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Aldous Huxley: un hombre en busca de respuestas

Más allá de su inmensa fama como autor de Un mundo feliz, Huxley fue un intelectual de gran lucidez que se destacó por su capacidad de formular preguntas difíciles y, a lo largo de toda su obra, de resolver la aparente dicotomía entre ciencia y religión.

Aldous Huxley es un escritor fantástico que no se parece a ningún otro. Su nombre es sumamente reconocido por haber sido el autor de Un mundo feliz (1932), probablemente la distopía más famosa junto con 1984 de George Orwell. Cuando se habla de Huxley la referencia a esta obra es ineludible, pero ciertamente él fue mucho más que eso. Su carácter único se destacó desde la infancia, habiendo nacido en 1894 en el seno de una familia de intelectuales. Este comentario no es inocuo, ya que muchos autores han reconocido la peculiar mezcla que lo formó : de la rama paterna, nieto del biólogo evolutivo Thomas Henry Huxley, heredó un interés por lo científico y de la rama materna, sobrino nieto del poeta Matthew Arnold, por lo artístico. A todo esto que le venía de familia, por supuesto, se agregó el desarrollo de su propia curiosidad.

Esta característica de Huxley es sumamente apreciada (y criticada), ya que en su vida llegó a ser una especie de “todólogo”, alguien capaz de tratar muchísimos temas y casi todos con gran maestría, o al menos sin miedo de quedar en ridículo frente a expertos. Concretamente, esta faceta de su personalidad apareció cuando aún no había terminado el secundario en Eton, a los 16 años, y sufrió queratitis punctata, enfermedad que lo dejó casi completamente ciego. Pasó casi 18 meses así y en ese tiempo no sólo aprendió a leer Braille, sino que también, ya recuperada parcialmente la vista, comenzó a investigar acerca de cómo sobreponerse a las duras expectativas que le señalaban los médicos. Esa curiosidad lo llevó a experimentar con gran éxito, según dejó asentado en El arte de ver (1942) los métodos alternativos propuestos por el doctor W.H. Bates, quien proponía soluciones desde un costado más psicológico que fisiológico.

Pero mucho antes de poder recuperar su visión, los problemas de salud le dificultaron la elección de carrera y, en vez de estudiar medicina, como era su intención, terminó inscribiéndose en Oxford para dedicarse a estudiar literatura. Se destacó en este campo y llegó a ser reconocido como un escritor influyente a fines de la década de 1910 e inicios de los veinte, especialmente por sus contribuciones al medio Athenaeum y luego de la publicación de la novela Los escándalos de Crome (1921). Este trabajo, específicamente, lo puso en el mapa y le hizo ganar su reputación de gran autor, pero la novela también le valió comentarios negativos de los círculos literarios ingleses por su afilada crítica social.

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Aldous Huxley.
Aldous Huxley.

Junto con su mujer – la belga Marie Nys, con la que se había casado en 1919 – viajó por el mundo y entró en contacto con todo tipo de culturas, situaciones que documentó en A lo largo del camino (1925), Jesting Pilate (1926) y Más allá del golfo de México (1934). Por esta época Vivió en diferentes países europeos y para inicios de los treinta se empezó a ver una marcada preocupación en su literatura por los problemas que, según él, se estaban apoderando de la sociedad occidental. Estos temas aparecieron retratados en Música en la noche (1931) y en Un mundo feliz, obra que desde la lejanía de los años treinta describe un mundo que hoy nos resulta conocido: una realidad donde los individuos, gracias a una delicada ingeniería social que incluye la manipulación a través de los medios y drogas que regulan las emociones , viven en completa felicidad sin darse cuenta que viven esclavizados.

Como consecuencia de su éxito, para 1937 fue convocado a Hollywood como guionista, situación normal por esos años, y desde entonces se radicó en los Estados Unidos. Allí entró en contacto con grandes personalidades como Greta Garbo y Charlie Chaplin y trabajó en películas como Madame Curie, Orgullo y Prejuicio y Jane Eyre, cuestiones que inspiraron su novela Viejo muere el cisne (1939).

