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Biafra: independencia, guerra civil y hambruna

Entre 1967 y 1970, el sudeste de Nigeria fue escenario de uno de los conflictos más sangrientos del siglo XX. Comandados por Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu, los generales de la etnia igbo (también llamada ibo) de una provincia rebelde, la República de Biafra, proclamaron su independencia el 30 de mayo de 1967. Inmediatamente se desencadenó una guerra civil de una atrocidad poco habitual y una terrible hambruna que dejó más de un millón de muertos, o quizás incluso dos millones, ya que nunca hubo un recuento definitivo.

Biafra fue sinónimo de niños llorosos con las barrigas hinchadas por el hambre y de grandes colectas de dinero. Pero más allá de lo que fue el primer desastre humanitario retransmitido por periódicos y medios audiovisuales, la guerra en esta región de Nigeria entre 1967 y 1970 representa, en mayúsculas, las imperfecciones con que se cerró el colonialismo al África.

Después de su independencia en 1960, Nigeria estaba constituida por una federación de provincias que tenían autonomía, asignadas a los principales grupos étnicos de la región: la región del norte (mayoría étnica hausa-fulani, musulmanes), la región del este (llamados igbo o ibo, cristianos), y la región occidental (mayoría étnica yoruba, también cristianos). Los igbos eran los miembros más ricos de la federación y los de mejor educación. También había, entre musulmanes y cristianos, una gran cantidad de tribus dispersas.

En enero de 1966, los oficiales igbo del ejército nigeriano intentaron derrocar a los funcionarios de la república, tildándolos de corruptos e incompetentes. El golpe fracasó, pero asumió un nuevo presidente que para calmar las aguas nombró a muchos oficiales ibo en el ejército. Eso no cayó nada bien en los musulmanes del norte, que planearon su propio golpe de estado. Esto fue en julio de 1966; esta vez el golpe tuvo éxito y ubicó en el poder a los musulmanes del norte. Tratando de tranquilizar a la preocupada población cristiana del resto del país, esta nueva junta de gobierno nombró presidente a Yakubu Gowon, un coronel perteneciente a una tribu cristiana minoritaria que no había participado en ninguno de los dos golpes de estado.

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Yakubu Gowon
Yakubu Gowon

Gowon se transformó en el jefe de Estado más joven de Africa, con sólo 32 años. Era una persona carismática, gozaba de la complacencia de Nigeria y del extranjero, y a pesar de ser co-responsable de una guerra atroz, la historia ha sido mucho más amable con él que con su enemigo, (mucho menos carismático) el gobernador militar igbo de la región oriental, llamado Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu, un hombre de gran fortuna familiar, fortuna que tuvo mucho que ver con el abastecimiento del ejército de Biafra durante la guerra.

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Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu
Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu

Los primeros escarceos de la guerra comenzaron en el norte, donde turbas furiosas contra los golpistas de enero atacaron a residentes cristianos, especialmente igbos, matando a 30.000 y expulsando a millones de ellos, obligándolos a retirarse hacia la región oriental. Ante esta situación y ante la evidencia de que el gobierno central de Nigeria (es decir, Gowon y compañía), no protegían a los igbo, Ojukwu proclamó la independencia de una nueva nación, en el sudeste de Nigeria: Biafra.

Además del trasfondo étnico y religioso señalado, no puede desdeñarse el hecho de que de en Biafra se desató una guerra por la independencia de un país que nunca existió como tal, alrededor del gran delta del Níger; y el delta de ese gran río no es sólo una fuente de diversidad étnica y cultural. Es también, y sobre todo, la gran fuente de riqueza de recursos naturales como el petróleo, que ha resultado el motor de la economía nigeriana. El crudo y los beneficios de su explotación están también en el origen de aquella guerra; los igbo se sentían “discriminados y maltratados” por el gobierno federal, al que acusaban de no redistribuir la riqueza de manera justa.

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El primer intento del ejército federal nigeriano de reconquistar la provincia (ahora república de Biafra) fue rechazado con contundencia. El ejército de Biafra persiguió a las fuerzas nigerianas hasta la otra orilla del río Níger, en la región occidental, llegando incluso a amenazar la capital, Lagos. Recién allí la ofensiva biafreña fue rechazada, y a partir de ese momento de inflexión Biafra quedó a la defensiva. El ejército nigeriano incrementó sus efectivos hasta 250.000 hombres, mientras que Biafra sólo contaba con 45.000. Ninguno de los dos ejércitos era diestro tácticamente: se bombardeaban sin constatar posiciones enemigas, las tropas biafreñas casi no tenían artillería liviana, la infantería nigeriana cargaba frenética pero frontalmente hasta gastar todas sus municiones, momento que aprovechaban los biafreños para contraatacar sin estrategia alguna. Sin embargo, la inmensa mayoría de víctimas no murieron ni en las trincheras ni por heridas, sino por inanición.

