Historia

El Álamo

William Faulkner decía que todo niño sureño alguna vez deseó estar en la carga de la brigada Pickett, durante la batalla de Gettysburg. Muchos niños norteamericanos alguna vez soñaron en resistir junto a William Travis y James Bowie en la batalla de El Álamo.

Desde 1835 un grupo de colonos americanos liderados por Stephen Austin, Samuel Houston, William Travis y James Bowie, se levantaron contra el gobierno centralista del general Antonio López de Santa Anna con la intención de separar el Estado de Texas. La muerte de un colono a manos de un soldado mejicano precipitó los acontecimientos. El primer enfrentamiento fue a orillas del río Gonzalez, donde los colonos derrotaron a un batallón mejicano.

Varios colonos se atrincheraron en San Antonio de Valero (El Álamo), una antigua misión religiosa convertida en improvisada fortaleza de 400 metros de perímetro (algo más de una cuadra).

El comandante de ejército texano, Sam Houston, envió al coronel James Bowie con treinta hombres con la intención de destruir el fuerte y llevarse los diecinueve cañones que allí existían pero, como carecía de animales de tiro, desistió de cumplir la orden.

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James Bowie.
James Bowie.

Convencido del valor estratégico de EL Álamo, Bowie decidió resistir en la fortaleza que no debía caer en manos de Antonio López de Santa Anna. Las autoridades de Texas decidieron seguir la propuesta de Bowie y enviaron a treina voluntarios más a las órdenes de William Travis, entre los que se contaba Davy Crockett, un famoso cazador de Tennessee que, como político, se había opuesto al presidente Andrew Jackson.

En Texas, Crockett intentó rehacer su vida y fortuna.

Travis y Bowie decidieron compartir el mando y tomaron las medidas para resistir el sitio que comenzó a fines de febrero.

El ejército mejicano reclutó a miles de hombres y avanzaron hacia Texas, que ese año (1836) debió soportar una ola de frío con fuertes nevadas. Por este motivo, Travis no pensaba que los mejicanos pudiesen llegar tan rápido, razón por la cual se sorprendió al saber que los hombres de Santa Anna estaban a pocos kilómetros de la fortaleza, entonces solo defendida por cientosetenta hombres.

Con armas y comida, se atrincheraron a esperar la llegada del ejército que contaba con mil quinientos hombres. Después de una invitación a desistir de la defensa, los mejicanos levantaron la bandera roja. La lucha sería sin cuartel. Los ataques se sucedieron en los días siguientes, con fuego de artillería y ataques de la infantería, hasta que, en la madrugada del 6 de marzo de 1836, mil doscientos soldados, divididos en cuatro columnas, asaltaron la fortaleza en dos oleadas. En pocas horas pudieron quebrar el perímetro, obligando a los defensores a buscar refugio en la Iglesia, donde todos fueron ultimados, hecha la excepción de mujeres, niños y esclavos. Solo dos hombres lograron escapar.

Si bien la cifra se prestó a discusiones, ya que Santa Anna hablaba de seiscientos muertos –una cifra imposible a todas vistas–, se calcula que los tejanos muertos sumaban poco más de doscientos. Doce de los que se rindieron, fueron ejecutados, además de los heridos y enfermos, incluidos Bowie y Crocket. Travis murió casi al inicio de la contienda.

La heroica resistencia permitió que Samuel Houston pudiese juntar efectivos para enfrentar a los mejicanos en la batalla de San Jacinto. Los tejanos avanzaron al grito de “¡Recuerda El Álamo!”

La defensa de El Álamo se convirtió en un símbolo enaltecido por varias películas donde se resalta la crueldad de las tropas de Antonio López de Santa Anna.

Desde la película dirigida por John Wayne (de 1960), hasta la de John Lee Hancock (de 2004) (que comparten el mismo nombre: El Álamo), varias otras versiones, como la de Burt Kennedy (Álamo: trece días para la gloria), Keith Merrill (Álamo: el precio de la libertad), Budd Boetticher (El desertor de El Álamo), o la de Richard Lang (Texas), exaltan la heroicidad y desventajas de los tejanos que se enfrentaron a la adversidad, con espíritu resuelto, dispuestos a cumplir el “sueño americano”.

Como siempre, la historia la cuentan los que mejor la saben relatar o quienes la pueden relatar con más esmero y perseverancia sus logros.

Por eso, recuerden El Álamo…

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batalla el alamo

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