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Betty Davis: la sediciosa del funk

Fue mucho más que la joven segunda (y fugaz) esposa de Miles Davis, es una figura de culto cuya increíble vida asistió (y sigue asistiendo) a inquirir acerca de conceptos tales como: raza, género, hipersexualización, patología psicogénica, y del cometido de la mujer negra dentro de la sociedad norteamericana.

Betty Davis nació bajo el apellido Mabry el 26 de julio de 1945 en la ciudad de Durham, en Carolina del Norte. Es una cantante, compositora y arreglista estadounidense reconocida como una de las voces más influyentes de la era del funk.

Creció en Reidsville, en la granja de su abuela, escuchando a BB King, Jimmy Reed, Elmore James, Muddy Waters, John Lee Hooker y otros músicos de blues junto a ella. A los 12 años, a pocos días de que su familia se trasladase y afincase en Pittsburg, Betty escribió su primera canción: “I´m Going to Bake That Cake of Love”. A los 16 se mudó de Pittsburgh a Nueva York y se inscribió en el Fashion Institute of Technology para perseguir una carrera dentro del mundo del modelaje, cometido que logró con éxito (trabajó con renombrados fotógrafos y productores de moda en populares revistas como: Seventeen, Ebony y Glamour, entre otras), pero del cual terminó desistiendo para consagrarse a la música. Por esos días, en una fiesta fashionista al este de Manhattan, conoció a Sly Stone y a Jimi Hendrix, seres que resultaron substanciales tanto para su devenir músico como en su vida afectiva-emocional.

Con apenas 20 años, junto a las “Cosmic Ladies” (una majestuosa banda de provincianas afroamericanas posesas de una energía exorbitante y de un estilo colosal), en el hoy legendario club Electric Circus, Betty pasó de ser una mera espectadora a una activa participe dentro del universo musical neoyorquino de mediados del siglo pasado. Al poco tiempo de su presentación inaugural, Betty comenzó a regentear un club de la zona alta de moda donde se congregaba una multitud artística y multirracial de modelos, estudiantes de diseño, actores y cantantes llamado el “Cellar”, el cual asistió a la configuración de una nueva bohemia integracionista.

En 1967 conoció al trompetista y compositor de jazz Miles Davis (dos décadas mayor que ella) y al año se casaron y al otro se divorciaron. Durante ese concupiscente lapso, Betty lo introdujo al sonido funk de James Brown y Sly Stone y al rock psicodélico de Hendrix (de quien se hizo amigo, admirador y regente, y con quien planeó un disco que no llegó a concretarse debido a la sobredosis de Jimi) corrientes que caracterizaron el sonido de Miles y su banda sobrevenidamente (el ejemplo máximo es el disco “Bitches Brew”-). La influencia de Betty en Miles no fue solamente musical, también acaeció sobre su look, cambiando de sobremanera su manera de vestir (abandonó los trajes oscuros típicos del jazz para lucir vaporosas camisas de coloridos estampados y pantalones de cintura baja y botamangas acampanadas).

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Tras el divorcio, Betty, se mudó a Londres para continuar con su carrera de modelo y perseguir una carrera en la música, pero volvió a los Estados Unidos al poco tiempo, porque era allí donde se encontraban todos sus contactos. A su retorno a la “Gran Manzana” grabó tres discos: “Betty Davis” (1973), “They Say I´m Different” (1974) y “Nasty Gal” (1975. Ninguno tuvo éxito comercial (pero sí dos éxitos menores en la lista Billboard R&B: "If I'm in Luck I Might Get Picked Up", que alcanzó el no. 66 en 1973 y "Shut Off the Lights", que alcanzó el no. 97 en 1975). Su sonido funk-punk con letras exudantes de sexualidad y una potente base rítmica acompañada de guitarras duras con altos niveles de rock eran demasiado cutting edge para el oyente promedio; la música de Betty Davis resultaba excesivamente vanguardista para la época.

betty davis
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Música sin prisioneros. Muy sucia para los negros y muy negra para los blancos. Las chicas libertinas no eran aceptadas a comienzos de los años setenta del siglo XX y ella ponía el sexo por delante: maullaba, gruñía y reclamaba tomar el mando. Era demasiado feroz para un tiempo en que las compositoras (Betty escribía la letra, la música y los arreglos de todas sus canciones) debían ser simbolistas de campus universitario al estilo de Joni Mitchell y no panteras de habitaciones de hotel, autodestructivas muñecas rotas como Janis Joplin y no dominantes y orgullosas traga hombres. Ella no quería representar el rol de la damita psicodélica: cantaba en babydoll, se movía explícitamente indicando lo que era capaz de hacer, se mostraba como una amazona lúbrica, una depredadora sexual. Hablaba sobre todo de cuestiones de cama (tríos, sexo, humedades…), pero también dejaba al descubierto asuntos menos íntimos: los manejos comerciales con la carne como moneda, los abusos de los managers contra las cantantes, el acoso sexual que sufrían las mujeres en el negocio del pop. Con sus performances y sus líricas denunciaba a viva voz la alevosa violencia de género y la misógina osadía objetualizadora patriarcal -lastimosamente vigentes-. No se presentaba como una feminista redentora: su mensaje era simplemente pélvico, era una guerrillera armada con el sexo como munición.

A finales de 1979, después de grabar un cuarto disco que Island Records se negó a lanzar (pero que editó en 2009 bajo el título “Is It Love or Desire?”, Betty perdió el interés por la música y su carrera y regresó a Pittsburgh, donde vive serena y austeramente desde entonces. En la carta que escribió para el estreno de Betty Davis: They say I´m different”(un documental sobre su vida dirigido por Phil Cox), la cual fue leída por Erykah Badu (una de las muchas luminarias musicales actuales que la admiran, reputan y ungen acaloradamente), declaró: “mi vida es misteriosa, a veces incluso para mí”.

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En su autobiografía, Miles Davis, además de exclamar que “was talented as a motherfucker” (era talentosa como la puta madre), hizo un cimero análisis: “Si Betty cantase hoy sería una especie de Madonna mezclada con Prince. Ella fue el principio de todo, pero estaba adelantada en el tiempo y nadie la entendió”. Afortunadamente, el tiempo pasó y configuró una capacidad de recepción más abarcativa, porosa y rizomática que bien comprendió y celebró la canción titulada “A Little Bit Hot Tonight”, la cual Betty compuso, grabó, produjo y editó para la cantante etnomusicóloga Danielle Maggio en 2019.

Betty Davis fue, es y será un ícono transfeminista sin igual, una rupturista nata, una anomal deleuziana con todas las letras y con ritmo propio. Si bien durante sus días de productividad enajenada no fue realmente valorada, el sobrevenir de la historia hizo justicia reivindicando su obra y otorgándole el bienquisto lugar que mereció siempre.

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