El ejército federal nigeriano fue arrinconando al de Biafra, reduciendo los límites de su territorio. Una ofensiva anfibia conquistó Port Harcourt y con eso cortó el último lazo que unía Biafra con el exterior. A partir de entonces las provisiones sólo podían llegar por avión, y nunca eran suficientes. Nigeria había rodeado y bloqueado a Biafra, reduciendo al país a la décima parte de su tamaño original. Durante meses, los militares quemaron campos de cultivos, sabotearon la ayuda humanitaria y, en definitiva, dejaron a Biafra aislada y sin recursos. El hambre comenzó a cobrarse la vida de cientos de miles de biafreños atrapados por dicha situación, y las fotografías de niños demacrados con su vientre hinchado comenzaron a ocupar los primeros planos de diarios y revistas en el mundo entero. La presencia de reporteros gráficos captó el drama humanitario que conmovía a un mundo todavía en plena Guerra Fría. Es gracias al testimonio gráfico que la población en Europa y Estados Unidos se movilizó para ayudar a quienes morían de hambre, y desde varios países se enviaron toneladas de material y ayuda humanitaria que debía ser canalizada a través del Comité Internacional de la Cruz Roja; sólo los envíos humanitarios estaban autorizados a cruzar el bloqueo. En junio de 1969, para agravar la situación, Gowon prohibió los vuelos de la Cruz Roja a Biafra. Aunque la indignación internacional obligó a Gowon a revertir esa medida dos semanas después, la tremenda situación desató una reacción en cadena (tarde, eso sí).

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La Cruz Roja, que se declaró neutral ya que su estatuto le impedía cualquier embanderamiento político, se vio obligada a hacer política para poder entrar en la zona de guerra. Un grupo de médicos franceses criticaron esto y acusaron a la Cruz Roja de favoritismo hacia Nigeria, debido a que la Cruz Roja criticaba la postura fundamentalista de Ojukwu, que se negaba a rendirse diciendo “mientras yo exista, existirá Biafra”. Años después, este movimiento se convertiría en la organización “Médicos Sin Fronteras”, una organización que en su carta fundacional se definía como un canal apolítico para ayudar a países en problemas (lo mismo que sostenía la çruz Roja en su fundación), pero que luego viró su enfoque hacia un “humanitarismo político”.

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Nigeria y Biafra se acusaron mutuamente de masacrar civiles e invitaban a observadores internacionales a visitar la zona de guerra para “demostrar” que “ellos” obedecían las “leyes de la guerra civilizada” (¡qué definición!) pero “los salvajes de enfrente” no. Biafra luchó hasta que casi no quedaba nada por defender, y en enero de 1970 finalmente Ojukwu huyó a Costa de Marfil. El final de la guerra no fue seguido de ejecuciones ni venganzas como suele ocurrir en la mayoría de las guerras civiles; hubo reconciliación y una amnistía general y Gowon hasta fue alabado por su insólita benevolencia (ups).

Hoy Nigeria tiene cerca de 200 millones de habitantes y cumple 50 años del final de dicha contienda sin una sola conmemoración por parte del del Estado, sin un recuerdo, ni una ceremonia oficial. “Nos barrieron debajo de la alfombra, como si no hubiésemos existido. Pero sin conocer el pasado es difícil no repetir los mismos errores”, dicen los biafreños que sí recuerdan. Cincuenta años más tarde, las banderas de Biafra siguen en los edificios y en las carreteras, antes de ser destruidas por las fuerzas de seguridad del gobierno. Los igbo, tercera comunidad de Nigeria con los yoruba y los hausa, se sienten aún “bajo ocupación” y marginados. El sentimiento identitario de los igbo continúa hoy en día, ahora repartido en cinco estados federados. Varios partidos y entidades reclaman un referéndum (al que el gobierno de Nigeria se niega) y la creación de Biafra. Otra vez. Cuidado.

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