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Barbara Hammer: la sáfica cineasta

Psicóloga, pintora, ensayista, directora de cine experimental lesbofeminista [*] y activista por la eutanasia, es reconocida dentro de la historia del cine occidental del siglo XX por haber sido la única figura visible del cine lésbico estadounidense durante mucho tiempo. Sexy, erótica y conflictiva a la vez, su obra injirió en los márgenes entre la verdad y la ficción, la memoria y la historia, abriendo una red de discurso para una nueva conceptualización de la autobiografía lesbia.

Nació en Hollywood, el 15 de mayo de 1939, en el seno de una familia judía relacionada con la industria cinematográfica. En 1961 se graduó de Licenciada en Psicología en la Universidad de California y dos años más tarde comenzó a estudiar literatura inglesa en la Universidad de San Francisco. A principios de los años 70 contrajo nupcias debajo de la jupá y junto a su reciente cónyuge viajó durante un año alrededor del mundo. De vuelta en Estados Unidos, compraron un terreno en los suburbios de San Francisco y diseñaron y construyeron su propia casa, en la cual Barbara tenía un gran estudio en la planta baja donde pintaba y producía obras audiovisuales. Durante esos años heteronormados[1] estudió en el Instituto de Postgrado de Arte de la universidad estatal de esa ciudad californiana, a fin de convertirse en aprendiz del pintor expresionista abstracto William Morehouse (intensión que concretó y de quien devino no solamente alumna sino también amiga), y se graduó con una maestría en cine en la misma institución, donde presentó su opera prima Dyketatics (considerada una de las primeras películas con protagonistas lesbianas, en la cual tuvo como objetivo crear un erotismo que usara un lenguaje cinematográfico diferente al de las películas eróticas heterosexuales de la época, arbitrio que la llevó a utilizar imágenes naturales, como árboles y frutas, a modo de metáforas del cuerpo femenino). Tras 9 años de matrimonio y de ama de casa heterosexual, Barbara se declaró públicamente lesbiana (consecuencia directa de su enfático arremetimiento con el movimiento lesbofeminista de la segunda ola del feminismo[2] norteamericano), se separó y decidió irse con su moto y su cámara de Super-8 a recorrer su país natal. Partiendo desde el muelle de Santa Mónica, condujo por la ruta 66 los 4000 kilómetros necesarios para llegar a Chicago, pernoctando en moteles inhóspitos y recorriendo recónditos poblados plagados de costumbrismos anómalos e inefables, absolutamente plausibles de ser documentados en cintas de 8 mm.

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A partir de mediados de los años 70, Barbara se dedicó a hacer películas personales que combinaban lo evocador y lo performativo en una miscelánea inquietante de imágenes y sonido en un estilo que era –y sigue siéndolo– exclusivamente suyo. Realizó más de setenta cortos y nueve largometrajes de carácter documental en los que se observa una continua búsqueda de lenguajes fílmicos para expresar la experiencia lesbiana y las particularidades de su deseo, creando un corpus de obra que, como observó Alexandra Juhasz, conformó un experimento tan radical como fue el de construir un universo diegético compuesto casi exclusivamente por mujeres. Con el paso del tiempo (y más pronunciadamente durante la década de 1990) su cine devino más narrativo y, bajo la forma del documental experimental (manipulación de la imagen, distorsión del sonido, relaciones más metafóricas que referenciales entre la banda sonora y la visual, y apropiación de materiales ajenos), comenzó a trabajar la construcción de la experiencia y la identidad lesbiana a través de la cultura, la historia y el lenguaje (cuestiones todas presentes en su obra Tender Fictions, una “lesbografía”[3] audiovisual que incide en cómo la orientación sexual modula y determina la subjetividad, una película híbrida que adopta la forma de un collage intertextual y se presenta como una amalgama visual y sonora, cuya coherencia interna pasa precisamente por asumir la fragmentación, el reciclaje y la sedimentación como tropos propios de la posmodernidad[4]). Más allá de la exploración introspectiva y confesional, el lesbianismo era atisbado por Hammer como una posición teórica, un lugar desde donde proferir y discurrir, desde donde hacer política e interpretar el presente y la Historia. En tanto que variable identitaria ausente o excedente del discurso heterosexual, el lesbianismo ocupa, tal y como apunta Teresa de Laurentis, una posición excéntrica o autónoma de las categorías de género. Asumir esta posición, significa por tanto disociarse, des-identificarse y desplazarse de la codificación que el patriarcado ha realizado de la mujer, siendo viable tanto la relectura/reescritura de una misma como de la cultura en su sentido más amplio.

