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A cien años de la Reforma Universitaria

Los jóvenes tomaron las facultades, hicieron marchas y recibieron el apoyo de la gente. Tras intervenciones y duras peleas lograron la autonomía, los concursos docentes, el cogobierno estudiantil y la libertad de cátedra, entre otras conquistas.

Corría el año 1918. Eran tiempos del gobierno de Hipólito Yrigoyen, quien había ascendido al poder hacía dos años. Los inmigrantes ya tenían ganado su lugar en la construcción de la Argentina, y sus hijos también buscaban ascender alcanzando estudios universitarios, con una clase media que trataba de ampliar sus horizontes.

Fue en medio de este contexto que se dio uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX en nuestro país: la Reforma Universitaria, que permitió el crecimiento de las universidades públicas gracias a la autonomía, el desarrollo científico, una gratuidad extendida a todo el país y un sistema laico.

Por aquel tiempo existían en el país solo tres universidades nacionales: la de Córdoba, la más antigua, que fue creada en 1613 por los jesuitas, la de Buenos Aires, creada a instancias de Bernardino Rivadavia en 1821 y la de La Plata, fundada en 1890 por iniciativa de Joaquín V. González. También se sumaban las universidades de Tucumán y Santa Fe. La Ley Avellaneda, sancionada en 1885, regía el marco jurídico de las tres universidades. La norma le daba al poder ejecutivo la potestad de modificar estatutos y el nombramiento de profesores.

Por aquellos años la administración de las facultades quedaba a cargo de organismos compuestos por miembros vitalicios y las academias. Ya a comienzos de siglo la UBA logró limitar el control de las academias luego de una importante marcha estudiantil.

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EL COMIENZO

Los sucesos más importantes, sin embargo, se iniciaron el 10 de marzo en Córdoba. El movimiento reclamó por un cambio en los planes de estudios con marchas. La presencia de la Iglesia y sectores conservadores allí era muy fuerte. Como respuesta las autoridades modificaron el régimen de asistencia y cerraron el internado del Hospital de Clínicas.

Hacia fines de marzo el grupo de estudiantes reformista creó el comité pro reforma de la universidad, y se decidió ir a la huelga general. Pocos días después el Consejo Superior determinó contestar con la clausura de la casa de altos estudios.

La noticia se expandió por el país. Aparecieron movimientos de apoyo a la lucha emprendida por los jóvenes cordobeses. En Buenos Aires los reformistas porteños también coincidieron con los cambios. Se creó la Federación Universitaria Argentina (FUA)

Aunque muchos jóvenes estaban a favor, otros grupos se mostraron en desacuerdo. Bajo el nombre ‘Comité pro defensa de la Universidad’ un grupo de estudiantes viajó de Córdoba a Buenos Aires, consiguiendo entrevistarse con el presidente Yrigoyen.

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El presidente radical Hipólito Yrigoyen en la UBA.
El presidente radical Hipólito Yrigoyen en la UBA.

El presidente, tras recibir a estos chicos, decidió intervenir los claustros nombrando interventor a José Matienzo, quien ocupaba el cargo de procurador general de la nación.

El procurador viajó a Córdoba y realizó una minuciosa investigación que volcó en un informe que presentó al presidente. Fue así como el primer mandatario dio uno de los primeros pasos para posibilitar la reforma: con un decreto firmado el 6 de mayo permitió la elección en la que por primera vez serían los docentes quienes podrían elegir a los miembros del Consejo Superior y el rector.

Por aquellos días se fundaba la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), presidida por Ernesto Garzón, Horacio Valdéz y Gumersindo Sayago. Los profesores más conservadores iban dejando sus cargos. Fue necesario entonces renovar el plantel de docentes. Así hacia fin de mayo se votaron los nuevos profesores, con amplio apoyo de la FUC.

ENFRENTAMIENTOS

La reforma estaba en marcha y parecía que no iba a parar. Sin embargo, mientras la mayoría de los estudiantes y los docentes festejaban, el ala conservadora de la Universidad se preparaba para una maniobra fraudulenta en la elección del rector.

Los reformistas apoyaban la elección del candidato Enrique Martínez Paz. También se presentaron Alejandro Centeno, y Antonio Nores, representando al ala conservadora. Al enterarse de lo que tramaban los que iban en contra de la reforma, la gente de la FUC irrumpió en la Asamblea. Hubo una feroz pelea entre ambos bandos, con roturas de vidrios y mobiliario.

Se llamó nuevamente a la huelga general. Los estudiantes junto con el apoyo de grupos de trabajadores y obreros de la ciudad apoyaron la medida. El rector electo, Antonio Nores intentó asumir el cargo pero los incidentes se repitieron.

