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78 años de Bambi: el primer dibujo animado que hizo llorar de terror

Se trata de la película con la que Disney enterneció y espantó a toda una generación

Han pasado 78 años desde que Walt Disney, con el estreno de Bambi, rompió el corazón de los niños y niñas del planeta y, desde entonces, a pesar del tiempo transcurrido, la herida sigue abierta. Se reabre, de hecho, cada vez que alguien ve por primera vez esta obra mayor de la animación, una de las películas cumbre de la factoría Disney. O que la recupera en sus más tiernos recuerdos.

Emotiva historia de crecimiento situada en el mundo animal, llena de delicada sabiduría cinematográfica, Bambi se sitúa en un bosque idílico, donde los animales hablan. Pura fantasía. Pero al mismo tiempo resulta extremadamente realista, aunque el afán de realismo a la hora de reproducir los movimientos de los animales no está reñido con el encanto de los buenos cuentos. Un cuento protagonizado por el pequeño cervatillo Bambi el conejo Tambor, la mofeta Flor y tantos otros personajes.

Y por la caza –y muerte– de la madre de Bambi, claro, que deja al joven Bambi solo y vulnerable en medio del bosque. ¿Han visto Bambi, no? Pues ya saben de qué estamos hablando.

Después de tantos años, esa muerte a manos de los cazadores se ha convertido en uno de los momentos cumbre de la historia del cine de animación. Todavía hoy resulta traumática para las criaturas, incluso más que en el momento de su estreno. Más, mucho más –por el poder de la ficción– que la caza y muerte real de Cecil, el imponente león africano de Zim­babue, al que dio muerte aquel dentista norteamericano. O esos ciervos y corzos que, en su abundancia, dicen, van a parar de las cumbres del Pirineo a la mesa, generalmente acompañados de chocolate. Una muerte tan inevitable, también, como el hundimiento del Titanic al final de la película de James Cameron.

Por esa muerte Bambi ocupa un lugar destacado entre las películas más lacrimógenas de la historia, es cierto. Quizá por eso, es para muchos una de las más terroríficas. El mismo Stephen King achaca a este filme su personal descubrimiento del poder del terror. “Cuando el cervatillo se ve atrapado en el incendio del bosque, me sentía aterrorizado. Pero al mismo tiempo, regocijado y excitado por el drama. No sé cómo explicarlo”, dice el escritor en una entrevista en ­Rolling Stone. Quizá de esos sentimientos encontrados, hechos de rechazo y atracción al mismo tiempo, surge la obra posterior de King...

Lo cierto es que Bambi fue el primer filme para niños en que se mostraba la muerte de una manera evidente, y su magisterio no ha caído en saco roto. Un estudio publicado por The British Medical Journal, especializado en el sector de la salud, asegura que la muerte forma parte integral de las películas infantiles desde entonces. Incluso más que en las películas de acción para adultos. El estudio analiza las 45 películas animadas más taquilleras de la historia –donde figuran muchas de Disney– y las compara con sus equivalentes de mayores.

bambi

Según dicho estudio, llevado a cabo por la Universidad de Londres y la de Ottawa, el protagonista muere mucho más en las películas infantiles: en aproximadamente dos tercios de estas siempre muere algún personaje clave. Cuando la proporción de lo mismo se reduce a la mitad en las ­supuestamente películas para adultos.

Bambi se estrenó el 13 de agosto de 1942, en Londres, y llegó a los cines estadounidenses el día, prácticamente una semana después. Disney temía la reacción de las asociaciones de cazadores, aglutinadas alrededor de la ya entonces poderosa Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos. Porque en buena medida los cazadores son los villanos de la historia, pero ni esos endurecidos depredadores se resistieron a su ­encanto.

Bambi fue el quinto y más destacado de los sorprendentes filmes realizados por la factoría del ratón Mickey en su primera edad de oro. Un periodo comprendido entre 1937 y 1942, en el que se produciría el estreno sucesivo de joyas como Blancanieves (1937), Pinocho (1940), Fantasía (1940), Dumbo (1941) y, finalmente, Bambi, la última y quizá la mejor de todas ellas. La película arranca en el día del nacimiento de Bambi, y se mueve en el tiempo siguiendo las estaciones, con los animales en el bosque, descubriendo el mundo junto al cervatillo, sufriendo con él el dolor de la perdida.

Tiene Bambi momentos de emoción desconsolada. Pero su tono general apunta más a la celebración de la existencia y, como luego ocurriría de nuevo con El rey León, del ciclo de la vida. Aunque El rey León resulta mucho menos sutil en su tratamiento aunque habla prácticamente de lo mismo: del dolor de la perdida –en el caso de El rey León, por la muerte del padre– y de la naturaleza.

Bambi es una película aparentemente sencilla. Completamente infantil con personajes como el conejo Tambor o la mofeta Flor, personajes que entroncan perfectamente en la tradición de Disney. Pero, bajo esa simplicidad se descubre una de las obras más extrañas y arriesgadas que ha visto nunca la animación. Con pequeños cambios en la iluminación, hace del juego de luces y sombras una parte esencial de su narrativa, en la mejor tradición expresionista.

El sonido también tiene un papel fundamental en la gran tragedia del filme: ese trauma compartido por sucesivas generaciones de niños desde aquellos ahora lejanos años cuarenta.

Una dura escena, la muerte de la madre, cuyo delicado tratamiento se erige sin embargo como modelo de sutil uso del lenguaje cinematográfico, difícilmente emulado por otros en películas de animación posteriores. El mismo Walt Disney consideraba esa película la mejor de las suyas, y no reparó en tiempo –cinco años largos– ni en gastos para realizarla.

Para conseguir el realismo que exigía a sus dibujantes –entonces la animación se realizada a 24 dibujos por segundo y todo a mano, sin ayuda de ordenadores, por supuesto–, Disney no dudó en transformar el patio trasero de sus estudios en una especie de zoo particular, con ciervos y otros animales campando a sus anchas.

Tanto esfuerzo no se vio recompensado por los resultados en taquilla, que no fueron favorables. Como tampoco lo fueron algunas críticas, que hablaban de fracaso. The New York Times fue apocalíptico y habló del final de la fantasía en los dibujos animados: “No se puede mezclar el naturalismo con la magia del cine animado”, decía la famosa crítica.

Todo lo contrario de lo que ha acabado pasando con el transcurrir del tiempo. El cine en general, especialmente el fantástico, se ha convertido en un apéndice de los dibujos animados. Pocas películas se entienden ya sin los efectos especiales, resultados de la animación por ordenador. Pero esa es otra historia...

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