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Charles Taze Russell: El estudioso de la Biblia

Charles Taze Russell publicó más de 50.000 sermones y su libro, "El Amanecer del Milenio", distribuyó más de 20 millones de ejemplares por el mundo, en vida del autor, convirtiéndose en uno de los textos más leídos de su tiempo.

Joven talentoso, de familia presbiteriana, desde muy joven solía dar sermones en las calles de Pittsburgh, tratando de convertir a las ovejas descarriadas a los senderos del señor, predicando sobre los castigos infernales que esperaban a los que se alejaban de la fe.

Aunque había nacido en el seno de una familia presbiteriana, durante su adolescencia Charles Taze Russell se unió a la Iglesia Congregacional, pero a los 16 años tuvo una crisis de fe y mantuvo largas conversaciones con el ministro adventista Jonas Wendell. Estas charlas le inspiraron un nuevo celo religioso y la convicción de que la Biblia, era la palabra de Dios.

Sus textos y sermones le dieron enorme popularidad, aunque no reclamó ninguna revelación ni haber participado de milagro alguno. Lo de Russell fue una búsqueda metódica “del desarrollo de la verdad” en sus enseñanzas. Se veía a sí mismo como un portavoz de Dios y embajador de Cristo, un esclavo fiel y discreto de la prédica de San Mateo (24:45), “siervo fiel y prudente a quien su señor puso sobre los de su casa para que les diera la comida a su tiempo”.

A lo largo de su vida recibió la influencia de George Storrs, George Stetson y Nelson Barbour. Éste último lo convenció, a través de sus estudios e interpretaciones bíblicas, que los muertos cristianos resucitarían en abril de 1878.

Russell vendió sus posesiones (que eran varias) y estimuló a Barbour a escribir sobre el retorno del Señor Jesucristo. A pesar del rechazo generalizado, tanto Russell como Barbour esperaron esperanzados la segunda venida del Señor… pero el día llegó y el Señor no apareció.

Este fracaso llevó a un debate entre Russell y Barbour, en el que no pudieron ponerse de acuerdo. Entonces Russell publicó su propio periódico “La Torre del vigía de Sion y heraldo de la presencia de Cristo”, para la difusión de artículos doctrinales, creando a lo largo del país distintos grupos de estudios de los libros sagrados. La difusión fue tal, que para 1909 sus textos eran los más difundidos en el mundo después de la Biblia y el Almanaque chino.

Sus enseñanzas eran milenaristas, convencido de la venida de Cristo y el Armagedón. Proponía que los judíos no debían convertirse al cristianismo, creía que Palestina pertenecía a los israelitas y que Dios los llamaba a su tierra. También sostenía que el clima de la Tierra cambiaría gradualmente hasta restablecer las condiciones similares al tiempo del Edén.

Los últimos años de su vida se vieron afectados por el traumático divorcio de su esposa, María Frances Ackley. Los desacuerdos surgieron por el papel que ella pretendía jugar en la editorial, que los llevó primero a la separación y más tarde a un divorcio, en la que ella alegó crueldad mental. Russell murió el 31 de octubre de 1916.

A su muerte, surgieron disputas sobre la interpretación de sus estudios bíblicos, haciendo que para 1920 casi las tres cuartas partes de las congregaciones se disgregasen. Los que siguieron a Joseph Franklin Rutherford, su discípulo más directo, adoptaron el nombre de “Testigos de Jehová”, y la revista “La Torre del vigía de Sion”, pasó a llamarse “Atalaya”.

Russell fue tildado de líder dictatorial, astuto empresario, ansioso recolector de fondos y promotor entusiasta de la venta de sus libros. Su esposa expuso su conducta inmoral como “una medusa flotando” entre varias mujeres, aunque no llegó a acusarlo de adulterio.

También fue acusado de fraude por promover la venta de las semillas de un “trigo milagroso”, que sus feligreses compraban convencidos de sus bondades. Russell demostró en un juicio que él no había recibido ni un centavo de estas ventas.

Estas fueron algunas de las varias causas legales que enfrentó, aunque siempre se defendió con vehemencia y muchas veces fue resarcido económicamente. Hombre de vida controvertida, de interpretaciones discutibles y prédica permanente, Russell dejó su impronta en los anales de la religión y la teología, que cada persona valorará de acuerdo a sus convicciones íntimas y personales.

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