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Comienza la "Revolución Cultural" de Mao Zedong

Luego del "Gran Salto Adelante" iniciado por Mao en 1958, cuyas consecuencias fueron catastróficas (una hambruna generalizada con veinte millones de muertes entre 1959 y 1962 y una economía devastada), Mao reconoció el desastre pero se negó a disculparse. Explicó a sus partidarios que Lenin, Marx y Confucio también habían cometido errores, y esa fue su mayor autocrítica.

El fracaso del Gran Salto Adelante quebró el férreo control de Mao sobre el gobierno y reforzó la posición de los moderados. La figura de Mao, hasta allí indiscutible y objeto de culto personal, pasó a ser decorativa y, aunque aún estaba la cabeza del Estado, y los cargos importantes fueron repartidos entre varios moderados, así como también empezaron a elevarse voces e ideas discordantes dentro del Partido Comunista.

Mao utilizó entonces el arma que le quedaba: su “dominio espiritual” sobre el pueblo chino. Si desencadenaba una nueva oleada de entusiasmo patriótico revolucionario podría expulsar a los moderados del Partido Comunista chino, el aparato político que él mismo había construido a lo largo de su vida. Así fue como un anciano Mao Zedong inició, en 1966, una campaña con el objetivo de aniquilar a sus enemigos.

En abril, luego de una purga de altos oficiales hostiles del Partido, Mao formó el Grupo Central de la Revolución Cultural, en el que ubicó solo a partidarios leales. La tarea de dicho grupo institucional consistía en desmantelar una burocracia adormecida y recalcitrante y reanimar el “fervor revolucionario” que Mao sentía que se apagaba. Poco tiempo después, en las ciudades más importantes aparecieron carteles en los que se criticaba y denunciaba a los moderados más destacados de China.

Para llevar a cabo sus planes, Mao recurrió a la fuerza más radicalizada de China: sus estudiantes universitarios. Lisa y llanamente les encargó que destruyeran el “revisionismo” (eufemismo que quiere decir “los que critiquen o cuestionen los fundamentos impuestos por mí”) y que suprimiera el más mínimo inicio de tendencia o infiltración del “camino capitalista”. Así fue que se inició la revolución cultual proletaria.

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Durante la primera fase (los llamados Cincuenta Días), que duró hasta agosto de 1966, los estudiantes tomaron los centros universitarios, atacaron a sus autoridades y ejercieron una agresión violenta con torturas incluidas; de hecho, en agosto de 1966 murió la primera persona torturada, una prestigiosa directora de una escuela de niñas. Paralelamente a esto crecían exponencialmente las denuncias a funcionarios contrarios a Mao.

La violencia y radicalización del grupo fue en aumento, y se creó una fracción del mismo especialmente violento y disruptivo: La Guardia Roja. Eran grupos de asalto formados por adolescentes y jóvenes que seguían las enseñanzas y doctrinas de Mao (“aprender la revolución haciéndola”) al pie de la letra. En este caso, esto parecía consistir en atacar a los “monstruos y fantasmas burgueses”, y así llevaron el caos a todo el territorio chino. Comenzaron por escritores, músicos y artistas, destruyendo pinturas, instrumentos musicales y manuscritos. Miles de personas fueron apaleadas hasta morir, y a fin de años cinco mil de siete mil monumentos públicos de Pekín habían sido destruidos. Hacia fin de año, unos diez millones de guardias habían desfilado ante Mao para recibir su bendición; así de poderosa y numerosa era su fuerza.

Los Guardias Rojos se desbandaban, tanto en la geografía de China como en la intensidad de su accionar, que rápidamente se transformó en un desborde de violencia a la vez que fortaleció su posición dentro del ámbito político. Decenas de millones de personas fueron perseguidas; en enero de 1967 el ministro del Carbón fue el primer “alto cargo” en ser torturado hasta la muerte. El presidente Liu Cao Ki y su esposa fueron torturados en público delante de hordas de Guardias Rojos que los insultaban, y dos de sus hijos fueron asesinados; el secretario general del partido, Den Xiaoping, fue enviado a un campo de trabajo. En la provincia de Guangxi las masas fanáticas descuartizaron, cocinaron y se comieron al menos a un centenar de “enemigos del Estado”, y muchos cadáveres eran colgados y expuestos en público.

Respaldado por el comandante del ejército, Lin Piao, y por la temible banda de Los Cuatro (el grupo extremista liderado por su tercera mujer, Jiang Qing), Mao transformó al Partido Comunista en en una organización casi militar dedicada al pensamiento maoísta y a continuar la revolución a como diera lugar.

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Jian Qing
Jian Qing

Durante la Revolución Cultural (pocas veces se ha visto un nombre más desafortunado) se cerraron la mayor parte de las escuelas, pero ahora que los Guardias Rojos habían logrado acabar (literalmente) con los moderados, había llegado la hora de acabar con ellos. Mao disolvió a La Guardia Roja en 1968 y llegó a recriminar públicamente sus excesos, pero ya estaba nuevamente instalado con máximo poder. Sus miembros fueron dispersados por las zonas rurales y enviados a trabajar en granjas a fin de fortalecer su identidad obrera. Una buena manera de ocultarlos (y aquí no ha pasado nada, algo parecido lo que ya había hecho Mao con “El Gran Salto”). Algunos se negaron y se quedaron en ciudades... Los soldados de Lin Piao les dieron caza y los ejecutaron.

El partido Comunista chino ha sido muy reacio a investigar (mucho menos, a dar información) sobre la cantidad de muertes en ese período. Las fuentes varían entre medio millón y veinte millones de muertes. Espeluznante.

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