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Carna, las habas y el tocino

Sabemos que el carnaval es una fiesta de origen romano que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana. Posiblemente su origen se relacione con fiestas paganas, como la Saturnalia o las que rendían culto a Baco. Según algunos historiadores, ya se festejaba carnaval en Sumeria y Egipto hace cinco mil años, con celebraciones parecidas a las del Imperio romano, desde donde se expandió al resto de Europa. De los rituales paganos relacionados con el carnaval, el de la diosa Carna es menos mencionado, pero vale la pena conocerlo.

La fiesta de la diosa Carna se celebra a principios de junio. En Roma, el primero de junio (las calendas de junio) se colocaban ramas de espino blanco en las ventanas y las puertas para espantar a las estriges, que carcomían los intestinos de los bebés lactantes. Se les llamaba estriges a unas aves “monstruosas” (tenían dientes afilados) depredadoras que desgarraban los cuerpos y se llevan los intestinos de los bebés que robaban de las cunas y que acechaban en los bosques durante la noche atacando a cualquier persona que anduvieran por ahí a la medianoche, devorándolos. El nombre “estriges” deriva de “strix” (lechuza), y hace referencia al grito estridente que lanzan durante la noche.

La leyenda dice que un bebé de cinco días de vida llamado Procas fue atacado por las estriges. Una mujer llamada Grane (que luego sería conocida como la diosa Carna) acudió en su auxilio y se propuso curar al niño. Tomó las entrañas de una cerda de dos meses e invocó: “ave de la noche, ahórrate esas entrañas infantiles, llévate estas en cambio; fibras por fibras, corazón por corazón si es necesario.” La mujer expuso las vísceras, prohibió a todos que miraran y depositó una rama de espino blanco sobre la ventana. La leyenda dice que desde aquel día las estriges respetaron su cuna y el niño se recuperó. Así se extendió la creencia de que Carna cuidaba los órganos vitales humanos. Era a ella a quien se le pedía que conservara en buen estado el hígado, el corazón y las vísceras.

En los ritos consagrados a Carna se ofrecían puré de habas y tocino, alimentos que se consideraban daban fuerza al cuerpo como ningún otro. Como las habas maduras se utilizaban en el culto de junio, las calendas de ese mes suelen llamarse “las calendas de las habas”. Siendo el tocino el alimento “cárnico” por excelencia, es fácil destacar su aspecto y sentido “carnavalesco”.

El rito de carnaval se adecua a la raíz etimológica que se reconoce en su vocablo y aceptada por los estudiosos del tema: en francés antiguo, la palabra antecesora de “carnaval” es “carnage” (carnicería, matanza), que evoca un sacrificio ritual cárnico destinado a un festín grandioso y sagrado. Las salchichas, jamones y otras carnes grasas siempre han formado parte de la gastronomía carnavalesca. La fiesta de carnaval es ante todo una gran comilona, una serie de comidas pantagruélicas.

En el ritual de Carna se ofrendaban cerdos enteros, tocino, trigo candeal y habas, porque Carna es una diosa antigua que sigue comiendo alimentos de otra época y desdeña platos exóticos. Quien comiera esos alimentos quedaría entonces protegido del “mal de las entrañas”.

En el mundo latino, además, el mito relativo a las habas está en relación con los “fabianos” cuyo nombre deriva de la palabra latina “faba”, que significa haba. Los fabianos (“los hombres de las habas”) eran una cofradía de jóvenes fieles a Remo, el hermano de Rómulo. Los fabianos tenían su fiesta en los idus de febrero (día 13 de febrero), que era el período “carnavalesco” del año.

La leyenda de los fabianos dice que en una fiesta, cuando todos se aprestaban a degustar las entrañas de una cabra sacrificada, un grupo de bandidos robó un rebaño de bueyes. Los comensales se lanzaron a perseguirlos, y fueron Remo y sus fabianos quienes consiguieron recuperar los bueyes. Al regresar, Remo sentenció: “sólo los vencedores comerán”. Rómulo, que llegó después, encontró sólo huesos y sobras, y de su consecuente enojo se origina la enemistad de él y su grupo contra los fabianos.

Las habas poseen una gran historia mitológica. Pitágoras las había excluido de su dieta porque veía en ellas sangre y por lo tanto un origen animal, así que no las comía, ya que era vegetariano. Cicerón creía que las habas eran impuras, que inflamaban el vientre, estimulaban la sensualidad y generaban pesadillas. Esto relaciona indirectamente las habas con el carnaval, en que se comía y campeaba la sensualidad por todos lados. Las habas, además, germinan en cuarenta días, lo que las relaciona con el tiempo carnavalesco basado en cuarentenas (Cuaresma: cuarenta días antes de Pascua; y Ascensión: cuarenta días después de Pascua).

Así es como Carna, la diosa de las habas, se relaciona con los misterios mitológicos del carnaval, aunque su fiesta se celebre el 1 de junio. La Iglesia católica condenaría este ritual de la carne y las habas imponiendo entonces la prohibición cárnica en la Cuaresma, como si eso pudiera eliminar definitivamente la cultura pagana.

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