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El asesinato del ingeniero Meano

El arquitecto italiano Víctor Meano, responsable del edificio del Congreso Nacional y parte del Teatro Colón, no llegó a ver terminadas sus obras. Murió asesinado en su casa de Rodríguez Peña 30, barrio de San Nicolás, en junio de 1904.

En la mañana del 1ero de junio de 1904, el arquitecto italiano Víctor Meano salió de su casa en la calle Rodríguez Peña 30, casi Rivadavia para supervisar la obra que comenzara diez años antes con Francisco Tamburini, el Congreso de la Nación.

La obra había quedado a su cargo después de la muerte de su socio, y se había convertido en una obsesión.

Durante la ausencia del arquitecto, un amigo había visto a Catalina, la criada, abrir la puerta del domicilio a Carlo Passera, ex empleado del matrimonio. Víctor Meano alertado de la situación regresó a la casa de Rodríguez Peña con fundadas sospechas del motivo de la furtiva visita.

Víctor Meano encontró al visitante y a su esposa en el piso superior, otra sorpresa recibió el arquitecto al comprobar que Carlo tenía puesta ropa suya, inmediatamente se desencadenó una acalorada discusión que finalizó con el disparo que le quitó la vida al dueño de casa.

El escándalo atrajo la atención de un agente de policía, que luego de un confuso episodio y ante la escena con el cuerpo de un hombre mal herido, no pudo impedir la huida del agresor.

Días después, Passera se presentó ante el juez de instrucción acompañado de su abogado, el doctor Torino, y relató su versión de los hechos, diciendo que se había defendido del ataque el arquitecto; aseguraba también que el arma homicida pertenecía a Meano. Una investigación de la justicia logró descubrir que el arma había sido empeñada y que el propietario era el ex empleado. Esa prueba y las cartas pasionales que se cruzara con la viuda del arquitecto halladas en su domicilio, echaron luz sobre lo sucedido la fatídica mañana del 1ero. de junio.

Este asunto conmovió a la opinión pública por las circunstancias del hecho, lo que dio lugar a una actuación judicial. La instrucción terminó el 10 de junio, incriminando a Carlo Passera por homicidio, y a Luisa Fraschini por encubrimiento o complicidad.

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La Sociedad Central de Arquitectos invitó a acompañar los restos de su prestigioso asociado, y en el cementerio de la Recoleta pronunció una conceptuosa oración, el secretario de esa entidad N. Jaeschke, por no haber podido asistir su presidente, el arquitecto Andrés Christophersen.

El crimen de la calle Rodríguez Peña

Pocos meses después del asesinato del arquitecto italiano Víctor Meano, la residencia de la calle Rodríguez Peña 30, que fuera escenario del crimen, volvió a cubrirse con las sombras de la muerte.

Un gentío se apiñaba en las puertas de la casa ocupada por la señora Luisa Franchini, viuda de Meano, comentando agitadamente las noticias que circulaban referentes al drama sangriento que acababa de desarrollarse.

Dos ambulancias de la Asistencia Pública llegaron en seguida, con médicos y elementos de curación llevándose a poco, en el interior de una de ellas, el cadáver de un hombre.

Gaspar Pecchio, sirvió en casa de los esposos Meano, hasta que fue despedido con escusas de un viaje de sus patrones a Europa. De regreso en Buenos Aires, no fue repuesto en su empleo, hasta que enviudó la señora Meano.

Los demás empleados observaron que el comportamiento de Pecchio dejaba algo que desear, lo que puesto en conocimiento de la señora, hizo que ésta lo despidiera el 19 de julio último. Pecchio dijo que no saldría de la casa sin haber hecho antes algo que les dejara allí un recuerdo imperecedero, insinuando una venganza.

Tres días después, escribió una carta a la viuda de Meano, pidiéndole un certificado de buena conducta, que ésta hizo redactar a su cochero Gay. Pecchio le escribió entonces al cochero una carta en la que le decía que lo esperaba en la esquina San Martín y Tucumán, de nueve a nueve y media de la mañana, con lo cual logró que saliera a esa hora de la casa, dejándole completamente libre la entrada. Ingresó en la casa de la viuda de Meano y ésta lo increpó por su proceder, entonces Pecchio la amenazó de muerte. La señora Franchini alarmada, llamó a la policía y su agresor escapó rápidamente.

Utilizando el mismo engaño, Pecchio volvió a la casa de su ex patrona. Encontró a la señora de Víctor Meano en su dormitorio. Ésta le impuso que se marchara en el acto, y Pecchio, cerrando la puerta accionó tres veces el gatillo del revolver que esgrimía sin que saliera ninguna bala. La señora, aterrorizada, intentó escapar a tiempo pero fue herida en un brazo, cayendo en el acto desmayada. El agresor se acostó sobre el lecho, descerrajándose un balazo que le atravesó el paladar, produciéndole una muerte instantánea.

En sus ropas se encontraron dos cartas: una dirigida al comisario de la sección y otra a su hermano, Pedro Pecchio en la que se despide de él. Pedro en algunas ocasiones acompañó a su hermano a la provincia de Buenos Aires, donde se ocuparon de trabajos agrícolas.

Ha declarado el aludido que pocos días antes del acontecimiento dramático él tenía preparado un anónimo dirigido a la viuda y en el que le aconsejaba que no recibiera en su casa a Gaspar, pues éste tenía trastornada la cabeza, la herida de la viuda no resultó ser de gravedad.

El juez doctor Gallegos, inició el sumario desde el primer momento.

Todos los sirvientes de la casa concuerdan en declarar la culpabilidad del suicida.

Al hacer la autopsia del cadáver, se notó que las ropas interiores que vestía llevaban las iniciales del ingeniero Meano.

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