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Cuando nos tapó el agua

Los muchos y variados relatos que contiene la Biblia ofrecen un extenso catálogo de proverbios, mitos y parábolas. Su lectura –hay que decirlo– mejora mucho sin intérpretes, y entre su enorme cantidad de narraciones sobre singulares aventuras protagonizadas en los albores de la humanidad, una de las más destacadas es la del Diluvio Universal.

Probablemente este sea el mito que primero se enseña a los niños, quizá por su conjugación de aventura con un personaje heroico, quizá por el papel protagonista de los primeros amigos de los niños: los animales. Pero la historia del Diluvio no es original; se encuentran precedentes, menciones o relatos del diluvio en casi todas las culturas antiguas. De hecho, uno de los relatos más comunes y repetidos de muchas civilizaciones en sus mitologías ancestrales es el de un diluvio universal.

El relato del diluvio universal cuenta una situación de persistentes lluvias que desemboca en una inundación universal que borra de la faz de la Tierra a la humanidad, menos a unos elegidos. En muchos relatos se trata de un castigo de los dioses a la raza humana por su mal comportamiento frente a las leyes divinas; en otras narraciones, los dioses o semidioses le cuentan sus planes a un elegido para que salve a la raza humana. Cuando la religión es monoteísta, es el mismo dios que castiga a la raza humana el que la salva, a través de alguien elegido por él mismo. Así son, a grandes rasgos, los diluvios universales indo-europeos.

En el relato bíblico se cuenta cómo la mala conducta del ser humano hizo que Dios castigara a la especie humana inundando toda la Tierra. En este caso Dios es el “castigador” y “salvador” de la humanidad y Noé es el elegido para salvarla, perpetuar la especie y ser fundador de una estirpe o nación.

Pero esta historia contada en la Biblia viene a su vez de otro mito: el babilónico. Las religiones politeístas que regían en la “medialuna fértil” que abarcaba Mesopotamia, parte de Siria y Turquía, entre otros lugares, desarrollaron y expandieron la idea del diluvio universal en el Poema de Gilgamesh y sus variantes. La Epopeya de Gilgamesh (2.500 a.C.), escrita en lenguaje cuneiforme sumerio, es considerada la versión más antigua del diluvio. Muy resumidamente, el relato habla sobre un rey babilónico llamado Gilgamesh, que gobernó la ciudad mesopotámica de Uruk (hoy, Irak), que se convirtió en héroe y semidiós, y que estaba obsesionado por obtener la inmortalidad. Dentro de esta historia mítica aparece, por primera vez, el tema del diluvio universal.

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La tablilla sobre el diluvio de la epopeya de Gilgamesh, escrita en acadio (Museo Británico).
La tablilla sobre el diluvio de la epopeya de Gilgamesh, escrita en acadio (Museo Británico).

La leyenda cuenta que los ciudadanos oprimidos por Gilgamesh pidieron ayuda a los dioses y éstos enviaron a Enkidu para que luchara contra Gilgamesh. Pero el plan les falló, porque ambos se hicieron amigos y emprendieron un largo viaje en busca de aventuras. En su ausencia, la diosa Ishtar/Astarté declara su amor a Gilgamesh pero éste la rechaza; eso provoca la ira de la diosa, que en venganza envía al Toro de las tempestades para destruir a los dos personajes y a la ciudad entera. Gilgamesh y Enkidu matan al toro, pero los dioses enfurecidos castigan a Enkidu con la muerte. Muy apenado porque los dioses mataron a su amigo Enkidu, Gilgamesh recurre al sabio Utnapishtim, único hombre inmortal, para que le otorgue la vida eterna; quiere ser inmortal para vérselas con los dioses. Pero Utnapishtim le dice que el otorgamiento de la inmortalidad a un humano es un evento irrepetible. Utnapishtim se había vuelto inmortal por un evento único ocurrido hacía mucho tiempo: había sido el único sobreviviente de un diluvio universal. Gilgamesh le pregunta cómo se volvió inmortal, y el sabio le cuenta que hacía mucho tiempo los dioses le habían dicho que iban a inundar el mundo y que debía construir una nave y embarcar en ella todas las semillas de la vida (muy parecido al mensaje que Dios le dio a Noé según la Biblia). Cuando la lluvia cesó, cuenta Utnapishtim, abrió una escotilla y sólo vio agua. Todos los humanos habían muerto, pero él se salvó, y su condición de inmortal le permitió recomponer la raza humana (vaya a saber de qué manera, pero cualquier cosa es posible en los mitos). En el caso del mito babilónico encontramos entonces el relato del diluvio universal como una “historia dentro de la historia” de Gilgamesh.

