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El espectro amigable: La larga y ecléctica vida de Vincent Price

Ícono del género de horror, el actor estadounidense Vincent Price supo llevar adelante una existencia que le permitió huir de las etiquetas. Ya fuera como intérprete de teatro, de cine, de televisión, coleccionista de arte, cocinero, jardinero o personalidad de radio, parecía que no había nada por lo cual él no se interesara.

En el mundo del entretenimiento es muy común encontrarse con íconos, figuras que nos resultan únicas e irrepetibles por poseer ese cierto algo – elusivo e indefinible – que hace que se destaquen. Piénselo. Todos somos capaces de reconocer a Fred Astaire por la forma en la que bailaba, a Frank Sinatra o a Judy Garland por su talento para el canto o a Elizabeth Taylor por su belleza. Pero si nos atenemos a considerar como elemento de distinción algo tan difícil de definir como una voz, un tono, o una cadencia, realmente no hay demasiados personajes que hayan trascendido tanto en este nivel como Vincent Price.

Recordado, sobre todo, por su relación con el género de terror, pensar en él es pensar en científicos locos, en personajes bizarros y en narraciones espectrales. Y, aún así, puede llegar a sorprender que haya hecho muchísimo más que una serie de películas clase B memorables. Ya con sólo pensar en el lugar del que venía uno puede empezar a entender a Price en su complejidad. Él había nacido en 1911 en St. Louis, Missouri en el seno de una familia privilegiada de industriales – su abuelo había sido un pionero en el desarrollo del bicarbonato de sodio y su padre era el dueño de una fábrica de caramelos. Naturalmente, con tales antecedentes, no llama la atención que se educara en las mejores escuelas, que se lo expusiera a la alta cultura y que, eventualmente, desarrollara un refinado interés en las artes visuales que lo llevó a estudiar Historia del Arte en la Universidad de Yale.

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Para 1933, cuando obtuvo su título y partió a Inglaterra a obtener su maestría en el tema, sin embargo, el rumbo de su vida se vio alterado. Price había descubierto el teatro y, una vez que lo hizo, no hubo vuelta atrás. Así fue que, en estos años iniciales de su carrera actoral, mientras estuvo en Inglaterra participó de varias obras con gran éxito y rodó algunas películas entre las que se destacó Laura (1934) de Otto Preminger. El triunfo en la gran pantalla, no obstante, parecía eludirlo. Por lo menos, en tanto que, si nos concentramos en la producción cinematográfica de Price en estos años de la década del treinta, encontraremos una multitud de roles secundarios que, cada vez más, lo fueron instalando como un actor de reparto al cual acudir cuando hacía falta una interpretación más “oscura”.

Su verdadero éxito, no sorprenderá, llegó de la mano de la radio. En este medio, el más popular de la época, Price encontró un lugar en el cual hacer amplio uso de su voz tan característica. Actuaba, narraba, presentaba… para todo lo que hiciera falta, él se mostraba absolutamente dispuesto a cooperar. Así, pronto encontró su nicho como intérprete en historias de terror que se emitían por el éter.

Aún hoy, una rápida búsqueda en Internet ya arrojará resultados que nos permiten seguir la trayectoria de Price en este medio durante cinco décadas, alcanzando su mayor esplendor en su propio programa para la BBC, The Price of Fear (1973). Pero, más allá de eso, para la década del cincuenta esta identidad asociada al género también impactó en su imagen como actor cinematográfico. Terror en el museo de cera (1953) – la primera película en 3D que logró entrar en el top 10 de las más taquilleras ese año – fue mucho más que una simple treta publicitaria para tratar de sacar a la gente de sus casas y alejarla de sus televisores. Price, por primera vez, tuvo un rol prominente en una película exitosa y, con esta experiencia, sentó las bases para lo que sería su carrera posterior.