Su concepción sobre la pantalla como un espacio para movilizar diferentes capas de conciencia y reflexión, le permitió a Hammer proponer una dislocación de los roles de género y proponerse como un sujeto excéntrico al discurso hegemónico, y, por ende, capaz de cambiar y cambiar las condiciones de su existencia (en definitiva, un llamamiento a la autodesignación de la identidad propia del pensamiento queer y a un travestismo en los roles de género de acuerdo a los momentos vitales y necesidades propias más allá de lo establecido por el orden simbólico patriarcal). Bajo ese prisma, Barbara hizo emerger un nuevo gesto micro-político que nos remite a ese yo contemporáneo que rechaza ser acotado y que aboga desde una perspectiva feminista, tal y como lo ha expresado Paul B. Preciado, por el des-reconocimiento y la des-identificación dado que ambas serían condición y posibilidad de intervenir y transformar la realidad. Hammer, a través de una práctica cognitiva, personal, política y lingüística, soliviantó un yo que en su formulación en femenino resulta hoy por hoy desafiante y herético, un yo feminista y lésbico, que rechaza modelos preexistentes, que investiga genealogías y crea comunidades para su auto-conocimiento y re-conocimiento. Un sujeto que, si bien no puede ser inmune a la ideología del género, sí puede ser autocrítico, distanciado, irónico, excedente y excéntrico. “La historia no debe solo pertenecer a aquellos que la hacen sino también a aquellos que la deshacen y la rehacen. La historia no es una sucesión de hechos novelados que ya esté muerta y hecha. La historia está viva y puede ser cambiada en un instante por un trozo de papel, una vieja fotografía o un recuerdo. Cada aspecto cultural, cada recuerdo personal, cada sueño y visión de futuro puede ser considerado historia”, propugnó Barbara en su ensayo The Colonized Lesbian Body (El cuerpo lesbiano colonizado) editado por First Run Features a principios de este siglo.

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Hammer murió en Nueva York, el 16 de marzo de 2019, de un cáncer de ovario, bajo los efectos de un cóctel de drogas paliativas, tras 12 años de enfermedad y de sometimiento a diferentes tratamientos quimioterapéuticos; calvario que la llevó a convertirse en almo activista por el derecho a la eutanasia durante su última década de vida. Pocos meses antes de su óbito, el 10 de octubre de 2018, presentó una conferencia performática en el Whitney Museum of Art de Manhattan titulada The Art of Diying (El arte de morir), en la cual reflexionó –catárticamente- sobre las experiencias de vivir con cáncer avanzado haciendo arte, sobre el significado psico-emocional del dolor, sobre la consciencia de finitud de la vida y sobre la frustración ante la imposibilidad de poder determinar su propia muerte debido a un autoritario –y sádico– decreto estatal.

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Su legado es sustancial para la historia del arte contemporáneo y su figura elemental para la historia del feminismo -y gracias a la tecnoparasitaridad acumuladora de nuestra era toda su producción está disponible online-.

Links a la obra de Hammer:

- Barbara Hammer - Lover/Other (2006): https://www.youtube.com/watch?v=GuPLIlqCnsA&ab_channel=QuentinRoosevelt

- Todos los videos de B. Hammer en Vimeo: https://vimeo.com/user1017993/videos

- Entrevista de Hans Ulrich Obrist a B. Hammer: https://mundoperformance.net/2021/05/10/entrevista-con-barbara-hammer/

- Entrevista de Masha Gessen a B. Hammer el 24 de febrero de 2019 (20 días antes de morir): https://www.newyorker.com/culture/the-new-yorker-interview/barbara-hammers-exit-interview

[*] El lesbofeminismo es una propuesta teórica y práctica del feminismo cuya principal aportación es el entendimiento de la heterosexualidad como un régimen político y no como una preferencia, práctica, orientación u opción sexual. A partir de este análisis se generó el concepto “heteropatriarcado”, que hace referencia a que el sistema patriarcal se sustenta mediante la heterosexualidad.

[1] Heteronorma o heteronormatividad es un término utilizado para definir la existencia de un pensamiento dentro de la sociedad que presenta a la heterosexualidad como necesaria para el funcionamiento de la misma y como el único modelo válido de relación sexoafectiva y de parentesco.

[2] La Segunda Ola Feminista se sitúa desde la referencia de los estudios feministas anglosajones entre principios de la década de 1960 hasta finales de la década de los 80 coincidiendo con el inicio del Movimiento de Liberación de las Mujeres en Estados Unidos. Según esta referencia, mientras la primera ola del feminismo anglosajón se enfocaba principalmente en la superación de los obstáculos legales (de jure) a la igualdad (sufragio femenino, derechos de propiedad, etc.) en la segunda ola del feminismo en Estados Unidos las reivindicaciones se centraban en la desigualdad no-oficial (de facto), la sexualidad, la familia, el trabajo y el derecho al aborto.

[3] Lesbografía es un término que define el devenir de una relación amatoria entre dos mujeres.

[4] La posmodernidad hace referencia a un movimiento cultural de finales del siglo XX caracterizado por un escepticismo general, un rechazo al racionalismo, al enciclopedismo y a los grandes discursos de la Modernidad, priorizando el relativismo filosófico, la subjetividad, el eclecticismo y la búsqueda de nuevas formas de expresión (partiendo desde la deconstrucción postestructuralista más que desde la invención creativa).

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