PersonajesCornelius Vanderbilt

Cornelius Vanderbilt

Cornelius Vanderbilt se convirtió en el hombre más rico de América a mediados del siglo XIX, al dominar los negocios del transporte, en un país en crecimiento. Comenzando con un pequeño barco surcando las aguas del puerto de Nueva York, Vanderbilt, finalmente, creó un vasto imperio.

Cuando murió en 1877, su fortuna se estimba en más de $ 100 millones. Aunque nunca sirvió en el ejército, sus inicios operando barcos en las aguas que rodean la ciudad de Nueva York le valieron el apodo de "El Comodoro".

Fue una figura legendaria en el siglo 19, y su éxito en los negocios a menudo se le atribuye a su capacidad para trabajar más duro - y más despiadadamente - que cualquiera de sus competidores. Sus negocios en expansión eran esencialmente prototipos de las corporaciones modernas, y su riqueza superó incluso a la de John Jacob Astor, que ostentaba el título de hombre más rico de América.

Cornelius Vanderbilt nació 27 de mayo de 1794, en Staten Island, Nueva York. Era descendiente de los colonos holandeses de la isla (el nombre de la familia habían sido originalmente Van der Bilt). Sus padres tenían una pequeña granja, y su padre también trabajaba como barquero. En ese momento, los agricultores de Staten Island necesitaban transportar sus productos a los mercados de Manhattan situado al otro lado de puerto de Nueva York. El padre de Vanderbilt poseía un bote que usaba para transportar cargas a través del puerto, y ya desde pequeño, Cornelius trabajaba junto a su padre.

Estudiante indiferente, aprendió a leer y escribir, y tenía aptitudes para la aritmética, pero su educación era limitada. Lo que realmente disfrutaba era trabajar en el agua, y cuando tenía 16 años quizo comprar su propio barco para poder entrar en el negocio por su cuenta.

Un obituario publicado en el New York Tribune el 6 de enero 1877 contó la anécdota de cómo su madre se ofreció a prestarle 100 dólares para comprar su propio barco si despejaba un campo muy rocoso, para que pudiera ser cultivado. Cornelius empezó el trabajo, pero se dio cuenta de que necesitaba ayuda, así que hizo un trato con otros jóvenes de la localidad, para que lo ayudaran con la promesa que les daría paseos en su nuevo barco. Vanderbilt terminó con éxito el trabajo, tomó prestado el dinero, y compró el barco. Pronto tuvo un próspero negocio trasladando personas y productos a través del puerto de Manhattan, y fue capaz de devolver el dinero a su madre.

Vanderbilt se casó con una prima lejana, cuando tenía 19 años, y él y su esposa eventualmente tendrían 13 hijos.

Cuando comenzó la guerra de 1812, los fuertes fueron acuartelados en el puerto de Nueva York, en previsión de un ataque de los británicos. Los fuertes de las islas necesitaban suministros, y Vanderbilt, ya conocido como un duro trabajador, se aseguró un contrato con el gobierno. Prosperó durante la guerra, entregando suministros y también transportndo soldados.

Invertiendo dinero en su negocio, compró más barcos de vela. En pocos años Vanderbilt reconoció el valor de los barcos de vapor y en 1818 comenzó a trabajar para otro empresario, Thomas Gibbons, quien operaba un ferry de vapor entre la ciudad de Nueva York y Nueva Brunswick, Nueva Jersey.

Gracias a su fanática devoción al trabajo, Vanderbilt convirtió el servicio de ferry en un muy rentable negocio. Incluso combinó la línea de ferry con un hotel para los pasajeros en Nueva Jersey. La esposa de Vanderbilt manejaba el hotel.

En ese momento, Robert Fulton y su socio Robert Livingston tenían el monopolio de los barcos de vapor en el río Hudson, gracias a una ley del estado de Nueva York. Vanderbilt luchó contra esa ley y, finalmente, la Corte Suprema de Estados Unidos, encabezada por el juez presidente John Marshall , dictaminó que no era válida en una decisión histórica. Vanderbilt pudo así ampliar aún más su negocio.

En 1829 se separó de Gibbons y comenzó a operar su propia flota de barcos. Sus barcos de vapor surcaban el río Hudson; Vanderbilt redujo las tarifas hasta el punto de que sus competidores debieron abandonar el mercado.

Diversificando el negocio, comenzó un servicio de vapores entre Nueva York y distintas ciudades de Nueva Inglaterra y Long Island. Vanderbilt tenía docenas de buques de vapor, y sus naves eran conocidas por ser confiables y seguras en un momento en que los viajes en barcos de vapor podía ser duro o peligroso. Su negocio creció.

En el momento en que tenía 40 años lya estaba en camino de convertirse en millonario.

Cuando la fiebre del oro de California llegó en 1849, Vanderbilt comenzó un servicio de alta mar, llevando a las personas con destino a la costa oeste de América Central. Después de desembarcar en Nicaragua, los viajeros cruzaban hasta el Pacífico y continuaban su viaje por mar.

En la década de 1850 el empresario comenzó a percibir que los ferrocarriles eran más rentables que el transporte marítimo, así que comenzó a disminuir sus intereses náuticos mientras compraba acciones del ferrocarril. A finales de la década de 1860 ya era una fuerza en el negocio del ferrocarril. Había comprado varios ferrocarriles en el área de Nueva York, uniéndolos para formar la New York Central and Hudson River Railroad, una de las primeras grandes corporaciones.

Cuando Vanderbilt intentó hacerse con el control del ferrocarril de Erie, entró en conflicto con otros empresarios, en lo que se conocidó como la Guerra del ferrocarril Erie. Vanderbilt, cuyo hijo William H. Vanderbilt ahora trabajaba con él, con el tiempo llegó a controlar gran parte del negocio de los ferrocarriles de los Estados Unidos.

Cuando tenía cerca de 70 años de edad murió su esposa, y Cornelius se volvió a casar con una mujer más joven que le animó a hacer algunas contribuciones filantrópicas. Proporcionó entoces los fondos para comenzar la Universidad de Vanderbilt.

Después de una prolongada serie de enfermedades, Cornelius Vanderbilt murió el 4 de enero de 1877, a la edad de 82 años. Los periodistas se agolparon frente a su casa en la ciudad de Nueva York, y la noticia de la muerte de "El Comodoro" llenó los periódicos durante varios días. Respetando sus deseos, su funeral fue un asunto bastante discreto; fue enterrado en un cementerio no lejos de donde él creció en Staten Island.

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