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Rápidamente vinieron El mago asesino (1954), La mosca (1958), Mansión siniestra (1959) y la seguidilla de películas que adaptaban cuentos de Poe hechas en colaboración con Roger Corman para AIP: La caída de la casa de Usher (1960), El pozo y el péndulo (1961), Cuentos de Terror (1962), El cuervo (1963) y La máscara dela muerte roja (1964). Estas últimas, especialmente, contribuyeron enormemente a crear la imagen “camp” de Price, esa de la actuación exagerada, afectada e intensa que no siempre agradó a los críticos. Percepción que, de más está decir, no era compartida por el público ni por la gente de la industria. Famosamente Price era un caballero dispuesto a atender con cariño a los fans que se acercaban a él asiduamente y, tan generoso era con su talento, que era normal que se ofreciera a hacer trabajitos de narración de forma gratuita para producciones de muy bajo presupuesto.

vincent price
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Por si esto fuera poco, en la década del sesenta el actor diversificó su abanico interpretativo y también exploró las posibilidades de la televisión. Famosamente, se transformó en una de esas personalidades que siempre aparecían invitadas en series famosas como Daniel Boone, El agente de CIPOL, Superagente 86 y Batman, en la cual adoptó el rol recurrente del villano Egghead (Cabeza de Huevo).

Además, en estos años Price también pudo combinar con el entretenimiento otra de sus grandes pasiones: la cocina. Quienes lo conocían, aseguraban que él era un chef de primera y que las veladas pasadas en su hogar siempre eran garantía de un fabuloso festín. Con estas credenciales, Price y quien ya para entonces era su segunda mujer, Mary, elaboraron cuatro libros de cocina a finales de los sesenta e inicios de los setenta que fueron absolutos best sellers. Tan bien le fue en este sentido que, en 1971, la cadena de televisión inglesa ITV le produjo su propio programa de cocina, Cooking Price-Wise, al que luego se sumaron discos (más tarde editados en un set de 12 casettes) dónde Price explicaba distintas recetas con su característico estilo del humor irónico.

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Uno pensaría que, con una carrera como esa, como les pasó a tantos otros, a esa altura el actor ya habría estado agotado o habría perdido su relevancia, pero Price era imparable. Con un verdadero amor por su trabajo y con un muy buen agente que hizo lo posible para que no se transformara en una reliquia, a finales de los setenta el intérprete encontró una nueva vida en el mundo de la música. Aprovechó su estatus como estrella de culto del horror y, de este modo, llegó a grabar una intro en el mejor estilo Price para el tema “The Black Widow” de Alice Cooper y, la que probablemente sea su grabación más famosa, una suerte de rap para “Thriller” de Michael Jackson.

Vincent Price Performs The Thriller

Así, finalmente, llegamos a la década del ochenta con un Price que estaba – por decirlo de algún modo – como quería. Nunca había caído en desgracia, se había mantenido activo y, sorprendentemente, todavía tenía ganas de actuar. Quizás por eso, en estos años lo encontramos trabajando en proyectos que le interesaban, como la serie Mystery!, que presentaba en PBS, y, sobre todo, ofreciendo su voz para el mundo de la animación, tal como atestiguan su paso por Scooby Doo en 1985 y por el largometraje de Disney Policías y ratones de 1986.

Ya agotado físicamente, padeciendo un cáncer de pulmón producto de años de consumo de cigarrillos, en 1990 tuvo el que sería su último gran rol como el inventor en El joven manos de tijera de Tim Burton. Ésta última película, en cierto modo, no habría podido ser un mejor corolario para alguien que como él había tenido un inmenso amor por el cine y, a su vez, había sabido dejar su marca en el medio. Como es sabido, Burton pretendía que el personaje que debía encarnar Price tuviera una mayor presencia en la trama, pero cuando notó lo debilitado que estaba el actor, prefirió reescribir la película a cambiarlo, pues consideraba que ésta presencia era el mejor homenaje que podía hacerle.

prince manos de tijera

Tras haber aparecido en noventa películas, acumulado más de 200 créditos actorales y haber triunfado en los medios más diversos, Vincent Price falleció el 25 de octubre de 1993 a los 82 años. Aún si había desaparecido físicamente, su nombre y su talento lo sobrevivieron y, aún hoy, cualquiera que esté expuesto a sus inconfundible y espectral voz podrá sentir el cosquilleo de lo familiar.

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