En la mitología griega también hay un diluvio: Zeus, cansado de la maldad de los seres humanos, decidió crear un diluvio universal terrible y final que acabara con ellos. Prometeo, un Titán amigo de los mortales, había robado el fuego de los dioses para dárselo a los hombres. Prometeo fue castigado por Zeus por este hecho, pero Prometeo le contó a su hijo Deucalión y su esposa Pirra las intenciones de Zeus: enviaría un diluvio universal para extinguir a la raza humana. Prometeo instruyó a su hijo Deucalión para que construyera una gran nave para resguardarse del diluvio, y así sobrevivieron.

El mito menciona que el diluvio fue ocasionado por el viento Austro (del sur): “sólo se dio salida al Austro, el cual se precipitó a la Tierra cargado de lluvia”. Al terminar el diluvio, después de nueve días y nueve noches, las aguas retrocedieron al mar y el arca de Deucalión se posó sobre el monte Parnaso, donde estaba el oráculo de la diosa Temis. Deucalión y Pirra entraron en el templo para que el oráculo les dijera qué debían hacer para volver a poblar la Tierra, y la diosa les dijo: “vuélvanse hacia atrás y arrojen los huesos de su madre”. Deucalión y su mujer interpretaron (acertadamente) que el oráculo se refería a las rocas (diosa Gea). De esa forma, las piedras arrojadas por Deucalión se convirtieron en hombres, y las arrojadas por Pirra en mujeres. Así fue creada la nueva y renovada especie humana a partir de dos seres humanos. El primogénito de Deucalión y Pirra, Helén, fue el punto de partida de la “nueva humanidad”, a partir de la cual, por supuesto, se engendraron los helenos.

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El Diluvio por Gustave Doré.
El Diluvio por Gustave Doré.

El mito helénico es muy parecido a otros mitos de culturas cercanas a la griega o influidas por esta: Zeus es el dios que quiere castigar a la raza humana por desobedecer las leyes de los dioses, otro dios o un semidiós cuenta los planes de Zeus a un elegido, éste y su familia construyen un arca, Zeus manda el castigo en el que la lluvia persistente y abundante es la protagonista, se salvan los elegidos y son quienes fundan una nueva estirpe, elegida para reiniciar la especie humana. El mismo guión.

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Representación del Gran Yu
Representación del Gran Yu

Y son muchas las mitologías en las que se cuenta la misma historia, o parecida. En la mitología hindú, la diosa Visnú salva tres veces al mundo de su inundación total. En el Popol Vuh, texto primordial de la literatura maya, se relata cómo “el Corazón del Cielo” decide castigar a los hombres con un diluvio de cuarenta días con sus noches. En la mitología china, se relatan muchos episodios sobre la fuerza natural de las aguas desatadas, las inundaciones recurrentes, y de cómo dos héroes llamados Gun y Yu lograron contenerlas y encauzarlas; esto se ha denominado “el mito de Gun-Yu” o “la inundación Gun-Yu”, que duró más de una generación y trajo hambrunas y pobreza.

Y así podríamos seguir.

