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1968, un año difícil

La efervescencia estudiantil se hacía sentir en el mundo. Por primera vez en la historia de la humanidad había una concurrencia masiva a las universidades. Los baby boomers que nacieron después de la guerra llegaban a los claustros con más facilidad que la que todos sus ancestros habían tenido. Era otra sorpresa inédita del siglo XX.

A lo largo de 1968 se sucedieron una serie de manifestaciones en las universidades de todo el mundo. Reclamaban el fin del imperialismo, especialmente de la Guerra de Vietnam, mientras seguía la carrera espacial, los checos se alzaban contra los soviéticos en la breve Primavera de Praga y el Doctor Barnard colocaba corazones ajenos en pechos dolidos. Martin Luther King caía abatido en Memphis. El mundo era un polvorín y las potencias mundiales –Estados Unidos y la antigua URSS– acumulaban material nuclear en cantidades suficientes para reducir a este planeta a unas cuantas rocas girando alrededor del Sol.

El 23 de abril, el mismo día que en Nevada estallaba la bomba atómica N° 556, los estudiantes de la Universidad de Columbia tomaron el campus por una semana para que dicha casa de estudios dejase de colaborar con el Departamento de Defensa ofreciendo datos y estadísticas que utilizarían para intimidar a otras naciones. Estas reacciones no eran comunes entonces, el antecedente más sonado había ocurrido en octubre de 1964, cuando se produjo la ocupación de la Universidad de Berkeley. Entonces se quejaron por la deprivación del derecho a hablar libremente, garantizado por la Primera Enmienda.

Como decimos, el fenómeno no se limitó a los Estados Unidos. En abril de ese año los estudiantes españoles salieron a expresar su desacuerdo con el gobierno de Franco a casi 30 años de su asunción.

En México las manifestaciones estudiantiles de agosto terminaron con la masacre de 400 personas en la Plaza de las Tres Culturas.

En los Campus de Trento, Milán, Génova, Turín y Salerno, miles de estudiantes expresaron su disconformidad con las autoridades académicas.

El 21 de junio, el viernes sangriento, las protestas estudiantiles contra la dictadura brasileña culminaron con la muerte de 21 personas y otras mil fueron detenidas.

La respuesta fue una marcha masiva en las calles de Río de Janeiro a la que asistieron unas 100.000 personas.

Los estudiantes japoneses ocuparon la Universidad de Tokyo en el mes de junio, declarándola zona liberada. En realidad, no querían que entraran los policías y cuando éstos lo hicieron se enfrascaron en un feroz combate cuerpo a cuerpo con los universitarios.

En Alemania Oriental intentaron asesinar a Rudi Dutschke, sociólogo marxista que se oponía a la Guerra de Vietnam y había hecho una campaña promoviendo la deserción entre los soldados estadounidenses (en realidad él se había negado a prestar servicio en el Ejército de su país). Dutschke promovía un socialismo que oscilaba entre el cristianismo, la anarquía y el existencialismo. El atentado se produjo durante una manifestación en contra de la visita del sah de Persia.

Considerando el panorama mundial, París no fue una anomalía sino una expresión más dramática de lo que pasaba en el mundo y seguía la vieja frase, «lo que transcurre en París hace temblar a Europa».

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