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Alemania invade Noruega y Dinamarca

Segunda Guerra Mundial, 1940, en pleno avance alemán. Para avanzar hacia el oeste, Hitler decide que debe asegurarse antes el norte. Y comienza la operación Weserübung.

Alemania obtenía de Suecia buena parte de su hierro, el cual le era enviado desde el puerto noruego de Narvik. Tanto Noruega como Suecia se habían declarado neutrales. Los aliados planeaban invadir Noruega para cortar el suministro de hierro a Alemania, pero los alemanes llegaron antes que los británicos. Fue el 9 de abril de 1940. Hitler justificó su invasión alegando que, pese a ser neutrales, Noruega y Dinamarca estaban “en peligro” de caer en manos aliadas. Así las cosas, Alemania atacó simultáneamente a Noruega y Dinamarca para establecer un camino franco hacia Gran Bretaña y Francia.

El exiguo ejército danés (menos de quince mil soldados) nada pudo hacer para detener al alemán; de hecho, el gobierno danés capituló en horas. Esa escasa resistencia le permitió mantener una especie de autonomía, estrechamente vigilada por Alemania, bajo la organización de un “protectorado” que se prolongó hasta su liberación en 1945. La inicial mano blanda alemana para con la población danesa fue endureciéndose a partir de 1942, a medida que crecía la resistencia frente a los nazis.

En Noruega la cosa fue diferente. Aparecieron barcos alemanes en los principales puertos de Noruega y descargaron miles de soldados de infantería y los paracaidistas alemanes tomaban campos de aviación estratégicamente importantes, mientras los aliados recién planeaban acercarse a la zona.

Si bien los invasores alemanes encontraron oposición al entrar a Noruega, la mayoría de los objetivos previstos cayeron con cierta prontitud. Oslo, la capital, cayó en pocos días ante la amenaza de los nazis de bombardear a la población civil sin miramientos.

El rey Haakon VII y sus ministros se negaron a admitir la derrota, huyeron a las montañas y se ocultaron precariamente mientras el ejército noruego (pequeño y mal equipado) y milicias organizadas apresuradamente pergeñaban operaciones de guerrilla contra los alemanes, destacándose los grupos de expertos que colocaban de explosivos en los buques alemanes y buceadores que ponían minas en los puertos, que los alemanes debían vigilar en forma extrema.

En el comienzo de la invasión alemana, Noruega, originalmente neutral, declaró su lealtad a la causa aliada. Pero los soldados franceses y británicos tardaron demasiado en llegar, tenían otras prioridades estratégicas. Haakon y su gobierno finalmente escaparon hacia Londres, y cuando los aliados llegaron, no lograron detener a los alemanes ni siquiera en el mencionado y trascendente puerto de Narvik, donde superaban en cantidad de efectivos a los alemanes. Para colmo, cuando comenzó “la batalla de Francia” en mayo de 1940, las tropas aliadas que resistían junto con los noruegos en Narvik tuvieron que irse a pelear a Francia. A pesar de eso, los británicos lograron producir bastantes daños a la marina alemana en el mar del Norte, con lo que limitaron su operatividad ante un posible desembarco en Gran Bretaña.

Tras el exilio del gobierno noruego en Londres, Hitler creó un “Comisariado Civil del Reich para Noruega”, algo similar al protectorado que había impuesto en Dinamarca. En 1942, los nazis nombraron dictador local a Vidkun Quisling, líder fascista noruego que presidía el pequeño partido nazi local, quien formó un gobierno títere que permanecería tutelado por Alemania hasta 1945 (el nombre “quisling” se transformó en el idioma inglés en sinónimo de “colaboracionista”).

Hitler no sólo había logrado asegurar su provisión de hierro (Suecia, aislada, ya no podía negarse) sino que logró consolidar bases desde las cuales podía atacar a Gran Bretaña. La victoria alemana en esta incursión tuvo su precio: la resistencia constante y persistente de noruegos y daneses, aún desordenada, obligó a Alemania a mantener unos trescientos mil soldados movilizados en Noruega que quedaban, de alguna manera, fuera del foco principal del conflicto.

En mayo, Hitler atacó Holanda, Bélgica y Luxemburgo, los países neutrales que se oponían entre él y su enemigo, Francia. El Führer dijo: “la lucha que empieza hoy decidirá el destino de la nación alemana para los próximos mil años.” Empezaba la guerra en el oeste.

Siempre exagerando, Adolf.

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