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El actor flemático

David Niven se convirtió en sinónimo de la flema británica aunque su vida personal estuvo lejos de tal paradigma. Mujeriego empedernido, estuvo al borde del suicidio y en un momento hasta tuvo la idea de asesinar a su esposa... un vida lejana al la imagen que nos regaló en su extensa filmografía.

Detrás de la perenne sonrisa y el inmaculado bigote de David Niven, uno de los más celebrados galanes de Hollywood en la segunda mitad del siglo XX, se escondía una vida marcada por la tragedia. Violado de niño por sus compañeros de colegio, la trágica muerte de su primera esposa le llevó a las puertas del suicidio, y la infelicidad de su segundo matrimonio le colocó al borde del homicidio, según asegura el que fue su amigo y biógrafo, Michael Munn, en un libro que se acaba de publicar, La otra cara del globo.

El título es una irónica alusión a la autobiografía publicada por el actor en 1971, La luna es un globo, aclamada por público y crítica, en la que el actor les ahorró a sus numerosos fans el lado más escabroso de su vida.

Nacido en Londres en 1910, la vida de James David Graham Niven se llenó pronto de tragedia: su padre murió en 1915 en la batalla de Gallipoli, y su madre se casó con el político conservador sir Thomas Comyn-Platt, que hasta entonces había sido su amante y, aunque él todavía no lo sabía, el padre biológico del futuro actor.

Tras una breve carrera militar, Niven dejó el ejército y se fue a Estados Unidos. De la mano del productor Samuel Goldwyn entró en el mundo del cine. Allí se le abrieron las puertas a su verdadera vocación vital: la de bebedor y, sobre todo, mujeriego.

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Niven en Enchantment.
Niven en Enchantment.

Pero el amor se cruzó en su vida y, en 1940, tras tan sólo dos semanas de noviazgo, se casó con Primula Susan Rollo, la hija de un aristocrático abogado británico, con la que tuvo dos hijos. En 1946, la tragedia volvió a llamar a la puerta de su vida: Primula murió en un accidente en casa del actor Tyrone Power en Beverly Hills jugando al escondite.

Deprimido por la muerte de su gran amor, Niven se metió una pistola en la boca y disparó. Pero el arma falló y el actor salvó la vida. Dos años después se casó con la modelo sueca Hjördis Tersmeden, en la que buscaba más una madre para sus hijos que una esposa. El matrimonio nunca funcionó, pero Niven no quiso divorciarse. Vinieron otros dos hijos, ambos adoptados. El primero, la pequeña Monika, era en realidad hija biológica del actor y de una joven de 18 años.

niven

David era un mujeriego patológico y Hjördis lo sabía. Sus conquistas eran constantes. Por su cama desfilaron desde anónimas actrices principiantes, como una todavía anónima Marylin Monroe, a mitos consagrados como Grace Kelly o Rita Hayworth. Ella, cada vez más deprimida y alcoholizada, se tomó también sus revanchas. "John Kennedy quería echar uno rápido; y le dejé echar uno rápido", explicó al autor del libro. "Me dejó un recuerdo: clamidia [una enfermedad de transmisión sexual]". La relación entre David y Hjördis fue empeorando más con el tiempo. Él siempre pensó que ella acabaría suicidándose, e incluso llegó a plantearse asesinarla. Estuvo a punto de hacerlo en una ocasión, cuando se la encontró en la bañera completamente borracha. "No podría haber vivido con ese peso en la conciencia", confesó a su biógrafo.

David Niven murió en julio de 1983, víctima de una enfermedad motora degenerativa. Hjördis murió de una trombosis en la Nochebuena de 1997. Por expreso deseo, no fue enterrada junto a su marido.

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