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ARRASTRANDO LOS TAMANGOS: Un vaje por las crisis financieras

La crisis del 2008 se ha considerado la más graves de la historia a nivel mundial (aunque siempre estamos a tiempo de superarla).

Sin embargo hubo otras crisis finacieras que cambiaron la historia del mundo y nadie se acuerda ya de ellas. Cuando nos encontramos ante una a nivel mundial, la tendencia es pensar que será irrepetible y que no ha habido antecedentes similares a excepción de la de 1929 que provocó el crash bursátil en Estados Unidos y tuvo consecuencias en todas las economías del mundo. En Argentina hasta dejo rastros en el tango con expresiones como está que usa Discépolo en su célebre Cambalache ,una especie de himno nacional que no necesitamos escuchar de pie ...

En 1866 el banco Overend & Guerney se declaró en quiebra. Aprovechando la coyuntura, otros bancos también se declararon en cesación de pago, aunque muchos de ellos eran solventes. Lo hicieron para que el Banco de Inglaterra inyectara liquidez en el mercado. La especulación en ferrocarriles a lo largo del mundo había creado una burbuja financiera. Por 15 años el mundo cayó en recesión.

En 1890 la deuda que el gobierno argentino tenía con el Baring Brothers & Co. provocó la primera intervención de un banco central en la economía. Barings había sido fundada en 1762 con el nombre de John and Francis Baring Company, convertido en Baring Brothers & Co. en 1806. Esta institución bancaria financió la adquisición de La Luisiana a Estados Unidos aunque en realidad, el territorio americano era propiedad del banco porque la adquirió por medio de bonos del Estado que Napoleón Bonaparte vendió a Baring Brothers con un importante descuento (por lo que Francia sólo recibió una pequeña cantidad en metálico). En 1890 el Banco tenía una sobreexposición de deuda argentina y el gobernador del Banco de Inglaterra dio la orden de intervenir la institución con 18 millones de libras para evitar el pánico general y como forma de regular los mercados. La deuda vencida con Argentina se renegoció pero nuestro país no recibió financiamiento exterior durante una década. Por suerte la bonanza económica de los años previos había permitido que capitales nacionales ,como el de Ernesto Tornquist ,asistirsen a capear la crisis ,hasta que el descomunal crecimiento por el aumento de comodities (como la carne y el trigo) creo un superávit fiscal

En 1985, sucedió algo parecido a lo ocurrido en octubre de 2008. Los bancos de ahorros y préstamos de Estados Unidos ofrecían hipotecas a pequeños inversionistas. A partir de los ochenta podían realizar operaciones más arriesgadas y competir con los bienes comerciales. El apalancamiento excesivo hizo que cinco años más tarde una cuarta parte se encontrara en la bancarrota y el gobierno americano debió intervenir. El costo del rescate fue de 150.000 millones de dólares.

En 1987 la Bolsa de Estados Unidos sufrió una perdida muy importante un índice promedio industrial de caída del Dow Jones del 22%. El efecto dominó en Europa y Japón fue inmediato. El colapso sobrevino por la idea de que muchas compañías eran adquiridas con dinero de préstamos bancarios, por el estancamiento de la economía americana y por el valor del dólar cada vez menos influyente en los mercados internacionales. Alemania depreció el marco y los bancos centrales se vieron obligados a bajar las tasas de interés.

En el año 2000 el colapso financiero de las empresas doc.com se convirtió en una locura financiera. Cuando Time Warner compró AOL por 200.000 millones de dólares en enero de 2000 la euforia por este tipo de operaciones estaba a la orden del día. Pero en marzo el índice Nasdaq se desplomó hasta un 75% con consecuencias funestas para la economía norteamericana y mundial.

En este año de pademia estamos contemplando variaciones importantes de insumos como el petróleo y una incertidumbre por el devenir del Covid19. Nadie puede asegurar que una crisis financiera no esté a la vuelta de la esquina. Después de todo esta epidemia, impensada hace 9 meses atrás, dejó en claro que los oraculos no siempre sirven y que, como decía Shakespeare, nada está escrito en las estrellas.

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