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El Eternauta, un héroe para todos los tiempos

Hace poco más de sesenta años, hacía su aparición El Eternauta, probablemente una de las historietas más reconocidas de la época de oro del medio. A lo largo de todo este tiempo, ya sea por su impacto ideológico, producto de las relecturas políticas de diferentes épocas, o por su aspecto tan icónico, la historieta de Oesterheld y Solano López subsiste como uno de los productos culturales más importantes de la Argentina.

En El Eternauta, Juan Salvo, reunido con sus amigos en un chalet de Vicente López, es sorprendido por una misteriosa nevada mortal. Este extraño suceso no es más que el preludio de una invasión extraterrestre, que pondrá en peligro a todo el planeta y que terminará obligándolo a tomar acción y, eventualmente, a verse condenado a viajar por el espacio y el tiempo eternamente, buscando a su familia.

La historia de Juan Salvo, aparentemente una simple historia de ciencia ficción, se ha vuelto un clásico de la historieta argentina, al punto que el día en el que hizo su primera aparición fue declarado como el Dia de la Historieta. Lejos de su posterior canonización y conocido uso político, sin embargo, los orígenes de El Eternauta fueron bastante menos épicos de lo que la magnitud de su importancia pareciera indicar.

Corría el año 1957 y Héctor Germán Oesterheld, quien recientemente se había separado de la editorial Abril, comienza a formular su propia empresa: la editorial Frontera. Este proyecto, desde sus inicios, se presentaba como revolucionario. Con la idea de dar un lugar a la producción nacional de historietas para adultos de calidad, Oesterheld apostó por la creación de dos revistas, Hora Cero y Frontera. Ambas comenzaron a circular en marzo de 1957 y fueron éxitos instantáneos. Parte de este interés se debió a que los guiones que Oesterheld escribió para ellas junto con su hermano Jorge eran muy diferentes de lo que se venía publicando. Estos incluían personajes complejos, con matices, y, quizás más importante, en muchos casos trasladaban historias de géneros como el western o la ciencia ficción a los paisajes locales, generando una sensación de identificación más intensa con la trama. Por primera vez, además, se daba un lugar importante a los guiones de calidad acompañados de los dibujos de los mejores artistas de la época, como Francisco Solano López, Carlos Roume, Alberto Breccia, Hugo Pratt y Daniel Haupt, entre muchos otros.

En este contexto de renovación, como una más entre otros clásicos como Ernie Pike o Sargento Kirk, apareció El Eternauta. De acuerdo a Solano López, quien sería su dibujante, Oesterheld le preguntó en qué tenía ganas de trabajar y él le dijo “Haceme una de ciencia ficción realista”. El guionista tenía la idea de hacer algo inspirado en Robinson Crusoe, historia que lo había fascinado desde chico, e imaginó la situación con la que empieza El Eternauta: un hombre de clase media del Gran Buenos Aires que de repente se ve atrapado y obligado a tomar acción contra una invasión extraterrestre.

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Francisco Solano López.
Francisco Solano López.

Basadas en esta idea inicial, las primeras páginas de la historieta aparecieron en el primer número de un nuevo medio de la editorial, Hora Cero Semanal, el 4 de septiembre de 1957 y fue un éxito. Semana a semana, la historia se fue desarrollando a modo de folletín, incluyendo muchos de la imaginería conocida de las películas de género de la época y reajustándose de acuerdo al suspenso que se quisiera generar en el lector. Así fue que, a lo largo de 105 semanas, se gestó esta historia de “cascarudos”, “manos”, “gurbos” y “hombres robots” – todos dominados por los invisibles “ellos” que buscaban subyugar a todas las criaturas del universo – y de los hombres determinados a luchar contra ellos.

A pesar de su éxito sostenido, para cuando terminó la serie en el año 1959, sin embargo, la experiencia de Frontera parecía estarse agotando. Los historiadores “oficiales” y apólogos de Oesterheld, Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain, han afirmado que el fin de la editorial se venía anunciando por cuestiones de la coyuntura. En sus versiones del fin de Frontera, los artistas asociados a la editorial de repente se vieron tentados por los mejores precios de Europa, la venta de revistas pirateadas fue un obstáculo insalvable, y la emergencia de las llamadas “revistas mexicanas”, que aunque eran más baratas y llamativas, eran de peor calidad, representó una competencia desleal. Con todo esto en contra, arguyen, por supuesto que un proyecto como Frontera no podría sobrevivir. En contraposición, algunas investigaciones más recientes, como las conducidas por Iván de la Torre apuntan a que el cierre de la editorial se produjo, en principio, por la incapacidad de Oesterheld para manejar su negocio y cumplir con sus empleados. Parece que era tal la deslealtad que existía en Frontera, que Carlos Vogt, artista asociado al proyecto, llegó a afirmar que “si Oesterheld no hubiese sido un mártir del mundo de la historieta, se lo recordaría como uno de los más hijos de puta del medio”. Sea cual sea la explicación, lo único que se puede asegurar es que en 1961 Oesterheld cedió los títulos de la editorial a la Editorial Emilio Ramírez en concepto de pago de deudas.

