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El gato del general de Gaulle

Después que los tanques franceses bombardearon despiadadamente las líneas alemanas en Flandes, sobrevino el silencio sobrecogedor que sigue a las batallas. Fue entonces cuando el joven tanquista, el capitán Charles de Gaulle, salió de su cubículo y miró los campos devastados.

Años más tarde, de Gaulle contaría como los perros vagaban entre los escombros mientras los gatos huían en grupo al paso de las tropas. “¿Qué era lo que me asombraba? –le confesó a André Malraux años más tarde– que en esta tierra tan bien planeada los perros actuarán siempre como perros y los gatos como gatos”.

El general sospechaba que los gatos le tenían miedo, hasta que a su casa llegó Grigri, un gato que, lejos de temerle, le tenía un respeto reverencial. Cuando el general, ya retirado de sus tareas, salía a pasear por los alrededores de Colombey-les-Deux-Églises, Grigri lo seguía en todo momento, no a la par como lo haría un perro, sino unos pasos por delante o atrás, estudiando al mundo con su curiosidad felina.

Por años mantuvieron esa costumbre devenida en rito, además de acompañarlo a jugar sus eternos Solitarios, que gracias a Grigri eran menos solitarios. Así, su mascota se convirtió en su mejor aliado. Cuando el general no deseaba contestar una pregunta decía: “No tiene más que preguntarle al gato” y Grigri abría los ojos paraba sus orejas y mantenía el perpetuo silencio de su especie, que muchas veces es la más elocuente y sabia de las respuestas.

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El general Charles de Gaulle y André Malraux, compartieron su pasión por la política y por los gatos.
El general Charles de Gaulle y André Malraux, compartieron su pasión por la política y por los gatos.

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