Así las cosas, volvamos a la Biblia: en el Diluvio Universal desapareció todo menos la familia de Noé. A partir de entonces (o gracias a eso, es lo mismo) las generaciones de patriarcas bíblicos pueden determinarse con mayor precisión, siguiendo el rastro de la historia y viendo cómo se fueron distribuyendo por el mundo los hijos y nietos de Noé. De acuerdo a esto, Noé es considerado por las religiones abrahámicas como el padre de la humanidad.

Noé, que fue el décimo y último patriarca de los antediluvianos, todos ellos de gran longevidad, murió (según la Biblia) 350 años después del diluvio, a la edad de 950 años. Esto lo convierte en el tercer hombre más longevo de la Biblia detrás de Matusalén (969 años) y Jared (963 años), y viviendo 20 años más que Adán, que vivió 930 años. Toda gente de muy buena salud, como se ve. Tras Noé, los años de vida se fueron reduciendo de forma notable hasta llegar a los 120 años de promedio, que son los que cumplió Moisés. Tampoco está mal, ojo, hay que vivirlos, eh. Los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, fueron engendrados por Noé y su esposa Naama cuando el patriarca tenía alrededor de 500 años. Uau.

El antes, el durante y el después del Diluvio Universal está relatado en el capítulo 6 del Génesis (“...y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová...”), etc. El diluvio comenzó en el año 600 de la vida de Noé, “en el segundo mes, en el día diecisiete del mes” (sería algo así como principios de noviembre en nuestro calendario, parece) y tuvo una duración de cuarenta días con sus noches, durante los cuales toda la Tierra estuvo bajo las aguas, destruyendo todo rastro de vida.

Al terminar el diluvio, Noé y su familia fueron los únicos habitantes humanos de la Tierra y fueron quienes debieron repoblar el planeta. Noé tuvo 3 hijos, 16 nietos y 35 bisnietos. Después de la dispersión de Babel, sus descendientes se fueron por toda la tierra y establecieron las naciones del mundo antiguo.

Muchos mitos pueden tener alguna base histórica, y el carácter universal del diluvio hay que ponerlo en contexto: lo “universal” en tiempos bíblicos, en la era antigua, etc, era “la tierra conocida”; una bastante limitada extensión en relación a las dimensiones del planeta.

Nadie puede creer hoy en día que un diluvio universal haya cubierto absolutamente toda la Tierra. No parece haber suficiente agua en el planeta para alcanzar las cimas de las cumbres montañosas del Cuaternario (el Ararat, donde parece que quedaron los restos del arca, mide algo más de 5.100 m de altura) aunque se derritieran los polos. Hoy sabemos que no existen registros geológicos o fósiles de semejante evento.

Sin embargo, la historia permite profundizar en otros aspectos. Si el relato bíblico fuera cierto y Noé, su familia y los animales del arca fueron los únicos sobrevivientes de la Tierra después del diluvio (y ni hablar de la dificultad en juntar a todas las parejas de las innumerables especies que poblaban el ploaneta), hay preguntas a plantearse: ¿no sería más apropiado decir que somos hijos de Noé y no de Adán y Eva, que pasarían a ser representantes de una raza extinguida? ¿Qué culpa pudo acumular aquella humanidad para merecer semejante castigo? ¿Cómo demuestra Dios su amor a las criaturas por él creadas castigándolas de esa manera? Creer que Dios fue capaz de enojarse con el hombre, su creación perfecta, es de por sí un asunto delicado, pero más aún si lo consideramos capaz de castigar de un modo tan atroz a toda la humanidad. Y ya desde un plano más concreto, ¿cómo se resolvió el problema de la homocigosis? ¿o directamente no se resolvió, y por eso somos como somos?

Las mitologías de todas las culturas siempre tratan (bah, no siempre) de dar una explicación a una contingencia natural de esta magnitud. Con libros, con relatos, con interpretaciones, con tradiciones, con dogmas.

Pero, como quedó dicho, todos esos relatos mejoran sin intérpretes.

Y que son entretenidos, son entretenidos.

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