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El fusilamiento del general Juan José Valle

Luego del derrocamiento del Gobierno de Juan Domingo Perón, en 1955, fueron pasando a retiro a los miembros del ejército que se manifestaron a favor del orden constitucional. En 1956 algunos de ellos iniciaron una conspiración contra el gobierno militar. La noche del 9 de julio se produjo el movimiento liderado por los generales de división Juan José Valle y Raúl Tanco. El levantamiento de los militares rebeldes fracasó, entonces los gobernantes desataron una ola de fusilamientos. El odio y el revanchismo llegaron a extremos tales que en un basural de José León Suárez fusilaron a un grupo de civiles. También se dieron otros fusilamientos, como el del general Valle que antes de ser fusilado, el 12 de junio, escribió algunas cartas. Una de las cuales fue dirigida al general Pedro Eugenio Aramburu que, de facto, ejercía la Presidencia de la Nación. Allí, con gran claridad, Valle dice: “Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado… para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta… con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo… desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos”.

Valle le marca a Aramburu que entre su suerte “y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan”. Con claridad anuncia que “…ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones”. También le señala que más allá de las mentiras que podrían decir acerca del movimiento que había liderado, la “…proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones, templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria.

Nosotros defendemos al pueblo”. Otra carta que dejó el general estaba dirigida a su hija. La reproducimos en un cuadro separado.

El valor del general Valle y sus seguidores siempre debe ser recordado. Nuestra ciudad de Villa María, el 25 de julio de 1973, aprobó una ordenanza que designó con el nombre de este hombre a la calle que “partiendo del puente J.B. Alberdi, llega en su extremo norte a la calle San Luis”. Tiempo después, durante la dictadura cívico-militar desaparecedora de personas, nombró esa calle de otra manera. Luego del tiempo que llevamos en democracia, alguna vez desde el Estado local se organizó una muestra de fotos de cuando Aramburu visitó la ciudad, pero nunca se ha regresado el nombre de Juan José Valle a esa arteria vial de la ciudad. Esto sería mucho más justo con la memoria de quienes pretendieron recuperar el poder para el pueblo.

Carta del general Juan José Valle a su hija

Querida Susanita:

Sé fuerte. Te debes a tu madre. Sé muy compañera de ella y ayúdala a pasar este triste momento. No te avergüences de tu padre, muere por una causa justa: algún día te enorgullecerás de ello.

Te deseo muchas felicidades en tu vida, y algún día a tus hijos cuéntales del abuelo que no vieron y que supo defender una noble causa. No muero como un cualquiera, muero como un hombre de honor.

Ni siquiera puedo darte el beso de despedida, hasta eso los hombres me han negado. Pero desde el fondo de mi corazón te mando toda la ternura y el idolatrado cariño que te tengo, hija querida. Desde el más allá velaré por ti; y en los momentos difíciles de tu vida que deseo sean pocos, recurre a mí, que estaré como siempre para defenderte.

Te pido nuevamente que veles por tu mamita. Sé su mejor compañera y que también sea tu mejor y segura consejera. Mi chiquita, tené valor y da el ejemplo de entereza que honra nuestra sangre. Nuestro honor no ha sido manchado jamás y con orgullo puedes ostentar nuestro nombre. Mi linda pequeña, trabaja con fe en la vida y en tus fuerzas.

Sólo traiciones y venganzas me llevan a este fin, pero no quiere dejarles ninguna amargura y Dios será misericordioso y velará siempre por ustedes.

Cuida mucho a mamita. Ella es muy buena y debe estar a tu lado por mucho tiempo más, para que con la resignación recobren la felicidad que hoy se pierde.

Susanita, te quiero y siempre cuidaré de ti. En estos papeles están todos mis besos que hubiera deseado darte, mi linda, coraje y a luchar con la frente alta en la vida.

Que Fofy sea bueno contigo, eso es lo que a él le pido.

Adiós, querida, besos y muchos cariños de tu papito que siempre te ha adorado.

Papito

Texto extraído de https://www.eldiariodelcentrodelpais.com/2016/06/12/60-anos-del-fusilamiento-del-general-juan-jose-valle/

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