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¿Dónde está el Che Guevara?

El Che se ha convertido en un personaje legendario. Ya lo era por su participación en la Revolución cubana, pero su destino guerrero en América Latina terminó de consagrar el mito de un libertario que intentaba imponer su ideología con un AK-47 en sus manos. Esta es la historia de su muerte y el destino póstumo de sus restos, escondidos en la selva boliviana por muchos años.

En el año 1966, Ernesto “Che” Guevara y cuarenta y cuatro compañeros intentaron establecer un movimiento guerrillero en Bolivia, siguiendo los lineamientos de la Revolución cubana. Un año más tarde, solo sobrevivían diecisiete de ellos. La situación del grupo era desesperante, la persecución del Ejército boliviano era implacable, al igual que el asma que atormentaba al comandante Guevara desde su infancia.

El domingo 8 de octubre de 1967, una compañía de Rangers, al mando del capitán Gary Prado, detectó a los insurgentes en la Quebrada del Yuro. Inmediatamente dispararon contra ellos. Guevara separó a su división en dos grupos e intentó alcanzar el monte, pero un piquete de soldados bolivianos, al mando del sargento Bernardino Huanta, disparó sus armas automáticas sobre los hombres que huían. Dos balas hicieron impacto en la pierna izquierda del comandante. Uno de sus compañeros, Simon “Willie” Saravia, intentó ayudarlo, pero cuatro soldados bolivianos le dieron alcance y, con sus armas martilladas, amenazaron al herido. “No disparen, soy el Che Guevara”, alcanzó a decir antes de que un ataque de asma lo dejara sin aliento.

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El capitán Prado ordenó que el comandante Guevara y los otros prisioneros fueran trasladados hasta la villa La Higuera, a unos diez kilómetros de distancia. Allí los alojaron en la escuela local. Durante esa noche, el Che fue interrogado por oficiales bolivianos y un agente de la Cia, quien se identificó como Eduardo González. Este se rehusó a responder las preguntas que le formularon. Mientras tanto, en La Paz, el presidente Barrientos convocaba a una junta de comandantes para resolver el destino del prisionero. Temiendo que intentaran rescatarlo, los miembros de la Junta Militar decidieron ejecutarlo y decir que había muerto en combate.

Un día después, los oficiales en La Higuera recibieron la orden de ejecutar al comandante Guevara, pero nadie quería ser el verdugo. Después de una larga discusión, se decidió echar a la suerte la elección. El sargento Mario Terán tuvo la poca fortuna de sacar la varilla más corta. Temblando, entró al cuarto donde yacía el Che quien, apenas lo vio aparecer, adivinó sus intenciones: “Yo sé que has venido a matarme”. Guevara le pidió morir de pie. “Dispara, solamente vas a matar a un hombre”, le dijo mientras se incorporaba.

Terán intentó huir, pero sus superiores lo instaron a cumplir las órdenes. Una vez más entró a la habitación y, sin mirar a su víctima, descargó una ráfaga de su arma automática sobre el prisionero. Poco después, Willie Saravia y Aniceto Gordillo corrieron la misma suerte. El cuerpo del Che fue trasladado a Valle Grande en helicóptero y, de allí, al hospital Señor de Malta, donde lo exhibieron por veinticuatro horas. Sus manos fueron amputadas para ulteriores identificaciones.

Después, nadie supo qué fue del cadáver del comandante.

Al principio, el gobierno boliviano afirmó que el cuerpo había sido cremado y sus cenizas, dispersas. Posteriormente, sostuvieron que había sido enterrado en un lugar secreto.

Por años, las distintas autoridades de Bolivia impidieron la recuperación de sus restos, hasta que el presidente Losada autorizó al gobierno de Fidel Castro la búsqueda de ellos. En julio de 1997, siete cadáveres fueron exhumados cerca del aeropuerto de Valle Grande. Los forenses cubanos, dirigidos por el doctor Jorge González, trabajaron en condiciones de total hermetismo, sin permitir el acceso de periodistas o personas ajenas al grupo. El equipo multidisciplinario identificó como el comandante Guevara al esqueleto que llamaban “n.º 2”. Para los forenses, no había dudas: le faltaban las manos y su dentadura coincidía con la ficha odontológica de Guevara. Anunciado el descubrimiento, se dijo que en Cuba se realizarían los demás exámenes identificatorios, que incluían una prueba de Adn. Las primeras reliquias en volver a Cuba fueron justamente las manos, que Jorge Sattori ‒dirigente del Partido Comunista de Bolivia (Pcb)‒ hizo llegar por correo diplomático. Los restos del comandante fueron trasladados a La Habana el 12 de julio de 1997 y colocados en el mausoleo construido en Santa Marta, lugar hoy visitado por miles de personas que han convertido a esta tumba en un santuario de la Revolución cubana. Pero ¿pertenecía este esqueleto n.º 2 al Che Guevara?

Un libro de los periodistas Maite Rico y Bertrand de la Grange puso en duda el hecho de que el Che estuviera enterrado en Santa Marta, sobre la base de testimonios de muchas personas que afirmaron haber visto el cadáver del comandante después de los entierros en Valle Grande. El coronel Andrés Selich dijo haberlo quemado, siguiendo las órdenes de los generales Ovando y Torres. ¿Fue esa su suerte final?

Para Rico y de la Grange, el hallazgo de este “esqueleto n.º 2” fue la excusa perfecta para que Fidel Castro montara una maniobra de distracción política en un momento crucial para su régimen. Este cadáver también le permitió a muchos admiradores del Che contar con un santuario que prolonga el mito idealista-romántico del guerrillero que murió peleando por su causa.

Sin embargo, el examen de Adn prometido nunca fue realizado, la versión de la cremación jamás fue desmentida y miles de personas desfilan cada día ante la tumba que se le atribuye al comandante Guevara, aunque nadie esté seguro de que así sea.

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Texto extraído del libro Trayectos Póstumos de Omar López Mato. Disponible en librerías y en OLMO EDICIONES.

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