Con Frontera cerrada y los dibujos originales de Solano López en manos de otra editorial, sin embargo, el trayecto de El Eternauta al olimpo de la historieta apenas comenzaba. En lo que sería un largo camino a su canonización, se podría decir que el segundo gran momento de la historieta se produjo en 1969, cuando empezó a salir semanalmente en la revista Gente. Este revival, sin embargo, ya empezaba a marcar una distancia con la historia original de Juan Salvo, empezando por que quien la dibujó ahora fue Alberto Breccia. Esta transformación visual, más “cruda” para muchos, vino acompañada, además, de una de orden más ideológico. Oesterheld, quién ya había comenzado su tránsito hacia la radicalización política, reescribió el guion en un tono más explícitamente de izquierda, agregando, por ejemplo, una negociación de paz entre las potencias del norte y los invasores a cambio de Sudamérica.

La aparición de una tira tan politizada en un medio masivo como Gente, especialmente en un contexto dictatorial, no cayó del todo bien en la dirección y, con la excusa de que los dibujos de Breccia eran “demasiado oscuros”, decidieron limitar su publicación. El primer paso hacia una lectura puramente política de El Eternauta, sin embargo, ya estaba dado.

En la década del setenta este camino se profundizó con la publicación, por primera vez, de las tiras originales completas en el año 1975. Esta edición estaba precedida por un prólogo en el que Oesterheld hacía hincapié en la idea de que el héroe de su historieta era un héroe colectivo, algo que redimensionaba el texto de 1957 y alentaba una lectura desde un “nosotros” contra los “ellos” invasores. A esta experiencia, impulsada por Alfredo Scutti y Alvaro Zerboni de Ediciones Record, le siguió la publicación de El Eternauta II en 1976 en la revista Skorpio. Para ilustrar esta historia, normalmente descripta como “montonera” o “ultrapolitizada”, volvió Solano López, aunque no con el mismo entusiasmo de antes. Considerando que lo que había escrito Oesterheld, en esa época ya militando en Montoneros, era una ficción revolucionaria apenas disfrazada, según sus recuerdos, él se resignó a participar, aduciendo que como un profesional no podía dejar las cosas a la mitad. Reconoce, sin embargo, que para él en esta nueva historia los personajes originales se desdibujaban demasiado y que ya no los sentía auténticos.

El camino que seguiría Oesterheld personalmente luego de esta experiencia, abandonando el trabajo intelectual para abrazar de lleno la guerrilla y luego ser desaparecido con sus cuatro hijas en abril del ’77, fue central en las relecturas de El Eternauta que se realizaron a partir de entonces. Aún hoy, prestando atención a como el texto circula, a veces ignorando las condiciones de producción de la obra original, se puede ver que la figura de Oesterheld, enaltecida por su condición de desaparecido, se ha fusionado con la de Juan Salvo. Aquél, según estas lecturas, no sería menos que un héroe como los tantos que concibió en sus historietas.

Esta dimensión épica que se dio tanto a Oesterheld como a su obra, ha hecho de El Eternauta el símbolo político por antonomasia. De más está decir, que este es un símbolo que se resignifica constantemente, aunque siempre esté asociado a la idea de la lucha o la revolución. Así es que reapareció inicialmente en la crisis del 2001 – siendo utilizado por organizaciones de izquierda en protestas y en pintadas callejeras junto con la palabra “resiste”. Pero probablemente su uso más representativo en la actualidad sea el que se le dio a partir del año 2010, cuando se publicitó un acto de la juventud peronista en el Luna Park con la imagen de Néstor Kirchner vestido de Juan Salvo (en este caso, sin su característico rifle), imagen conocida hoy como “el Nestronauta”.

Como el protagonista de una simple historieta o como un ícono político, lo cierto es que el personaje creado por Oesterheld y Solano López se ha transformado en un ícono inseparable de la cultura argentina.

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