Finalmente se reunió en su despacho con miembros de la FUC. En esa reunión los reformistas le pidieron la renuncia ya que consideraban la elección no había sido ni democrática ni transparente. Pero el rector respondió pidiendo la detención de los opositores. Tras una fuerte resistencia finalmente la policía abandonó la universidad.

EL MANIFIESTO

El 21 de junio el proceso revolucionario tuvo una jornada trascendental. Los estudiantes dieron a conocer el llamado ‘Manifiesto Liminar’, escrito por Deodoro Roca. En él se asentaron las bases de la Reforma, texto que trascendió fronteras y fue modelo para otras universidades públicas de Latinoamérica.

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Deodoro Roca.
Deodoro Roca.

Deodoro Roca era abogado recibido de la universidad cordobesa. De familia acomodada, siempre se mostró como un militante a favor de las causas populares. Por eso apenas comenzaron las acciones de los reformistas, Roca no dudó en tomar partido por ellos.

Por aquel entonces Roca trabajaba en el Museo Histórico Colonial y al apoyar la reforma fue despedido. Paradojas del destino, también se comentó que por ese tiempo el militante salía con María Deheza, hija de Julio Deheza, el rector de la universidad.

Por el manifiesto liminar y su coherencia y militancia, fue reconocido por Ezequiel Martínez Estrada como el escritor más destacado del siglo. También fue venerado por Alfredo Palacios y José Ingenieros. Y Ortega y Gasset no dudó en afirmar que Deodoro Roca fue ‘‘el argentino más eminente que he conocido’’.

En agosto, el gobierno nacional decretó otra intervención, que fue llevada adelante por el ministro de Instrucción Pública, José Salinas. La situación aún seguía en ebullición. El 9 de septiembre los estudiantes volvieron a ocupar la Universidad.

Los dirigentes estudiantiles Horacio Valdés, Enrique Barrios e Ismael Bordabehere fueron nombrados decanos de las facultades de Derecho, Medicina e Ingeniería. La utopía de un gobierno estudiantil era realidad, pero no por mucho tiempo. La policía desalojó de Nuevo a los manifestantes y se produjeron algunas detenciones. De todas formas, la protesta dio sus frutos. El nuevo interventor incorporó la posibilidad de salir de la cátedra única y la participación de los estudiantes en el gobierno de la universidad en igual número que los docentes.

LAS BASES

En definitiva, las bases programáticas que estableció la Reforma fueron: el cogobierno estudiantil; la autonomía universitaria; la docencia libre; la libertad de cátedra; los concursos con jurados con participación estudiantil; la investigación como función de la universidad; y la extensión universitaria y compromiso con la sociedad Tres años después, hacia 1921, la reforma ya se había expandido hacia todo el país. La lucha estudiantil cobró fuerza también en otros países como Chile, Perú, Cuba, Brasil, Paraguay y México.

Gabriel del Mazo, presidente de la Federación Universitaria Argentina, firmó un convenio con su par de la Federación de Estudiantes del Perú. Allí se comprometieron a intensificar el intercambio, a luchar por el sostenimiento de las universidades populares, a propagar el ideal de americanismo y a realizar congresos internacionales estudiantiles.

También se firmó otro acuerdo con los estudiantes de Chile y se organizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes del Perú, que solicitó la creación de la Universidad Popular y recomendó la organización de escuelas de indígenas.

A este Congreso siguió la convención de estudiantes de Chile y el Primer Congreso Internacional de Estudiantes, celebrado en México.

Una muestra del impacto de estas reformas puede verse en el número de estudiantes que accedieron a la universidad en el país a partir de estos cambios.

Entre 1906 y 1918, el porcentaje de inscriptos en el nivel educativo superior, en relación al total de alumnos del sistema, no superaba el 1%. Además en ese período el promedio de matriculados anuales fue de 5.175.

Pero el número de matriculados ascendió a 15.015 entre 1918 y 1930. El incremento de matriculados anuales, tomando todas las universidades del país en ese periodo fue de 244% ◗

Un Manifiesto que puso de pie el reclamo por nuevos derechos

‘Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana’.

‘Nuestro régimen universitario - aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios.

La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando:

Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia.

‘Que en nuestro país una ley –se dice- la de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos. Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral los está exigiendo. La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien’. ‘En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desordenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente’.

La consigna de ‘hoy par ti, mañana para mí’, corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos’.

‘La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia’ ◗

* Extractos del Manifiesto Liminar, dado a conocer el 21 de junio de 1918 por la Federación Universitaria de Córdoba.

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