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Arando en el mar

Desencantado por el devenir de los acontecimientos que lo obligaban a exiliarse en Europa, el general Simón Bolívar, aquel que había soñado unir a las ex colonias españolas en un solo país, se preparó para su último viaje, destruido por la tuberculosis que minaba su cuerpo.

Debido al agravamiento de su enfermedad, la comitiva se detuvo en Santa Marta. Los locales salieron a recibir con afecto al Libertador. Fue entonces que conoció al médico que lo atendería en este trance final, un francés llamado Alejandro Próspero Révérend.

Como el estado del general era de mal pronóstico, Révérend prefirió hacer una junta médica con el doctor Mac Night, cirujano del buque norteamericano Grampus, nave dispuesta a escoltar a Bolívar por el río Magdalena. Ninguno de los profesionales abrigaron esperanzas sobre el pronostico del general.

Simón Bolívar se hospedó en la antigua Casa de Aduanas de Santa Marta, pero el general Joaquín de Mier le ofreció su hacienda en San Pedro Alejandrino, donde Bolívar podría estar más a gusto. Allí llegó el 6 de diciembre en un carruaje.

Révérend cuidó del Liberador y tomó minuciosas notas sobre la evolución de su enfermedad que sabían que era el prolegómeno de su muerte.

El optimismo de Bolívar sobre la evolución de su salud lo hizo ilusionarse con un traslado a la Sierra Nevada de Santa Marta, pero el deterioro de sus problemas respiratorios, obligaron al médico a convencerlo de lo contrario y comunicarle de su pronóstico, que implicaba el ordenamiento de sus asuntos mundanos, entre ellos la redacción de su testamento y una última arenga al pueblo de la Gran Colombia, a quién destinó “votos por la felicidad de la patria, y si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Antes de comenzar con esta redacción le había preguntado al Dr. Révérend la frase que dio lugar al texto más conocido sobre los días finales de Bolívar escrito por Gabriel García Márquez “¿Y ahora cómo salgo de este laberinto?”

También fue entonces cuando comprendió la futilidad de su existencia y de sus luchas, que eran como si hubiese “arado en el mar”.

La tos continuó, propio del estado final de las tisis y la natural reticencia a rechazar los medicamentos que le sugería el doctor, terminaron de resquebrajar el delicado estado de salud “y la lucha extrema de la vida con la muerte”. Entonces el general apenas pesaba 38 kilos.

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El 17 de diciembre, Révérend comprendió que éstos “síntomas están llegando al último grado de intensidad”. Así se lo hizo saber al séquito que acompañaba a Bolívar. Al mediodía, Révérend invitó a pasar a la habitación contigua a quienes deseaban presenciar los últimos momentos del general, quien murió a las 13 horas.

El mismo Dr. Révérend se encargó de hacer la autopsia que confirmó el diagnóstico de tuberculosis diseminada, y después embalsamó el cadáver para exponer el cuerpo del Libertador en la Capilla Ardiente en la Casa de Aduanas del pueblo por los siguientes tres días hasta su sepultura en una tumba cedida por la familia Díaz Granados en la Catedral de Santa Marta. Pese al deseo del general de ser sepultado en Venezuela, un conflicto entre las naciones que había liberado, hacía imposible el cumplimiento de tal deseo. De hecho, muchos ene Venezuela celebraron su deceso. Por esa razón fue sepultado cerca de la nave central de la Basílica de Santa Marta.

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Catedral Basílica de Santa Marta.
Catedral Basílica de Santa Marta.

Para evitar vandalismo y profanaciones, el sepulcro no tuvo lápida identificatoria. Recién en 1842, el presidente Páez pidió los restos del jefe caraqueño, quien envió al Dr. José María Vargas a buscar el cuerpo del Libertador en la goleta “Constitución”.

Fue el mismo Dr. Révérend quien se encargó de identificar los restos del héroe. Solo quedó en la iglesia el recipiente con el corazón de Bolívar, que ha desaparecido.

Paradójicamente, la figura del hombre que había sido la causa de conflicto entre las naciones que liberó, se convirtió en motivo de enaltecimiento, dando lugar a miles de expresiones de dolor y admiración.

La verdadera causa de muerte de Bolívar ha sido motivo de controversia, el 15 de julio de 2010, el examen de los restos por expertos determinó que el general había muerto por un desequilibrio hidroelectrolítico, generado por el tratamiento de un desorden intestinal con las lavativas que administraba el propio Reverend.

De allí que, en su momento, el presidente Chávez habló de envenenamiento, aunque varios académicos no coincidan con las apreciaciones del comandante.

En el museo de la Sociedad Bolivariana de Caracas hay un medallón 25 mm que atesora una piedra extraída el pulmón izquierdo del general. La piedra entregada por el mismo Reverend probablemente haya sido la calcificación de una primoinfección tuberculosa.

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Traslado de los restos mortales de Simón Bolívar desde la Catedral de Caracas hasta el Panteón Nacional en 1876.
Traslado de los restos mortales de Simón Bolívar desde la Catedral de Caracas hasta el Panteón Nacional en 1876.
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