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"Dr." Enriqueta Faber

A comienzos del siglo XIX el estudio de la medicina estaba prohibido a las mujeres en prácticamente toda Europa. A pesar de ello, Enriqueta Faber una joven suiza nacida en 1791 y recientemente viuda, decide vestirse de varón y viajar a Madrid para inscribirse en la universidad. Una vez obtenido el título, se dedica a ejercer la medicina en el continente americano, precisamente en Cuba.

Enriqueta Faber, una joven suiza que había perdido a su marido, un médico distinguido que marchó con las tropas del Gran Ejército de Napoleón, también había sufrido el inmenso dolor de la muerte de su hija cuando esta tenía muy poco tiempo de vida.

En un intento de reencausar su vida, Enriqueta se dedicó al estudio de la medicina, en principio valiéndose de los libros que había heredado de su esposo, que formaban parte de una grandiosa biblioteca. Mas tarde, con la intención de establecerse en la práctica médica profesional, se puso ropa masculina, y se mudó a Madrid, donde obtuvo el título de Doctor en Medicina. Luego fue a La Habana, donde realizo el examen necesario para validar el título en ese país y, en 1819, una vez en posesión de ambos documentos, se estableció en la histórica ciudad de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa. Poco después de que el Dr. "Enrique" Faber comenzara a ejercer la profesión de Doctor Municipal, y tratando de no llamar la atención por su soltería, mostró interés en Srta. Juana de León, una joven pobre enferma de tuberculosis, quien respondió a sus manifestaciones y promesas de amor. El doctor solicitó la mano de Juana y sus padres, que no vieron razón para no estar de acuerdo, organizaron la fecha de la boda en muy poco tiempo.

Como el Dr. Faber no tenía padres, tampoco ningún tipo de familia en el país americano, fue necesario que solicitara, el 23 de julio de 1819, el permiso para contraer matrimonio. Nadie encontró tampoco impedimentos para la unión en el registro civil cubano.

Una vez registrada la información, con Luis Albert y Juan Albert como testigos y bajo la firma de la escribana Lafita, el alcalde dictó la siguiente resolución: que el 30 de julio de 1819, Enrique Faber, un católico romano de 25 años, sin padres ni familiares en la isla, al no haber desigualdad entre él y su novia, se le permitió contraer matrimonio con Juana de León.

La boda se celebró el 11 de agosto de ese año, con un estilo espléndidamente lujoso, a la que asistieron los grandes y buenos de Baracoa. El sacerdote que realizó la ceremonia en la iglesia parroquial fue Don Felipe Sáname, de Baracoa, en representación del párroco, Vicente Antonio Lores, quien se encontraba ausente en ese momento. Tres meses después del matrimonio, debido a una indiscreción cometida por la sirvienta, se descubrió que el Dr. Faber era del sexo femenino. La historia fue la siguiente: la sirvienta, al ver que la puerta del baño estaba medio abierta (debido a la brisa que soplaba), entró, creyendo que la habitación estaba vacía y recibió un golpe considerable cuando, al descubrir a su empleador por casualidad, se dio cuenta de que la Dra. Faber era una mujer. Sintiéndose un tanto desconcertada, la sirvienta trató discretamente de retirarse de la escena, pero la doctora le prometió una suma de dinero espléndida si cooperaba y le pidió que jurara ante Dios y la Virgen que no le diría a nadie lo que había visto.

Ella juró, pero terminó contándoselo a una de sus tías, que a su vez le contó a otras personas hasta que llegó la noticia al oído de un tío de Juana que, aprovechando que el Dr. Faber no estaba en casa, fue a ver a su sobrina y la interrogó. Ella estaba obviamente deprimida y comenzó a llorar, con las palabras: "él es mi marido ante la Iglesia y ante Dios, y como mi médico ha prometido curar mi enfermedad". También le dijo a su tío que no había tenido relaciones sexuales con su esposo, él siempre le decía que su salud era lo primero. El tío de Juana fue directamente al juez para denunciar el pecado cometido por el llamado Dr. Enrique Faber. Después de esto, los asuntos se volvieron cada vez más graves para la Dra. Faber y ella decidió irse a La Habana para lograr una entrevista con el Obispo Don Juan F. Díaz Espada y Landa. Durante este doloroso encuentro, ella confesó la verdad y dijo que se había casado con la hermosa Juana de León porque se parecía mucho a su hija. El obispo dijo que no podía hacer nada por ella porque su caso ya estaba en el tribunal, pero prometió generosamente que le pediría clemencia al gobernador. Enriqueta regresó a Santiago, donde recibió 18 años de reclusión en un convento, pero a través de la influencia del obispo se le otorgó su libertad a condición de que se fuera de la isla. Una vez que el matrimonio fue anulado, Juana de León se casó con don Eduardo Miguel Chicoy. Tuvieron un hogar próspero y una familia numerosa. La vida de Enriqueta fuera de la isla esta sujeta a versiones diversas. Algunos dicen que tomó los hábitos, se la conoció como Sor Magdalena y ejerció como enfermera. Para otros, fue una pionera del movimiento feminista mundial, que se estableció en Nueva Orleans y atendió enfermos hasta morir de vieja en 1856.

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