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Edith Wharton inédita y vital

Ganó el Premio Pulitzer (la primera mujer en hacerlo) y ahora se descubre una obra, «La sombra de la duda», que recoge buena parte de sus inquietudes vitales

La escritora norteamericana Edith Wharton (1862-1937) ha conseguido un puesto de privilegio entre los lectores y lectoras del siglo XXI, que devoran sus novelas, pioneras de un feminismo inteligente y mordaz y escritas con una calidad de página incontestable. También cultivó el campo de las letras fantásticas, legándonos algunos cuentos de fantasmas que figuran entre los mejores del género. Varias editoriales están rindiendo culto a su escritura, caracterizada por una gran pulcritud estilística y por el uso de una corrosiva ironía contra el grupo social -la clase alta neoyorquina- al que la autora pertenecía. En español tenemos la suerte de contar con una excelente biografía de Wharton firmada por el joven filósofo Jorge Freire y titulada «Edith Wharton, una mujer rebelde en la edad de la inocencia». Un libro óptimo para conocer de cerca a la primera mujer que ganó el premio Pulitzer en 1921, precisamente por «The Age of Innocence», su inmortal novela de 1920 que fue llevada a la gran pantalla en 1993 por el maestro Martin Scorsese.

En 1885, Edith se casó con el banquero Edward Wharton, de quien tomó su apellido (se llamaba Edith Newbold Jones de soltera) y con quien fue claramente infeliz, divorciándose de él en 1913, después de casi tres décadas de infierno conyugal. Durante la Gran Guerra viajó en motocicleta por las líneas del frente, trabajando para la Cruz Roja con los refugiados, lo que le reportó ser condecorada con la Legión de Honor por parte del gobierno francés. Francia fue su segunda patria. Hablaba el francés con fluidez y falleció en Francia, concretamente en Saint-Brice-sous-Forêt, en el valle del Oise, no lejos de París. Fue un personaje muy peculiar, como podemos ver, al margen de sus aptitudes como escritora, y mantuvo relaciones de amistad con nombres propios tan fulgurantes como Henry James (con cuya maniera narrativa coincidía bastante), Scott Fitzgerald, Jean Cocteau o Ernest Hemingway.

Pero lo que nos convoca a estas líneas es el descubrimiento en el Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, a comienzos del verano de 2017 y por las profesoras Laura Rattray y Mary Chinery, de una pieza teatral -la única que conservamos de la pluma de nuestra autora-, titulada «The Shadow of a Doubt» y fechada en 1901, a los treinta y nueve años de edad, cuando todavía no había dado el salto a la popularidad como narradora y quería triunfar en la escena sin conseguirlo. Esta obra en tres actos permaneció inédita desde entonces, y solo ahora podemos disfrutar del talento dramático de Wharton, que se despliega en un argumento en torno a la eutanasia y a la hipocresía de las clases dominantes, «plot» que prefigura algunos de los temas tratados después en novelas como «The House of Mirth» (1905) o «The Fruit of the Tree» (1907).

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