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Crawford Williamson Long, el primer anestesista

Antes de la década de 1840, los pacientes no iban nerviosos camino del quirófano, iban aterrorizados. ¿Por qué?, porque no existía la anestesia.

Médicos, dentistas y pacientes intentaban todo lo que estuviese a su alcance con tal de mitigar el dolor en las operaciones. En China e India usaban marihuana y hachís, mientras que en diferentes partes del mundo se utilizaba extensamente el opio, lo mismo que el alcohol, incluso en Sudamérica los antiguos grupos de indios peruanos masticaban coca y bebían alcohol con maíz fermentado.

En la antigüedad clásica, el galeno griego Dioscórides atribuyó facultades anestésicas a pócimas elaboradas con mandrágora y vino. En épocas posteriores, algunos incluso experimentaron con el hipnotismo.

A pesar de todo, el alivio del dolor distaba de ser satisfactorio, de modo que cirujanos y dentistas trabajaban tan rápido como podían; de hecho, se les calificaba según su agilidad. Pero hasta los más veloces seguían infligiendo grandes sufrimientos. Por eso era tan común que la gente prefiriera soportar toda clase de males, como tumores o tener la boca llena de dientes cariados, antes que enfrentar la tortura de una operación quirúrgica o una extracción de muelas.

A principios del siglo XIX existía un ambiente propicio para el desarrollo de la anestesia. Por un lado, la química, la biología y la fisiología ofrecían cada día nuevos hallazgos. Por otro, los médicos y los cirujanos de las nuevas generaciones eran más sensibles ante los sufrimientos de los enfermos.

En 1842 el cirujano estadounidense Crawford Long utilizó con éxito éter etílico como anestésico general. No publicó sus resultados y el descubrimiento fue atribuido al odontólogo estadounidense William Morton, quien demostró públicamente sus resultados extrayendo un diente en 1846.

Crawford Williamson Long nació en nació en Danielsville, Georgia (Estados Unidos), en 1815. Sus estudios particulares de Medicina los inició con el famoso doctor Grant y, posteriormente, ingresó a la Universidad de Pennsylvania donde se graduó como médico en 1839. Luego de un breve paso por Nueva York, se estableció en el pequeño pueblo de Jefferson, Condado de Jackson, Georgia, hogar de su antiguo tutor.

Al igual que muchos colegas de su época, Long había participado en los ether frolics, reuniones en las cuales se inhalaban vapores de éter con propósitos de entretenimiento. El médico se percató de que sus amigos eran insensibles aunque se habían lastimado al ir tambaleando de un lado a otro bajo los efectos del éter, similar a lo observado por el odontólogo estadounidense Horace Wells con el óxido nitroso.

De inmediato pensó en su potencial aplicación en la cirugía. Dio la casualidad de que James Venable, estudiante que participaba en una fiesta de éter, tenía dos pequeños tumores que deseaba que le extirparan, pero posponía siempre la operación por miedo al dolor. Cuando Long le propuso practicársela bajo los efectos del éter, Venable accedió, y el 30 de marzo de 1842 se realizó la intervención sin dolor. Esta fue la primera operación quirúrgica realizada en un paciente anestesiado.

El doctor Long usó su técnica con éxito en otros pacientes pero, esperando la posibilidad de usarla en una cirugía mayor, para así darla a conocer a la comunidad científica de su tiempo, sólo publicó su experiencia en diciembre de 1849 en el Southern Medical and Surgical Journal, tres años después del éxito de Morton.

A partir de 1847 el cloroformo se convirtió en el anestésico preferido en muchos lugares del mundo. Desde entonces se han descrito muchos otros anestésicos generales. El éter y el cloroformo no se utilizan en la actualidad debido a sus peligrosos efectos secundarios y a su capacidad por inflamarse. Algunos anestésicos actúan deprimiendo el sistema nervioso central (barbitúricos, halotano, opiáceos) y otros induciendo amnesia (óxido nitroso, enflurano).

Con respecto a la anestesia local, los primeros datan del año 2000 a.de C. cuando asirios y egipcios utilizaban la compresión para disminuir localmente la sensibilidad al dolor. También se usó el frío, éter y cloruro de etilo. Otros productos utilizados con el mismo fin fueron el yoduro, cloruro, el alcohol o la nieve carbónica, entre otros.

Con la invención de las jeringuillas hipodérmicas por el cirujano irlandés F. Rynd, en 1845 se abrió otro camino a la anestesia, al poder introducir en el organismo drogas capaces de eliminar el dolor. Desde entonces, la complejidad de la ciencia anestésica ha superado con creces cualquier sueño de los cirujanos de la época y ha permitido intervenciones largas y complejas cada vez con más seguridad y control.

La anestesiología se convirtió, en el tiempo, en una verdadera especialidad de la medicina dedicada al confort y cuidados especiales de los pacientes durante las intervenciones quirúrgicas y otros procesos que puedan resultar molestos o dolorosos. Es un hecho que la actual medicina intensiva tiene sus orígenes en la anestesiología.

Texto extraído del sitio https://www.savalnet.cl/mundo-medico/reportajes/11405.html

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