzo de 1827.

Un traidor convertido en héroe

En 1830, Molina peleó contra Lavalle por más que los hijos de su antiguo patrón se habían unido a los Libres del Sur. Por sus servicios distinguidos, Rosas lo nombró coronel del fuerte “Independencia”. Murió en Tandil pocos meses más tarde. Algunas versiones dicen que su muerte fue ordenada por el propio Restaurador.

Lo cierto es que fue enterrado en Chascomús donde Prudencio Rosas le rindió honores fúnebres. Esta es la historia de un hombre acosado por las circunstancias en tiempos difíciles, en un lugar donde las lealtades cambian al ritmo de los excesos y las venganzas que asolaban las tierras al Sur del Salado.

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