Más allá de su fortuna y su fama, a partir de sus experiencias, especialmente la exposición a diferentes formas de religiosidad de todo el mundo, su estilo comenzó a mutar y, junto con la perspectiva científica que jamás lo abandonó, en sus textos se empezó a notar un interés por las cuestiones místicas. Ya se podía observar un cambio importante en 1936, cuando publicó Ciego en Gaza, una novela sumamente personal, pero para inicios de los cuarenta, luego de mudarse a El Llano, cerca del desierto Mojave, Huxley estaba definitivamente entregado a lo trascendental. Lejos de ser una simple cuestión New Age mal entendida (de hecho esa es una escuela con la cual tendrá muchos puntos en común), los textos místicos de Huxley se destacan por la negociación constante que existe entre lo espiritual y lo concreto. Para él la literatura, con su capacidad de expresar múltiples sentidos y experiencias personales a través del lenguaje, se distinguía de la ciencia, que requiere el uso de un tipo de léxico mucho más concreta. Encerrado en ésta lógica inequívoca, el científico, según Huxley, es alguien que muchas veces idolatra el objeto de estudio, olvida el fin último y cree que la confirmación de una teoría es equiparable con el éxito, sin plantearse a veces qué es eso que acaba de descubrir ni de que manera afecta la existencia humana. En esta línea, en una entrevista que dio en 1962, casi al final de su vida, resumía esta parte de su filosofía en la simple máxima: “La inteligencia y el conocimiento sin bondad y caridad, están destinadas a ser inhumanas”.

Este interés lo llevó a escribir obras donde lo histórico le sirvió para poner en dialogo la relación entre religión y lo empírico como Eminencia gris (1941), La filosofía perenne (1945) o Los demonios de Loudon (1952). En una nota más introspectiva, Huxley también ha sido muy publicitado como el pionero en el uso del LSD para liberarse de las rígidas normas sociales, experiencia que documentó por ésta época en Las puertas de la percepción (1953) y lo que se podría considerar su secuela, Cielo e infierno (1956).

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Huxley.
Huxley.

Estos años de gran productividad también fueron un momento de sufrimiento, ya que en 1955 su esposa Marie falleció víctima del cáncer. Desesperado, se dedicó a escapar, yendo por los Estados Unidos y por el mundo dando conferencias y haciendo diversas presentaciones. El viaje en sí es algo que el nunca abandonó por completo, y mucho menos después de casarse nuevamente en 1956 con la italiana Laura Archera, una mujer que le proveyó una nueva vitalidad y lo inspiró a continuar experimentando por las vías del misticismo.

En 1962 Huxley publicó su última novela, La isla, una especie de contraparte de Un mundo feliz, pero ya estaba muy enfermo por el cáncer de lengua que le habían diagnosticado dos años antes y que apenas había logrado mantener a raya con radioterapia. Para el 22 de noviembre 1963, horas antes de que alguien disparara y matara a J.F. Kennedy en Dallas, Aldous Huxley murió en paz en su casa de Los Ángeles luego de que, a pedido suyo, le suministraran una dosis de LSD y le leyeran el Libro tibetano de los muertos.

Detrás suyo, más allá del muy citado Un mundo feliz, dejó un inmenso legado que llegó a permear en la cultura popular. Su interés por el viaje y la experiencia mística influyeron notablemente en la generación Beat, y bandas de rock como The Doors (llamada así por Las puertas de la percepción) y personajes como Timothy Leary y Ken Kesey, fueron inspirados a experimentar con drogas psicodélicas a partir de las descripciones elaboradas por Huxley. A lo largo de toda su vida, se destacó por su carácter curioso y por ser capaz de hacerse preguntas incomodas de forma muy pública – sobre el futuro, la democracia, la libertad o el ecologismo – tendiendo puentes entre todos sus saberes y, a pesar de sus múltiples contradicciones, destacando la importancia de jamás perder el factor humano en todo esto.

HUXLEY

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