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Cuando las Malvinas fueron francesas

Islas irredentas, fueron territorio español, inglés, argentino y también francés. De hecho, su nombre es honor al puerto de Saint Malo.

Si bien no hay pruebas concluyentes sobre qué navegante las divisó por primera vez, se cree que fue el mismísimo Américo Vespucio quien después hace referencia al archipiélago incluido en el mapa de Piri Reis.

A lo largo del tiempo fue avistada por distintos navegantes hasta que, después de la Guerra de los Siete años durante el reinado de Luis XV, su ministro Étienne Choiseul se propuso restaurar al Imperio, pero con la restricción de no comenzar un nuevo enfrentamiento con Inglaterra o España.

El explorador, naturalista y navegante Louis Antoine de Bougainville propuso ubicar una colonia en ese archipiélago que llevaban el nombre del puerto francés de donde zarpó con dos barcos y colonos interesados en afincarse en esas islas remotas.

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Louis Antoine de Bougainville
Louis Antoine de Bougainville

Después de atravesar el Atlántico la expedición se dirigió a Buenos Aires donde Bougainville se reunió con el gobernador José Joaquín de Viana, aunque no manifestó la intención de asentarse en las Malvinas: Francia y España estaban unidas por el Pacto de Familia (los Borrbones regían ambas naciones), pero de Viana informó a sus superiores en Madrid sobre la presencia de los franceses.

El 17 de marzo de 1764 se realizó la ceremonia de fundación del puerto de San Luis, primer asentamiento en el archipiélago. El acta fue ratificada por el rey de Francia argumentando que las islas habían sido descubiertas por un navegante oriundo de Saint Malo y que por tal razón se llamaban Malouines, término que se convirtió en nuestras Malvinas (el nombre de Falklands era el nombre que el navegante John Strong les había conferido a las islas en el siglo XVII cuando el vizconde de ese nombre era Lord-Mayor del Almirantazgo).

La flora y fauna del lugar entusiasmó a los habitantes que se nutrieron de los leones marinos y pingüinos. El principal problema era la madera ya que casi no había árboles en las islas arrasadas continuamente por los vientos antárticos.

Bougainville partió de las islas en 1764 y volvió 9 meses más tarde con 130 colones que se sumaron a los 29 que habían pasado ese tiempo en las islas. Lord Byron, el abuelo del poeta, durante su circunvalación ocupó un islote vecino en un paraje que pasó a llamarse Port Egmont. No sería la ultima ocupación.

Enterado el gobierno español del asentamiento francés, inició un reclamo (que incluyó la opción para Francia de adquirir el archipiélago). Luis XV cedió ante las exigencias de sus parientes peninsulares, pero dejó consignado que ellos abandonaban las islas a condición que los españoles la ocupasen efectivamente para evitar la usurpación británica.

Finalmente, Bougainville fue compensado generosamente por los gastos en los que incurrió para la construcción del puerto de San Luis, de allí en más llamado Soledad, cuya administración quedó en manos de la gobernación de Buenos Aires.

Bougainville continuó con su vida aventurera, dio la vuelta al mundo, reclamó la isla de Tahití para Francia. Las experiencias de esta circunvalación las volcó en un libro donde describe las maravillas que vio, incluido el “paraíso polinesio”. Participó en la guerra de independencia norteamericana. Fue arrestado en tiempos de terror y estuvo a pocas horas de subir al cadalso. Napoleón lo nombró senador y fue encargado de juzgar el desempeño de sus colegas después de la derrota en Trafalgar. Murió en 1811. Su corazón está enterrado en Montmartre, mientras que su cuerpo descansa en el Panteón de París entre las glorias de Francia.

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