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Dolly Jones: la disruptora del convencionalismo sexista-racista del jazz

Una trompetista substancial que escribió un capítulo importante en la misógina historia de la música estadounidense del siglo XX.

También conocida como Doli Armenra y/o Dolly Hutchinson, “la reina de la trompeta” (como supieron llamarla sus admiradores) nació el 27 de noviembre de 1902 en Chicago (Illinois) y murió un cálido día de agosto de 1975 en el Bronx (Nueva York). Fue una trompetista, cornetista, trombonista y directora de bandas estadounidense encumbrada por haber sido la primera mujer trompetista que grabó un disco de jazz.

Dolly tenía una clara genética jazzística y una palmaria aptitud para los aerófonos. Su padre era intérprete de saxofón y su madre, Dyer Jones, una destacada trompetista de la época anterior a Louis Armstrong, a quien Jean-Claude Baker (el hijo adoptivo y biógrafo de Josephine Baker) describió como “una mujer pequeña que podía soplar la trompeta como un arcángel”. Aunque inicialmente, y a muy temprana edad, Dolly aprendió a tocar la trompeta gracias a su progenitora, fue en gran medida una autodidacta, que estudiaba y practicaba incesantemente. Según los músicos que la conocieron, estaba dedicada por completo al instrumento.

Sus primeras performances públicas fueron durante 1919, cuando la familia Jones formó una banda callejera, la “Jones Family Band”, en la cual una aún adolescente Josephine Baker (la bailarina y activista por los derechos civiles que se volvió famosa por rehusarse a actuar para audiencias segregacionistas) tocaba el trombón y cantaba. Para 1920, debido a algún morrocotudo yerro del señor Jones, la formación se disolvió y tanto Dyer como su hija adoptaron el apellido Armenra, el cual Dolly invistió hasta su casamiento con el saxofonista Jimmy “Hook” Hutchinson.

Dolly Jones

Para principios de la década del 30, la señorita Jones (“señorita" porque nunca se casó) se integró en la “Irene Eadey Band” y en la “Harlem Harlicans” de Lillian Armstrong, actuando en el Teatro Lafayette y en el Teatro Apollo de Nueva York, así como en el Teatro Regal de Chicago. Durante esos días, debido a la calidad de sus interpretaciones, se ganó la simpatía y el respeto de importantes músicos. Roy Elridge participó en una jam session con ella y, según contó, quedó impresionado por su talento; el mismo que también alabó Doc Chetham.

Subsiguientemente, formó parte de un trio de breve existencia liderado por el saxofonista y clarinetista George Jones y de la banda de Walter Barnes. A mediados de 1932 formó su propia banda: “The Twelves Spirits of Rhythm”, con la que se presentó en clubes y teatros prestigiosos, siempre con laudatoria recepción por parte del auditorio. Cinco años más tarde, ya completamente hastiada de las demandas de sus partenaires y de cumplir con los roles de productora, manager, intérprete y arreglista, pasó a formar parte de un conjunto multirracial de quince músicos llamado “Mezz Mezzrow´s Disciples of Swing”, el cual se promocionaba con el eslogan “siete blancos, siete negros y Dolly”, y que se hizo famoso por ser el primero en ofrecer un concierto en el prestigioso Savoy Ballroom de Manhattan.

Ese mismo año (1937) y en esa misma ciudad (Nueva York), el cineasta afroamericano Oscar Micheaux (famoso por sus películas denunciativas e interpelativas en torno al racismo) la convocó para actuar junto a Cora Green, Hazel Diaz, Carman Newsome, Dorothy van Engle y Alec Lovejoy en su musical “Swing. El papel no tenía líneas de diálogo ni se ajustaba a ninguno de los roles femeninos estándares para una afrodescendiente de la época. No representaba ni a una bufa, ni a una prostituta, ni a una madre, ni a una bailarina exótica, ni a una noble salvaje. Solo hacía dos apariciones tocando la trompeta. En la primera, con aspecto humilde, se sometía a una audición de prueba. Interpretaba el tema “China Boy” y la acompañaban Arthur Bowie (piano), "Coco" Darling (contrabajo) y la orquesta de Leon “Bossman” Gross. Una vez superada la prueba con éxito, aparecía en otra escena, con un virginal vestido blanco, tocando prodigiosamente “I May Be Wrong (But I Think You're Wonderful)", acompañada por la misma orquesta.Lejos de todos los estereotipos imperantes, Dolly aparecía siendo exactamente lo que era: una música brillante, ajena y contrastante con la histórica tendencia de retratar a las mujeres afroamericanas (y especialmente a las músicas) como a entidades masturbatorias siempre sexualmente predispuestas, carentes de cacumen y talento artístico alguno.

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Consecutivamente al estreno de “Swing”, en 1938, Dolly regresó a Chicago. Allí tocó con Irene Armstrong y dirigió una banda de féminas exclusivamente. A finales de 1940 volvió a Nueva York y grabó con el “Stuff Smith Sexter” dos temas: “My Blue Heaven” y “Bugle Call Rag”. Esa vuelta al estudio de grabación la concientizó de su anhelo de grabar su propio disco, arbitrio que llevó a cabo y tituló “Creole Blue”, pero que lastimosamente no tuvo gran éxito.

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Para enero de 1942 entró a formar parte de la “All-Star Girl Orchestra” de Eddie Durham. Integraban el grupo entre dieciocho y veintidós mujeres procedentes de otras bandas populares del momento como “The Harlem Playgirls” y “The International Sweethearts of Rhythm”. A partir del 9 de julio de 1943, la orquesta viajó por los Estados Unidos y Canadá dando conciertos, al menos una noche por semana, en campamentos y centros militares, y promocionando la venta de bonos de guerra (títulos de deuda pública que, transcurrido un plazo de tiempo determinado, brindaban intereses a los poseedores).

Una vez llegados los 50s, la señorita Jones se asentó definitivamente en el Bronx de Nueva York y se unió a la “Eddie Barefield Orchestra”, donde siguió tocando la trompeta y desmoronando las barreras sexistas del mundo del jazz hasta el día de su muerte en agosto de 1975.

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